–Sabía que estarías aquí. La voz de la niña hizo que Sarah sonriera, se dió la vuelta y la vio entrar, seguía trayendo esos overoles raros como si fuera algún tipo de uniforme, Sarah pensó que para vestirse tan mal sabía mucho de ropa. –Mira esto. La niña extendió en la cama una chaqueta color beige, de botones dorados y encaje blanco sobre la cama. –No puede ser, es preciosa –expresó Sarah con una gran sonrisa. –Muchas gracias, era de mi madre. Sarah tocó la tela, era de muy buena calidad y el diseño estaba muy bien, al menos alguien aquí tenía buen gusto por la ropa, revisó la etiqueta, pero no tenía ninguna. –No tiene etiqueta, ¿dónde la compró? –Creo que ella la hizo, la encontré entre sus cosas. –Se enojará si se da cuenta que la has sacado de sus cosas –mencionó Sarah tom

