Después de casi una hora de baño solo para asegurarse de quitar el olor a leche y tierra, Sarah terminó de ducharse y regreso a su dormitorio. Isole se encontraba en el lugar, su ropa ya no estaba. –Lleve tu ropa abajo para que la laven –explicó Isole. –Seguro me la rompen –contestó ella –. Gracias. –Me han contado lo que te pasó, ¿Estás bien? ¿Te lastimaste? –La información va y viene más rápido de lo que esperaba. –Sarah… Ella se fue directo al armario, sacó su ropa y empezó a cambiarse. –Solo tenía que llevar la leche –expresó fastidiada –. Solo eran un par de metros y esos patos aparecieron. ¡Se me lanzaron encima! –señaló –. ¡Lo estoy intentando, pero nada me sale bien! ¡Parece como si este lugar me odiara! Isole la escucha y se sentía mal por ella, creía que estaba ahí par

