— ¡Bel! —gritó Agni, desgarrador y aunque ya no eran las amigas de antes, su corazón seguía reconociéndola como su hermana, quien llevaba su sobrino.
Ella avanzó a la par de sus hermanos, y fue ahí donde los guerreros los siguieron y lo que parecía ser algo calmado, terminó por ser algo salvaje, brutal. En un momento eran los dioses enfrentándose y Maua ser protegida por cuatro de los minotauros de Liev.
Zigor fue de los primeros que llegó con Bel, la muchacha presionaba su herida, sus ojos estaban tristes, ella no quería irse. Cuando la miró, ella abrió la boca, con tanta confusión y por primera vez sintió que esa era la antigua Bel, la muchachita que reía a carcajadas de la mano de su hermana menor.
— ¿Qué hago aquí? ¿Qué es todo esto? —ella tartamudeó y Agni se sorprendió—. Me duele..., ¿Qué está pasando, Agni?
—Vamos a revisar preciosa, veremos cómo está el bebé.
— ¿Qué bebé? —ella logró susurrar, apretó con fuerza la mano de su mejor amiga para después ver los ojos de Zigor, el hombre que toda su vida había amado, vio la desesperación en su mirada, y se preguntó, ¿Qué estaba pasando? ¿Qué era todo eso? Tal vez, y solo tal vez era un mal sueño, despertaría en Los ángeles y planeando el viaje a Akino para rencontrarse con su mejor amiga, y ver a la familia Brais.
¿Por qué estaba teniendo ese tipo de sueños?
El rubio levantó la blusa que llevaba, ella apretó los labios y aunque fuera un sueño, el dolor se sentía demasiado real. Necesitaba despertar.
Zigor gimió cuando levantó la blusa y encontró el vientre plano de Bel, miró a Agni, ambos sin entender que pasaban, pero el rubio no dejó de pedir ayuda, cuando entre los guerreros llegó uno de los doctores, negó. Ambos hermanos soltaron una risa amarga y cuando el guerrero se hizo a un lado, vieron a Bel con los ojos abiertos y media sonrisa en la boca, ella había muerto cuando su hermano le había levantado la blusa.
El mundo de Agni se sacudió con violencia, la pobre muchacha tartamudeó varías veces, incluso dejó de ver con claridad, su amiga, su mejor amiga había muerto en sus manos. Al final si había alcanzado la oscuridad de la luz, la oscuridad de los Brais.
— ¡Dios Elan! —Enzo gritó y Zigor siguió la mirada de su hermano, tuvo que sostenerse con fuerza de su mundo, para no caer y volverse loco.
No podía ser.
Maua se sostenía el vientre abultado, una sonrisa en la boca como si hubiese logrado el triunfo. ¡Qué maldito triunfo! Quiso gritar Zigor cuando cayó en cuenta de la trampa que Maua le había tendido, siempre fue ella, fue aquella mujer que se acercó en el bar, era ella quien llevaba a su hijo en su vientre. Un semidiós, una criatura con la fuerza, liderazgo de un Brais y el poder de una diosa mala.
El rubio tiró de su hermana, la sacudió y los ojos apagados de su hermana lo vieron, él le entregó la espada que la muchacha le había tendido, para después señalarle a Erein que estaba acabando con todos los que se lanzaba a luchar con él, Zigor tenía mucha fe en su hermana, era de las más fuertes, podría obtener tiempo, mientras que Enzo no necesitó que le hablaran cuando se lanzó a pelear con Liev, mientras Elan se acercaba, viendo la escena con miedo incluso.
Su creación mezclada con la sangre de un dios no era un señal buena, incluso si Maua se lo proponía, esperaría para que ese niño creciera y usarlo como arma, contra él ¡No! Debía detenerla, incluso aunque los demás creyeran que estaba ayudando, él se estaba protegiendo.
Elan levantó la mano causando que el cielo empezara oscurecerse, que lloviera incluso y luego los rayos iluminaran esa parte de la isla. Él tomó entre sus manos uno de los rayos, lo que no vio venir es que, Erein dominaba el mar, y lo que él había hecho, solo empeoraría todo, pero en ese momento solo quería acabar con Maua.
Ella levantó una pared de tierra y cada paso que daba Elan, se sentía más pesado, ella estaba usando la tierra a su favor, para retenerlo, pero ni eso podía detener la ira del dios de los cielos, quien avanzó y ni siquiera tembló o siento remordimiento al matar a los hijos de su hermano, unos bastante buenos, para después escuchar el quejido de parte del menor. Del dios del infierno, pero estaba seguro que no debía tenerle pena, no a alguien tan peligroso como Liev.
— ¡Detente!
—En este juego, hoy has perdido querida hermana —Solda murmuró a la espaldas de Maua, la diosa de la tierra se giró bruscamente, pero la diosa menor, que también era de la fertilidad había tocado su vientre ocasionando que entrara en labor de parto, ahora mismo.
Zigor la tomó en su cuerpo y fue Andrea quien terminó inyectándole aquello que usaban para tener a los dioses débiles, pero esta vez habían hecho la fórmula más fuerte, más poderosa, el rubio temía que aquello pudiera causar algo negativo en su hijo, pero Solda negó, dándole tranquilidad.
Elan miró hacia sus hermanos, volvió a levantar los brazos causando que hubiese una niebla pesada, una niebla en la que todos los guerreros de Zigor había entrenado para luchar y para escapar, pero tanto como Agni y Enzo, ellos terminaron enterrando sus armas en los cuerpos de los dioses, dejándolos tirados, duraría segundos, pero al menos podrían escapar.
Elan nuevamente se encargó de borrar la escena de su hermana, así los dioses no la buscarían, y cuando todo estuvo listo, partieron hacia el edificio subterráneo de la Legión. Zigor en todo el camino la sostuvo con fuerza el cuerpo de Maua, apretando con fuerza los labios para no soltar alguna cosa. Sabía que en la camioneta de atrás las cosas iban peor, porque lo último que vio fue a Agni sostener el cuerpo de Bel con suma tristeza.
— ¿Qué fue lo que pasó? —la voz de Héctor fue un susurró.
—Maua uso magia y un cuerpo de un inocente —dijo Solda viendo como su hermana se sacudía y eso era resultado de las contracciones que estaba teniendo, el bebé venía con siete meses, muy poco tiempo, pero ahora mismo debían preocuparse en sacarlo de su cuerpo, ser rápidos.
—La noche que fue concesivo el niño, fue ella quien estuvo contigo —Zigor rechinó los dientes, con fuerza que todos pudieron escuchar y sentir la rabia del Brais—. Ella trajo a Bel, y puso la magia en ella, haciéndola que su mentira fuera más creíble mientras tu hijo crecía en su vientre.
El rubio no habló hasta que llegó a las instalaciones, le pidió a su padre que se hiciera cargo mientras él se encargaba de Maua, pudo ver el rostro perplejo de más de uno al ver la diosa embarazada que descansaba en sus brazos, de camino hacia La legión él había llamado para que tuviera listo la sala de operaciones, necesitaba a su hijo lejos de aquella mujer tan cruel, tan mala.
Cuando él la deposito en la cama, pidió protección y que fuera inyectada cada media hora, aunque era una cantidad fuerte, sabía que su hijo soportaría aquel dolor, era un semidiós al final de cuentas.
Zigor se quedó afuera, moviéndose de un lado a otro mientras Solda y Elan lo acompañaban, la diosa por empatía y preocupación, y el dios porque no dejaría que Maua escapara y menos con aquella arma.
(***)
Para esa hora, Enzo ya había hecho un plan para poder dar explicaciones del porque Bel estaba muerta, notificar a su familia, incluso tendría que decir que el bebé había nacido con la justas, mentir, mentir y más mentiras.
¡Ellos creían que eran abuelos! Y no, porque Bel ni siquiera quería ser madre, ella quería viajar y comerse al mundo, y pasó los últimos siete meses escondida en una habitación, abrigando una barriga y un bebé que no existían. ¿Cómo debía mirar a su hermano? Quien seguramente se estaba volviendo loco por la situación.
Agni soltó el aire contenido, se recostó viendo el cuerpo de su amiga en la morgue, acarició sus cabellos y se permitió soltar unas lágrimas más mientras Enzo sostenía su mano.
— ¿Ya nació mi sobrino?
—No, de hecho hay complicaciones —Dijo Coll con preocupación, ambos hermanos se pusieron de pie al escuchar eso—. Es prematuro, y aunque tiene sangre de dios, las inyecciones que se le pusieron a Maua lo afectó, los doctores tiene miedo que al salir del saco, muera por un paro respiratorio.
—Debemos ir, Zigor nos necesita.
Agni se giró para dejar un beso en la frente de su amiga, acarició su mano por última vez y sus ojos se llenaron de lágrimas, apretó los labios y se preguntó cuándo esa vida dejaría de doler tanto, ¿en qué momento?
Se despidió y salió con Coll y su hermano, el camino fue en silencio hasta que llegaron, viendo a su hermano con su padre, los dioses, y los guardias más cercanos a su hermano estar ahí, dándole apoyo. Coll avanzó y golpeó con suavidad el hombro de su hermano, ambos se miraron, Agni agradecía mucho esa amistad ya que Zigor nunca había tenido amigos, y que lo tuviera ahora, era un consuelo para el dolor que estaba enfrentando, más culpas, más dolor. No era justo para su hermano mayor.
A las tres de la mañana se escuchó el llanto de un bebé, todos se pusieron de pie y a los minutos salió él en una caja de cristal conectado a varios cables, su llanto retumbó en toda la sala. Todos siguieron al bebé, menos Elan, quien pidió otra dosis más fuerte para su hermana, y él mismo se quedó haciendo guardia, hasta que se tomara una decisión con ella, aunque el dios estaba esperando el momento donde ella pudiera ir abriendo los ojos confundida y a los segundos él arrancarle el corazón. Otra vez.
Zigor entró junto con sus hermanos, Coll y su padre. El pequeño estaba ahí, agradecía que todo lo necesario estuviera ahí, porque si el bebé moría por la negligencia de toda esa situación, sería otra muerte que no podría superar.
Él se acercó a la criatura, era demasiado pequeña, y algo enfermiza, él puso su mano en la caja de cristal y el bebé parecía calmarse de a poco, sintiéndolo.
Era un Brais, no importaba quien era su madre.
— ¿Él va a estar bien?
—Lo estará, pero se debe quedar aquí todo este mes, no está bien y ni siquiera sabemos cómo se curara, si necesitará ayuda o lo hará solo —explicó el doctor viendo a la criatura—. Es hijo de una diosa, tiene esa divinidad.
—Tiene que tener monitoreo, ahora usted se quedara al cuidado de mi hijo. Coll —llamó a su amigo—. Pide que refuercen este lugar, la mejor seguridad, cámaras y todo.
— ¿Artaith Brais? ——el doctor preguntó y Zigor asintió mientras él escribía el nombre y lo colocaba ahí, pegado, para que todos supieran.
El rubio le dio una mirada, una última antes de salir de ahí para poder encargarse de Maua, Agni, Enzo y Héctor se quedaron más tiempo, sonriendo al ver el pequeño, unas vece abría sus pequeños ojos, y otras lloraba. El doctor no se movía, de hecho había mandado a poner un sillón más cómodo y al lado una cama para que pudiera hacer relevos con el otro doctor.
—Es igualito a Zigor —dijo el abuelo orgulloso viendo al pequeño.
—Zigor también fue prematuro, por eso es tan alto —bromeó Enzo sin quitarle la mirada a su hermoso sobrino, pequeño, él no tenía idea de cuantos iban a dar su vida por él—. Creí que le cambiaría el nombre.
—Será rubio como Zigor, se parece mucho, esperemos no saque su carácter.
—Espero esto se acabe, espero poder disfrutar de mi sobrino y que él ya no tenga que vivir este infierno.
—Entonces luchemos por acabar con esto, para que Artaith tenga un futuro calmado, y por supuesto, sus hijos de ustedes.
Zigor hubiese querido quedarse más tiempo con su hijo, pero la situación ahora era Maua y aunque no le gustaba, era el líder, debía hablar y tomar riendas del asunto. Cuando llegó, Elan estaba cerca de la diosa, viéndola fijamente, sabía que si tardaba un poco más, entonces el corazón de Maua estaría en el suelo, pero sin la opción de volver a despertar.
—Trasládenla a la habitación A, y cada media hora suelten en humo la inyección, la más potente que sería grupo 8. ¿Está bien?
— ¿Vas a tenerla aquí? ¡Eso es peligroso! Mi sobrino está aquí, ella va a querer llevárselo.
—Es contención, Elan —siseó el rubio—. Prefiero tenerla aquí que afuera buscando la forma de poder irrumpir y acabar con todo, llevándose a mi hijo de por medio.
—Eres el líder, he confiado en tus antepasados, confiaré en ti.
Y Elan lo decía en serio, Zigor había demostrado mucha inteligencia, liderazgo, mejor que sus antepasados, así que si hacía eso, entonces por ahora sería una buena opción, pero estaría muy cerca para poder ver qué pasaba con Maua.