–Y supongo que usted también. Sé que tuvo otro hijo, debería estar cuidando de él, en lugar de paseando por la ciudad –debatió Sarah. Un segundo antes las piernas le temblaron, sintió un escalofrío en la espalda que le hizo decir que debería correr, esa mujer la había denunciado y le puso una trampa con el señor Linden, era más astuta de lo que aparentaba su rostro angelical, aprendió la lección la última vez, no meterse con Leighton Waldorf. Pero tampoco podía dejar que la pisoteará, Sarah nunca dejaría que alguien pasará por encima y logró su objetivo cuando la mirada de Leighton se volvió afilada. –Eso es algo que me encantaría estar haciendo si tú no hubieras perjudicado a los socios –atacó Leighton –. Deberías enfocarte en tu prometido en lugar de estar pendiente de mi familia.

