-¿Que te deje en paz? ¿Que no es asunto mío? ¿Se te olvida a quién perteneces?- dice mientras me jala del brazo para llevarme al sofá. -¿A quién pertenezco? No soy una propiedad, Alfredo. No te pertenezco.- su comentario me hace sentir furiosa y trato de irme pero él me tiene bien sujeta. -Claro que sí, eres mía y siempre lo serás, Jennifer.- contesta mientras sus dedos se entierran aún mas en mi brazo y tengo que morderme los labios para no gritar del dolor. -No, Alfredo... Suéltame por favor.- suplico. -¿Por qué? ¿Prefieres que sea ese imbécil el que te toque?- -Sí... De hecho, Alfredo... creo que deberíamos dejar en claro que aquello que tuvimos... no puede continuar, no está bien.- trato de razonar con él, pero está simplemente fuera de sí. -Se terminará cuando yo lo decida y, s

