Katherine abre los ojos, no porque tenga miedo, sino por la sorpresa de aquella revelación. El subdirector la suelta como si quemara y cuando Erick llega junto a ellos, se esconde tras las chicas como una rata, las mismas chicas que no pueden creer lo que acaban de oír. Se gira para ver a los ojos a Katherine y solo eso le basta a la chica para saber que ella también está en problemas. —¿Se te dañó el teléfono, querida esposa, que no respondes mis mensajes y llamadas? —dice con los dientes apretados, pero ella no se deja intimidar. —No, querido esposo, mi teléfono funcionaba perfectamente hasta antes de caer al barro —mira a los payasos frente a ella y luego a Erick—. Es solo que me culparon de algo que no hice y ya no pude hablar más contigo, porque me llevaron contra mi voluntad a la o

