Lo que nos une, lo que nos separa Leonardo Volver a casa no fue regresar… fue cargar un peso que ahora sabía que siempre estuvo ahí, escondido, arrastrándose por las grietas de nuestras vidas. Cuando el avión aterrizó, no podía quitarme de la cabeza el rostro de Rosario, diciéndonos que Cristina era la hermana olvidada de Carlota. Una hermana exiliada, silenciada… y con posibles descendientes. Apenas crucé la puerta, sentí las miradas de Valeria, de Caleb. Todos sabían que algo habíamos encontrado. Algo importante. No les dimos vueltas. Ni Héctor ni yo somos hombres de medias tintas. —Cristina era su hermana —dije. —Y hay muchas probabilidades de que sus hijos o nietos estén vivos. De que estén aquí. Los ojos de Valeria se abrieron como si hubiese recibido un golpe. Caleb frunció el

