— ¿Alguna novedad? —Inquirió Zigor viendo a grupo Alfa y Omega entrar con respectivo dios, Agni resopló frustrada, así que no debía hacer adivino para saber que sucedía.
—Las entradas están selladas.
—Era algo que veíamos venir, ¿no? —Enzo sacudió la mano para que todos se fueran a darse un baño y comer, recién eran las seis de la mañana.
—Liev ha cerrado todos los caminos que conocía, sabe que iríamos por él.
— ¿Cómo está Maua, ha despertado?
—Por segundos, y cada que lo hace, dice el nombre de ustedes —explicó Zigor con cansancio, cinco días desde que hijo había nacido, cinco días donde él no había salido de La legión, incluso si los padres de Bel querían conocer al niño, donde lloraban por la muerte tan repentina, y aunque creyó que los señores tendrían un rechazo por su hijo, se estaban aferrando a él.
Zigor les había mandado fotos, y había dicho que estaba fuera de Akino en una clínica privada para poder resolver los problemas de la criatura, tuvo que mentir al decir que tenía problemas respiratorios, tuvo que mentir al decirles que no tuvieran muchas esperanzas, tuvo que mentir y mentir a dos personas maravillosas.
Sus hermanos y padre estaban siendo un gran apoyo, mucho más cuando la isla había explotado en noticias sobre el líder del museo que había perdido a su pareja y ahora su hijo se encontraba grave, ¿Cómo aquella información de había filtrado? No sabía, alguien había tenido que estar cerca, y no tuvo que ser adivino cuando el museo de los Day empezaba hacer escuchado y tener pantalla entre todos los canales.
Un dolor de cabeza más, porque había mucha información de los Brais que él no quería que se enteraran, pero el hecho de que él fuera noticia, soltó todo lo que estaban conteniendo.
Agradecía también que ahora el museo no recaía en sus hombros por completo, al contrario, al haber tanto profesional capacitado, las visitas eran más continuas, y sus hermanos mellizos se estaban encargando de todo lo que él hacía, a veces se avergonzaba por tener que darles trabajo en el día, y en la noche tener que salir a inspeccionar y buscar a los dioses.
¡Él tenía las manos atadas! No podía salir de ahí, no podía estar lejos de su hijo y tampoco lejos de Maua, ella era un peligro dentro y fuera.
Se recostó en el sillón cuando todos se fueron, pidió un café y volvió abrir la laptop para seguir escribiendo, lanzaría un nuevo libro, y antes de que le pasara algo, la verdad sería expuesta bajo su plan, su nombre y apellido que seguía haciendo eco.
—Te traje el café, ¿Cómo te sientes? —Zigor dejó de escribir cuando Coll se acercó poniéndole el café cerca y luego sentándose frente a él.
—Cansado, necesito saber cuál será el siguiente movimiento de los dioses.
—Tengo malas noticias, pero todavía no quise reportarlo hasta armar un grupo e ir a investigar.
— ¿Cuáles son?
—El mar se alejado, lo suficiente para ser un Tsunami —siseó Coll y Zigor gimió preocupado—. Erein ha tenido que hacerlo cuando nació tu hijo, así que, aunque podamos hacer que la gente se vaya, va arrasar con casas, escuelas, iglesias y personas.
— ¿Qué tan seguro estás?
—A las siete de la mañana saldré con especialistas para ver si es verdad, entonces, podremos hablar con la marina para poder sonar la alarma.
— ¿Algún tritón ha estado cerca?
—No, ninguno, lo cual me preocupa. Erein puede ir al mar, sabe dónde no está su gente, puede causar muchas muertes, aunque los tritones y sirenas, toda aquella criatura del mar que no esté de acuerdo, van a tener que apoyarlo. Es su rey, pese a todo.
—Lo que más preocupa, hasta ahora no ha estado en el mar, pero al ver como tienen a su hermana, sé que usará el mar en contra de nosotros.
—Desde que te conozco nunca te había visto así.
— ¿Así como?
—Asustado. —Dijo Coll y Zigor talló sus ojos—. ¿Cómo está Artaith?
—Justo iba a verlo, ¿quieres acompañarme?
—Ese niño también es mi sobrino, ¿no? —El rubio asintió y Coll esbozó una sonrisa de gato tras comerse el ratón—. ¿Qué poderes tendrá?
—No he querido pensar en eso, si te soy sincero, pero en un punto tendré que sentarme hablar sobre Artaith, quien es un semidiós. ¡Carajo! ¿Cómo pude dejarme engañar?
—No fue tu culpa, nada de esto, fuiste engañado, todos fuimos engañados.
Ambos se detuvieron tras el cristal y sonrieron al ver al niño desde temprano estar moviéndose, sí, estaba desarrollando sus pulmones a una velocidad que los médicos saltaban de emoción, incluso uno había querido hacer pruebas, pero Zigor se había negado. Era su hijo, no una rata de laboratorio, así que había puesto a un soldado cerca, que siguiera cada movimiento por si querían experimentar con el niño.
Ambos se colocaron la ropa que usaban al ingresar, usaron barbijo y guantes, para después sentarse frente al niño quien tenía los ojos abiertos, se movía y solo llevaba un pañal que aunque era de talle pequeño, Artaith estaba muy pequeño y delgado.
—Es hermoso.
—Sí, lo es. Quiero verlo sin cables, saber que está seguro, pero me temo que para eso, debo tomar decisiones que no son buenas.
— ¿A qué te refieres?
—Maua debe estar muerta, y todos los dioses. Ellos son un peligro para mi hijo.
—Ir en contra de lo que fuiste criado, de las reglas.
—Entiendo porque Laura nos quería lejos, hasta hace cinco días no lo entendía —dijo con desgano el rubio—. Cuando eres padre quieres lo mejor para tu hijo, y lo mejor es estar lejos de tanta mierda.
— ¿Qué puedo decirte, amigo? Mi padre trabajo para los Brais, mi abuelo lo hizo, y yo estoy aquí. Es nuestro objetivo.
— ¿Y si quieres familia?
— ¿Crees que Agni me haga caso? —preguntó y Zigor negó sonriendo, hace unas semanas Coll le había confesado sus sentimientos por su hermana, él le había deseado suerte, a Coll lo consideraba mucho ahora, y tanto para sus hermanos como para el moreno, deseaba que salieran de ese mundo.
—Agni nunca ha tenido novio, creo que ninguno de los tres, nos hemos dedicado a esto de niños.
—Quiero sacarla de este mundo, quiero que salgamos todos.
—Coll como amigo de digo, no albergues esperanzas, no muchas. Mi hermana tuvo algo con un dios, es complicado, es su vida, pero…
—Entonces lo que dicen es verdad, me temía eso.
— ¿Qué cosa?
—Se dice que Erein se enamoró de Agni y ahora lo está Elan. No puedo competir con un dios, me llevan de encuentro.
—Ninguno de los dioses vale la pena, tú seguirías siendo mejor a su lado.
— ¿Te puedo decir cuñado?
—No. Ya van hacer las seis y media, ve y prepara tu equipo. —ordenó y Coll se puso de pie riendo, se despidió del bebé y él se quedó más tiempo ahí, viéndolo moverse, una que otra vez sus ojos se encontraban, aun no comprendía aquel calorcito que se expandía por todo su cuerpo.
—Ya nos vamos, Zigor, pasábamos a despedirnos del bebé —Agni llevaba el cabello suelto, un vestido n***o y tacones, tan ella cuando estaba lejos de La legión, hasta Enzo iba con sus trajes oscuros, bien peinado.
Extrañaba el museo, dar clases, dos cosas que también llevaba muy dentro suyo. Esperaba que el tiempo fuera generoso para regresarle lo que tanto amaba.
—Chau campeón, en unas horas vuelvo. Pórtate bien —Enzo habló bajito tocando el cristal, Artaith lo miró y el mellizo sonrió. Zigor agradecía el amor sincero que sus hermanos le daban—. Hermano, cuídate, voy a ver unas cosas. Te espero allá, Agni.
La relación de los tres había cambiado, el rubio podía contar con ellos más, incluso se había roto aquella pared de hielo que no sabía que existía.
— ¿Cómo estás?
—Cansado, ¿y tú, que tal todo?
—Como tú, cansada. Mañana tomaré café con Elan, ya estoy haciendo el reporte de toda la información que he recolectado.
— ¿Algo nuevo que contar?
—Maua siempre fue su protegida, no entiendo en que momento ellos dejaron de hablarse e incluso pelear tan fuerte.
—Tal vez saquemos información con Solda, yo me encargo. Ve, hoy tienen una entrevista, ¿verdad?
—Cualquier novedad te comentaré.
Agni besó su frente y salió, Zigor se quedó y cuando se iba, Solda llegó. Como hada, descalza y vestida de blanco, su cabello rubio adornado por flores. Ella trasmitía mucha calma, y aunque no sabía si era las toxinas que soltaba, o simplemente era buena.
—Quería ver a mi sobrino, ¿puedo?
—Artaith parece amar que todos quieran verlo, muy diferente a mí.
—Tal vez lo sacó de su madre —hubo un silencio incómodo y ella arrepentida—. Perdón, no debí decir eso.
—La verdad por delante, Solda, Artaith es hijo también de Maua —contestó seco, aunque no le gustaba, no era un secreto que se podía ocultar—. Es tu sobrino también, puedes venir a verlo, por supuesto, con un guardia cerca.
—Eres desconfiado, sigues sin confiar en nosotros.
—Lo he sido siempre, ahora más si se trata de mi hijo, los Brais debemos proteger nuestro legado.
—No le haré daño.
—Es como decir que yo no le haré daño a Maua.
Volvió el silencio y Solda miró a su sobrino que se movía, era demasiado pequeño, cabía en su mano seguramente. Todos estaban asustados por cómo se desarrollaría.
—Zigor, tu hermana me habló del diario que Erein estaba escribiendo —la diosa dijo con rapidez para poder tranquilizar al líder de La legión—. Sé que Agni no es bienvenida en alta mar, y ustedes tampoco. Puedo ir yo, puedo buscar el diario, tal vez encontremos la pista de como entrar al infierno o traerlo de regreso.
—¿Crees que puedas hacer eso?
—Aunque no lo creas, quiero que Artaith y los hijos de Liev vivan paz, quiero que ellos puedan estar en un mundo mejor.
—Entonces designaré la misión y haré que un equipo vaya contigo, haga un análisis y puedas tener ese diario.
—¿A quienes les darás la misión de ir al infierno?
—Agni y Enzo pueden ir, son perfectos.
—Liev los olerá.
—De hecho, puede que pasen desapercibidos —Solda lo miró sin comprender y Zigor se acomodó en el sillón—. Los mellizos estuvieron a punto de morir, incluso lo estuvieron por largos minutos, según lo que nuestro padre nos contó, así que Elan me dijo que era probable que el infierno en un punto haya tenido el aroma de los dos, y ahora de adultos, puedan ir al infierno sin que nadie los note.
—No estás seguro y estás arriesgando la vida de tus hermanos.
—No, es algo de lo que hablé con ellos, y no podía confiar esta misión a nadie más. Debes saber que después de mí, ellos son los mejores, han dormido a los dioses más de una vez y Agni ha demostrado su lucha contra Erein y tritones, en todas ha salido ganadora.
—Son dioses y tus hermanos mortales.
—Te recuerdo que este mortal ha detenido a tu hermana, así que no estás segura de lo que somos capaces. Incluso aquí mismo puedo dormirte y tenerte como a Maua, ¿quieres probar?