Elara cerró la trampa con un movimiento seco, el sonido del hierro retumbó en el aire frío de la noche. Zar la observaba desde unos pasos más atrás, con los ojos encendidos en un dorado furioso. El silencio se volvió insoportable, hasta que él lo rompió con un gruñido contenido. —No puedo creerlo, Elara —su voz sonaba grave, rota—. Me lo ocultaste todo este tiempo. Elara se giró bruscamente, sus ojos ardiendo con rabia y dolor. —¿De qué hablas ahora? ¿De qué cosa no puedes creer? Zar avanzó hacia ella, sus pasos eran tan pesados como golpes en el suelo. —¡De Azrael! —rugió—. Me tratas de exagerado, de paranoico, pero en realidad me ocultas que hay un lazo entre ustedes. ¡Un lazo que va más allá de esta vida!.....Y AHORA DE REPENTE LO CUENTAS COMO SI NADA... Elara sintió cómo la sangr

