Capítulo 8: No digas mentiras

3820 Palabras
Lidius: No regreso. Salgo de su casa y voy de regreso a la mía pensando en que rayos voy a inventarme en cuanto vea al equipo. « Vamos, Lidius piensa. Usa tu jodida imaginación » El sol quema sobre mi piel, y mis pasos se sienten cada vez más pesados, mi cabeza está dando vueltas en estos momentos. -Algo malo debió haberle pasado- pienso. Ella no se desaparecería así sin decirme nada. No regreso a noche, y hoy aun no llega. ¿Qué está mal? ¿Qué está mal? ¿Qué está mal? ¿Qué es lo que estoy ignorando? Un detalle. Piensa. ¿Qué es lo que se me está escapando? La puerta de mi cabaña rechina cuando la abro, y aunque mi corazón no lata siento que explotara por la imagen que estoy contemplando. Mi estómago se ha revuelto y sacudido como un millón de veces en tan solo un segundo, y creo que quiero vomitar. Estoy enojado, estoy aterrado, y me siento asquerosamente impotente. -Vaya, ya era hora de que llegaras- dice Harlequinn. May me sonríe desde atrás de él. Vuelvo mi vista de nuevo hacia Harlequinn yo me tenso ante su sonrisa. La expresión de sus ojos es cuidadosa, es maliciosa y amenazante. -¿Qué haces aquí?- pregunto. Y creo que mi voz suena casi vacía. Harlequinn me mira detenidamente en un silencio sepulcral -Solo nos divertíamos- dice. -¡Si, íbamos a jugar con los muñecos!-dice May animada, ella no se ha dado cuenta. Ella ignora el peligro. -Tu hermana, es muy divertida- dice mientras ha colocado uno de sus cabellos detrás de su oreja. « Alejate de ella » -May.- la llamo. Mi seriedad le toma por sorpresa a mi hermana, pero no me importa en estos momentos. –Anda con mama y no te alejes de ella. -¿Eh? ¿Por qué? Aun no empezamos a jugar- un puchero se forma en ella. -¡Ahora!- mi grito ha provocado que se encoja de hombros y casi parece herida, pero hace lo que le digo. Se levanta y sale de la habitación, no sin antes lanzarme una mirada de dolor y confusión. Cuando la puerta se cierra me siento más calmado, aunque mi rabia es arrasadora. Harlequinn se levanta, sus manos están metida en sus bolsillos, y está paseándose por la habitación. -Vaya expresión que tenías hace un rato en la cara- dice -¡No te acerques a ella!-gruño cuando pasa por mi lado. -Es con ella con quien debo divertirme cuando Aria no está por aquí. Él lo sabe. Mi odio hacia él es evidente, y espero que mi furia lo traspase. -¿Dónde está?- pregunta. –Se ha ido desde ayer. Tu asquerosa mentira y la de ella ha caído patéticamente.-me mira de arriba a abajo- Tal y como luces tú en estos momentos- se está divirtiendo. Se está mofando de mí. -No lo sé- le digo. -Esa no es la respuesta correcta Lidius- su voz es amenazadora, y me tenso –Me he tomado la molestia de traerle medicina ¿Y para qué?- dice -¿Así soy pagado? -... - Con mentiras.-añade -...-mis manos están en puños a mis costados tratando de controlar toda emoción que él está provocando en mí. -Ahora, a menos que quieras que los reporte con las demás escuadras por insubordinación a ti y a la pequeña May, me dirás dónde está, y todo lo que sabes. -¡May no está involucrada en esto! -¿Oh, enserio? ¿Y quién dirá lo contario? ¿Quién le creerá a un mentiroso como tú?- está sonriendo. -Mis padres no lo permitirían... –miento. -Ellos aman el sistema.-dice-Tortura es el precio a pagar por la traición, Lidius. ¿Acaso no todos los vampiros aman las tradiciones? Para ellos sería una vergüenza que sus hijos no sean castigados por un crimen- lo piensa-Ya puedo escuchar a la pequeña May gritando. Pidiendo ayuda. Rogando que paren -Eres bajo-suelto con repugnancia -Totalmente alagado Niego con mi cabeza aturdido. –Harlequinn, por favor... -El momento para rogar ya paso- me mira, sus ojos verdes están más fríos que de costumbre –Piensa muy bien en lo que vas a decirme a continuación.-él está inmutable- quiero la verdad *** Sebastián: Su cuerpo reposa en una camilla dentro del ala oeste del castillo, está en la enfermería, y está profundamente dormida. Pienso enseguida que los sedantes han hecho lo suyo. Han calmado su dolor, pero también la han puesto a dormir. Sus cabellos están regados por toda la cama, y sus facciones se ven más relajadas ahora. Quizás he estado mirándola por demasiado tiempo esta mañana. Pienso en todo lo que se de ella, lo cual no es mucho. Marginada. Ladrona. Con familia. Vive en el bosque. Ah, y no tiene olor. Aria no tiene olor. No huele a nada. Y a veces me pregunto... cuando todo esto termine. Cuando el trabajo haya sido finalizado, ¿Cuál será mi recordatorio de que ella una vez existió? No habrá olor que me recuerde a ella, casi como una brisa fría que solo pasó y se fue. Es una opresión de un pensamiento que no me gusta sacar a la luz, solo trato de hundirlo en mi subconsciente ignorando el hecho de que ese día llegue. Vuelvo a mirarla y suspiro cansado por mis pensamientos, los cuales desde ayer el recuerdo de ella ha ocupado la mayor parte de estos. Con su mirada envolviéndome en un fuego abrasador. Sujeto mi brazo apretando más el algodón, y esperando deseoso que despierte para encontrarme una vez más con su mirada. *** Loran: -¿Aun no tienes que irte? -Sebastián nos ha citado para la tarde- muevo mi tenedor por el plato –al parecer está ocupado -Suenas decepcionado La miro -¿Tú crees? -Así que debo suponer que le has cogido amor a tu primo- sé que se está burlando de mí. Niego con la cabeza –No es precisamente por el que voy a las reuniones -Ya lo suponía- dice –conozco demasiado bien a mi hijo Me sonríe con una mirada cómplice. Sabía que ella no tardaría en averiguarlo, puede notar todo cambio en mí, por más mínimo que este sea. Honestamente no sé cómo lo hace. ¿Es una cosa de madres? -Vamos mama. No creo que debas saber todo interés amoroso que tenga Ella se encoge de hombros -Entonces aprende a disimular esa cara de bobo enamorado que pones cada vez que regresas de allá -¿Cómo puedes saberlo? Solo fui una vez- digo revolviéndome incomodo en mi silla. -Fuiste al pueblo también, por eso lo sé- De alguna forma siempre que miro a mi madre sé que me falta tanto por aprender aún. ¿Me pregunto si papa se dará cuenta de lo genial que es? -Y cuando regresaste de allá tenías esa cara grabada en tu rostro. -Está bien. Al igual que siempre, tienes razón -Hazme un favor, y cuando vayas en la tarde entrégale una carta a Levi. Levi era el rey de los vampiros. Nuestro rey. Pero mi madre nunca era formal con él. Tenían un vínculo que yo admiraba; ellos se comprendían. Ella solía decirme que él era como un hermano para ella. Siempre planeando cosas, siempre trabajando juntos. Ese era simplemente un vínculo que yo no podría compartir con Sebastián, él era demasiado honesto para siquiera estar de acuerdo conmigo en algo, y... bueno, mis planes no se basaban específicamente en la honestidad y el honor. Removí de nuevo mí comida algo aburrido -Deja de manosear eso. -¿Me puedo retirar? -¿Has escuchado eso de "come todo, o devuelve todo"? -Lo siento- digo –no tengo mucho apetito hoy Ella me mira -Llévate al menos una manzana- señala hacia el tazón. -Sí mama- la tomo y salgo hacia el gran salón donde pasare el rato esperando, y a su vez muriéndome de ganas porque la hora llegue. *** Aria: -¡¿Dónde estoy?! -Aria... cálmate... -sus ojos se ven preocupados, su voz suena de igual forma- y por favor baja eso...-dice señalando la lámpara que tengo en la mano -¡No te acerques! Si lo haces me tirare por esa ventana- digo señalándola con un gesto ligero de mi cabeza -¿Estás loca? ¡Estamos como a 30 metros de altura! -¡Entonces no te acerques! -Aria sé que estas confundida, posiblemente sean los analgésicos. ¿Confundida yo? -Estas en el castillo- dice, como si la mención de esas palabras trataran de informarme lo que yo misma ya he deducido sola. -¿Soy una prisionera?-pregunto -¿Prisionera?- repite incrédulo -¿De qué rayos hablas?-el trata de avanzar lentamente hacia mí - Y baja esa lámpara. -Entonces explícame que hago aquí- digo sujetando la lámpara frente a mí, casi como si aquel objeto fuera un escudo entre él y yo. -Estabas herida Aria. Solo te traje al castillo para curarte. Te quedaste dormida, es todo. Imágenes del día de ayer vuelan pronto a mi cabeza. La comprensión poco a poco llenándome. Bajo la lámpara aun algo desorientada y lo miro. –Entonces... ¿No soy una prisionera? -¿Por qué querría yo aprisionarte? -Ah, no lo sé ¿Para sacar secretos de nosotros? -No seas incoherente. -¡No lo soy! -Está bien. Está bien- dice alzando las manos, y agitándolas luego hacia abajo, casi como si quisiera decirme "baja el volumen" – solo no vuelvas a enojarte- me pide Cierro los ojos y trato de calmarme. Coloco la lámpara en la mesilla donde lo he encontrado y me regreso para mirarlo. -Así está mejor- dice él. Mira hacia el pasillo, y suspira con alivio –No hemos llamado la atención de nadie.- confirma, y luego regresa a mirarme.-Creo que es hora de bajar a desayunar.- me informa –sígueme. Hubiera protestado. Hubiera dicho algo, pero se ha ido tan rápido que solo me ha quedado como opción seguirlo. No quiero perderme en este inmenso castillo. Y juro que cada cosa dentro del mismo se ve tan frágil que me da miedo rozarlos, como si tan solo con el aliento podrían romperse; nunca había estado tan agradecida por no respirara. Él ha dicho... Comida... Pero yo no como. Supongo que podría aceptarla para no despreciársela. La comería y luego fuera del castillo la vomitaría. ¿Por qué siquiera me tomaría esa molestia por él? Pero cuando llego a la mesa me sorprendo de ver colocada dos sillas. Casi como si este desayuno hubiera sido pre programado. En un lado de la mesa puedo apreciar un jugo de naranja, y... ¿pancakes? Y por supuesto, un surtido de sangre azul. -Siéntate- me pide señalando el otro extremo de la mesa, donde hay solo una copa de vidrio y esta se encuentra llena de sangre. Tan roja, roja, roja Así que él lo sabía... Sabía que yo no como lo que el... Mi mente aún se está aclarando de todo este encuentro tan extraño, y de esta mañana tan confusa, logro llegar a mi silla y tomar asiento. Mi mirada esta posada en la copa y me siento algo mal por algún motivo. -¿No te gusta?- me atrevo a mirarlo y se nota algo nervioso –Es la única sangre que pude conseguir. Quizás... el olor... o... -No es eso- digo, y de alguna forma me siento pequeña. -¿Es que solo tomas sangre de animales?- ese comentario llama mi atención –No pude encontrar uno, así que tuve que improvisar- lo veo encogerse de hombro Lo miro confundida, y luego mi vista se vuelve hacia la copa. -Espera... ¿Entonces de quien es esta sangre? -Es mía. -... Lo miro, y me mira, y no sé qué carajo estamos haciendo ahora. -¿Qué?- suelto. Mis pies se fijan en el suelo porque creo que podría caerme en cualquier momento -Solo es sangre,- dice como restándole importancia –de un vampiro hacia otro. Que un vampiro tome sangre de otro... -Es ilegal- le recuerdo -No si es concientizado -¿Y tú estás concientizando que yo tome de tu sangre? -si -¿Por qué? No iba a tomar de su sangre. Se sentía como algo muy íntimo. -¿Por qué haces un alboroto de esto? Es solo sangre- dice -No sabía que ibas regalando sangre por ahí a cualquier desconocido. -No lo hago- el silencio nos llena solo unos segundos antes de que vuelva a hablar –tu eres la primera. -... -Aria... -No puedo.-niego con la cabeza- No puedo tomarla. -¿Por qué?-refuta –es algo común, algo que los vampiros suelen hacer entre ellos -Si, pero ¿Por qué a mí? -Aria, ¿Por qué no a ti? -No puedo aceptarla- digo una vez más –me sentiría en deuda, como si debería darte algo a cambio -Entonces dame de tu sangre también- lo dijo tranquilo, como si hubiera dicho el comentario más trivial del mundo-así ya no habrá remordimiento. Tu bebes de la mía, y yo de la tuya. -¿Qué? No... yo... No puedo más... Me levanto de la mesa y me dispongo a buscar una salida. Escucho el sonar de su silla cuando sale atrás de mí. -Era una broma Aria.- oigo su voz atrás en alguna parte. Cuando me alcanza por completo él está sonriendo –No era para que te lo tomaras literal, estaba bromeando -Quiero irme- declaro. Y una vez más trato de pasar a lado de él y seguir mi camino, pero me detiene de nuevo. -Está bien. No quieres de mi sangre, pues no la tomes. Da igual, no es como si hubiera tenido que llamar a alguien, y soportar dos pinchazos de agujas para poder extraer dos tubos de sangre y rellenar la copa -Pues lo siento. Pero yo no te pedí que hicieras eso. Siento que ahora estés molesto -No estoy molesto- dice –estaba siendo sarcástico, Aria -Quiero irme Sebastián: -Quiero irme- dice « Dile que se vaya. No. Dile que se quede.» -Déjame mostrarte el castillo, lo que sea. ¿No hay algún lugar al que quieras ir? -... -¿Te gusta leer? Hay una biblioteca inmensa, contando con muchos ejemplares. ¿Qué hay de la música? Hay un salón lleno de instrumentos. Yo mismo toco un poco. O podríamos ver los jardines reales. En el invernadero hay muchas aves también Quédate... Quédate... No te puedes ir... aun no... Aria: -quizás... quizás podamos ir a la biblioteca un rato- digo un poco entre la incertidumbre y mi sentido común. Pero en cuanto he escuchado libros, he pensado inevitablemente en Lidius, y me muero por ver la biblioteca y luego ir a contarle cada detalle de cómo era El chico parado frente a mí, me ha sonreído, y he de decir que tiene una sonrisa encantadora, y pensé... ¿Acaso eso será una cosa de príncipes? Cuando he atravesado la dichosa habitación me he sentido tan pequeña alrededor de tanto conocimiento. Es un cuarto dedicado solo a esos pequeños cuadrados rellenos de hojas. Me acerco a un tomo y me lo quedo mirando demasiado rato reconociéndolo así. -¿lo has leído? – me ha preguntado -Bueno... algo así- admito. –Lidius me suele leer por las noches. Lo ha hecho desde que tengo memoria, lo hacía hasta que me quedaba dormida escuchando su voz dándole vida a una historia. Si conozco algunos libros es debido a él. Cuando me regreso a mirar a Sebastián él me está sonriendo cálidamente –le quieres- me dice-hablas de el con un cariño guardado. -El y May son todo lo que tengo- le contesto de regreso. Siento su mirada encima de mí, pero no dice nada. Es casi como si me estuviera estudiando, pero no una mala manera. No de una manera calculadora. No como lo haría Harlequinn. Toma un libro al azar y me lo da-Te lo presto-dice -¿Me lo prestas? -Te lo regalaría, pero si te lo presto te daré un buen motivo para regresar ¿Por qué? ¿Por qué sonríe de esa manera? ¿Y porque me gusta tanto cuando lo hace? Estúpido Sebastián y su estúpida amabilidad. Lo tomo de regreso –Gracias *** Kayla: Cuando mi hermano y yo llegamos al castillo, notamos que somos los últimos. -¿Qué hacen aquí?- les pregunto. Todos están amontonados en la sala y no hay ni una sola sombra de Sebastián. -¿Dónde está tu primo?- pregunto mirando a Loran -¿Cómo se supone que lo sepa? -Bueno, tú hablas con el todo el tiempo- digo -No- dice Kiebl- el discute con el todo el tiempo -En mi defensa, suele ser insoportable- dice Loran defendiéndose. -Deberíamos esperarlo- opina Evie -O... podríamos ir a buscarlo- dice mi hermano -¿En todo este castillo?- suelta Loran- No, gracias. -Creo que lo que trata de decir- dice Kiebl – es que terminaríamos perdiéndonos. -Lo que trato de decir, es que no me interesa en lo más mínimo buscarlo- lo contradice Loran -No eres amable- le recrimina Kiebl -Lo soy, pero no con mi querido primo- le contesta –Es como tratar de hablar con una piedra. -Entonces deberíamos irnos- opina Kiebl -¿Acaso Sebastián es la única razón por la que vienen?- pregunta Loran mirándonos -¿Por qué estaríamos aquí sino es así?- pregunta Kiebl –Si no es por Sebastián, ¿Por qué estas tu aquí? -Regreso un favor- contesta rápidamente -No es momento para pelear- digo -No estábamos peleando- dice Loran -Salgamos al jardín entonces- la voz suave de Evie llama nuestra atención. Ella de alguna forma es la más calmada entre nosotros.-Ya estamos aquí, y no hice un viaje por nada. Mínimo nos divertiremos entre nosotros- Miro a mi hermano no muy convencida de lo que acaba de decir Evie. Sin embargo, el me regresa la mirada acompañada de una sonrisa. Él quiere quedarse, y sospecho que la pequeña chica frente a él tiene algo que ver. Comienzan a caminar rumbo al jardín, y yo me quedo más atrás junto a Loran -Empiezo a creer que no te agrada mucho tu primo. -Vaya, ¿he sido yo muy obvio? -No eres justo con el -Vivimos en un mundo injusto, acostúmbrate -Eres un encanto -Sí, lo he oído antes Camina más rápido dejándome atrás. « Vaya grupo de inadaptados que tenemos aquí.» Lo veo retomar su paso hasta empatarse con aquel chico. Sus ojos rosas son de ensueño, y su silla rueda, rueda y rueda sin parar. *** Aria: -Oye... hay unos chicos en tu jardín trasero. -¿Qué?- el parece extrañado -Sí, están ahí-señalo por la ventana -No. Rayos. Lo había olvidado- mira hacia la ventana, y la expresión en su rostro pasa a ser culpable -¿Tenias una cita con ellos? -Sí, pero...- el sacude su cabeza-No importa. Ven- me dice –te los presentare. -No creo que sea una buena idea- digo mirando mi ropa -No creo que te digan nada por lo que uses- me dice Mi estómago se revuelve en culpa. El chico. El chico de la silla de ruedas. Es hijo de los dueños de la tienda de ropa. Ropa que robamos. Ropa que cargo puesta. -Tengo que irme. Por favor sácame de aquí. No quiero verlos. No quiero ver a nadie- sé que mi voz suena a suplica Él está algo confuso mirándome, de seguro no lo entiende, y tampoco se lo explicare. -Está bien- acepta. –Sígueme, saldremos por la parte delantera *** Est: Casi quiero sentir pena por esto. -No me gusta esto- le digo a Harlequinn desde el árbol Y me gusta menos, sabiendo que no estoy con shrinri. -Solo tienes que interceder cuando yo lo diga, mientras mantén tu boca cerrada, y no hagas ruido. Hago lo que me ordena. Pienso que llevamos aquí horas, sin embargo, él no se equivoca, pronto escuchamos pasos, y sé que Aria está de regreso. Lo lamento... Aria: Cuando estoy sola en el interior del bosque pienso que se siente como si me hubiera ido por años, perdida en otro mundo, otra realidad que es mucho mejor que la mía. Me acerco cada vez más al campamento, pero mis pies dejan de recibir órdenes en cuanto lo veo. Harlequinn me mira inmutable, sus ojos verdes están serios y tiene una expresión vacía grabada en ellos. -Es bueno que nos honres con tu presencia Mi primer pensamiento es correr, pero sé que es inútil, y estúpido. Además, mis piernas no me funcionaran ahora. -H-harlequinn... Miente. Miente Miente ahora. -¿Dónde estabas?- me pregunta Miente. -Estaba haciendo una ronda, creí que podría encontrar un mejor acceso para ir al pueblo, un punto ciego, yo.... Lo veo negar con la cabeza –Esa no es la respuesta correcta- Lo escucho chasquear los dedos. Mierda. Miro rápidamente hacia el árbol y noto que Est se ha movido rápidamente hacia abajo, y luego hacia mí. Sé que no soy rival para ella, y solo le ha tomado menos de 5 minutos hacerme un corte cerca de las costillas, otro en mi antebrazo, y otro en mi mejilla. -Basta...- caigo al suelo arrodillada mientras me sujeto la herida del torso. Harlequinn camina hacia mí –Ahora, me darás una respuesta. Y esta vez espero que la tuya coincida con la de Lidius. Porque si no es así, los próximos cortes no los llevaras tú, sino la pequeña May Lo miro impotente desde el suelo. No ella... -¡Déjala fuera de esto! -Entonces responde ¿Dónde estabas? Mis dedos se cierran y toco la tierra bajo mis pies –en el castillo- mascullo entre dientes, apenas creo que mi voz se oye -¿Con quién? -Con el hijo del Rey -¿Cómo lo conociste? -Solo lo conocí -Vamos Aria, no digas mentiras -Me ayudo... fue el quien me ayudo cuando Sylvie me dejo atrás -Bien.- dice ¿Por qué mantuviste contacto con él? -Estaba endeuda -¿Qué quería a cambio? -Información -¿Sobre quién? Lo miro, y sé que él se está divirtiendo. Él ya sabe todo esto. Sabe toda la verdad. Lidius no expondría a su hermana, no de esta manera, él le ha contado todo. -Ya sabes sobre quien- de alguna forma es una pequeña rebelión. Se acerca a mí, y antes de procesarlo me ha levantado del piso, y me ha arrinconado contra un árbol –Vaya, aun me pregunto, ¿Cómo has sido capaz de mirarme a los ojos y mentirme?- dice junto a una sonrisa –Me pregunto, ¿en qué otras cosas no me has estado mintiendo? -No te he mentido -¿Segura? Cierro mis ojos –si... No llores. No llores. -¿A quién buscaba? -Bryan- digo. -¿Bryan? -Bryan
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR