Azrael avanzaba entre las sombras, la mirada fija en la silueta que lo esperaba: Lican, su hermano en sangre y en historia, el primero de los licántropos. —Lican —dijo Azrael con voz grave, resonando entre los troncos—. Tú eres el responsable de que nuestro hermano fuera enviado a la oscuridad. Ese castigo recae sobre ti. —No puedo sentir culpa, asesino a muchos inocentes, parece que eso a ti no te importa... hermano —replicó Lican, con los músculos tensos, el pelaje erizado—. Umbra eligió, como siempre lo hizo. Yo solo… hice lo que podía para proteger a mi manada. El aire vibraba con tensión. Las hojas susurraban como testigos de un antiguo resentimiento. Azrael dio un paso más y el suelo pareció temblar bajo su presencia. La Diosa Luna, luminosa y fría, descendió entre ellos, su pres

