CAPITULO 8

1779 Palabras
Muy pocas veces había entrado a la boutique, y las veces que había ido era como cliente o en compañía de mi padre, esta vez pude ver cómo se desenvolvió todo tras bambalinas, la gente se apresuraba para hacer las entregas online, además de surtir a los diversos centros de distribución que teníamos. — Hola, disculpe sabe donde puedo encontrar a Blease Mcbeal — dije acercándome a una de las señoritas que dirigía a un grupo de trabajadores. — ¿Mcbeal? — dijo escaneandome — ¿Quien lo busca?. — Me manda Rafael Guirón, vengo por unos atuendos. Aquella chica puso cara de haber olido algo podrido antes de señalar hacia un pasillo. — ¿Él también viene contigo?. Me giré a ver a Alexander que para mi mala suerte se había aferrado a seguirme ese día. Él permanecía observando todo a su alrededor juzgando cada movimiento que se hacía, se notaba que no era de gran interés pero realmente no me importaba. — Si, él viene conmigo — dije con resignación, Alexander sonrió ladinamente avanzando primero al pasillo que nos había indicado la mujer. — Que fastidio de mujer, me encargaré de despedirla. Fruncí el ceño deteniendome frente al hombre. — No puedes despedir a alguien porque no te cae bien Alexander, además solo mi padre tiene ese poder. — Ahora lo tengo yo muñequita. — ¿Te crees con el poder de despedir a alguien?. Alexander me dedicó una media sonrisa mientras invadía mi espacio personal. — Me creo con el poder que tu mismo padre me dio, si tienes alguna queja podemos hablarlo en mi oficina. Golpeé su pecho para apartarlo de mí, odiaba la forma en la que se me acercaba. Camine hacia la única oficina que se veía al final del pasillo en nombre de “Blease Mcbeal” se leía en letras doradas sobre el cristal, ¿Quien tiene una puerta con la que se puede ver todo el interior? pensé al ver a un hombre de mediana edad con la cara roja de coraje, combinada con el traje guinda hecho a medida; sentado frente a él otra persona anotaba rápidamente en una tablet las indicaciones que gritaba furioso el hombre. — ¿Qué esperas para tocar?. — Está ocupado, no es educado interrumpir. Vi de reojo como Alexander giraba los ojos con fastidio y de un momento a otro estaba aporreando con los nudillos la puerta de cristal. — ¡¿Pero qué haces?! — grité exaltada mientras detenía su mano, pero las personas dentro de la oficina nos miraron molestos. El hombre de traje guinda que debía ser el señor Mcbeal se acercó a paso presuroso. — ¿Quienes son ustedes? — dijo con voz chillona — ¿Quien los ha dejado pasar?. — Soy Maika Crowell, venimos por los trajes que el señor Guirón pidió, disculpa a mi compañero. — ¿Has dicho Crowell?. — Am... — Sí anciano, lo que piensas es verdad ella es la hija del dueño de todo lo que ves — vi los ojos del hombre agrandarse con sorpresa, genial, pensé con fastidio al saber que su actitud cambiaría solo por mi apellido. — Señorita Crowell una disculpa, estamos muy apurados con la semana de la moda, por supuesto que Rafael me avisó que alguien vendría por los trajes — le hizo señas al que debía ser su asistente que se acercó nervioso — Él es Aarón, será tu asistente para todo lo que necesites. — No es necesario señor Mcbeal, solo he venido por los trajes. — Por favor llameme Blease, el joven tan amable debe ser su novio, él también puede hacer uso de Aarón cada vez que desee. — No, Alexander… — Por favor muñequita no hay necesidad de negarlo — intervino el castaño con burla — Pero no solo soy eso, soy el nuevo director operativo señor Mcbeal. — Di…¿director operativo? — dijo con la cara llena de terror, era comprensible pues la actitud no había sido la mejor al principio es por eso que debía temer que su trabajo ya estuviera pendiendo de un hilo, suspiré antes de sonreírle al hombre que parecía a punto de un paro cardiaco. — Señor Mcbeal, calmese por favor, Alexander no intervendrá en su forma de trabajo si es lo que le preocupa, lo único que me interesa en estos momentos es recoger los trajes ya que nos hemos tardado más de lo necesario. — Claro, claro...Aarón por favor lleva a los jóvenes a que les entreguen lo que ha pedido Rafael. Sentí la mano de Alexander en mi espalda baja y lo aparté de manera tosca antes de seguir al asistente, que caminaba nervioso. — Podemos ir a almorzar algo ya que entregues los trajes. — ¿Porque querría ir contigo?. — Ahora que vamos a convivir más, quizá debamos limar asperezas. Me reí con ironía deteniéndome en medio del pasillo, Aarón nos miró expectantes pero no me importo. — Jamás Alexander, podremos mantener una relación que no sea laboral y eso hasta que logre que quieras renunciar. — ¿Crees que alguien como tu vas a lograr que me aleje de la mejor oportunidad que tengo?. — ¿Alguien como yo? — la molestia en mi voz ya era más notoria — Mi padre es tu jefe Alexander. — Pero según recuerdo tu renunciaste a lo que te corresponde ¿o no?, dejame ver si acierto le has dicho a tu padre que prefieres comenzar como una empleada más, para conocer bien el negocio, para eso existen los asesores muñequita. — ¿Entonces crees que mi padre me dirá que no?. — Lo que creo muñequita es que tu padre, me ha convertido en tu jefe y todo lo que hagas estará vigilado y aprobado por mi. Mi necesidad de golpearlo aumento, pero él solo me dedico una última sonrisa burlesca antes de caminar hacia otro lado, trate de relajarme, observe a Aarón que me miraba de manera incómoda. Decidí no pensar más en el problema de Alexander ese día, después de todo mientras lograba que se fuera de la empresa el castaño tenía razón, tendríamos que vernos más de una vez, solo esperaba que ese momento se pudiera alargar lo suficiente. La noche había caido cuando entre a la mansión, despues de haber entregado los vestuarios a Rafael me había retado por haberme retrasado tantas horas, me había dado de castigo el trabajar horas extras para compesar mi falta, había terminado fastiada por completo asi que llegar a mi casa y ver al pequeño Dalton correr hacia mi con esa enorme sonrisa que había nacido desde navidad. — ¡Maika!. — Hola corazón — dije abrazándolo — ¿Qué has hecho en el día?. — He salido con el abuelo y ¿qué crees que ha pasado?. — No lo sé. — ¡Ven, ven!. Dalton jalaba mi mano mientras me llevaba hacia el jardín trasero, se le veía más feliz de lo normal y su felicidad era contagiosa, de pronto escuche un ladrido, abrí mis ojos con asombro cuando vi un cachorro de husky corriendo hacia nosotros. — Oh por dios… Dije cuando Dalton se vio tumbado por el cachorro su risa contagió el lugar yo aun me encontraba sorprendida pues cuando eramos pequeñas Dani y yo anhelabamos un perro pero mi padre se había negado rotundamente, y ahora de la nada ¿le había dado uno a Dalton?. — ¿El abuelo te lo ha dado?. — ¡Sí!. — Es increíble Dalton — dije acariciando también al cachorro que estaba demasiado emocionado — ¿Le has puesto nombre ya?. — ¡Navidad!. — ¿Le has puesto navidad al cachorro?. — ¡Sí!, y vamos a enseñar trucos... y a pasear...y a jugar...y… — Calma Dalton, haremos eso y más pero ahora ya es tiempo de dormir. — ¿Tan pronto? — dijo con cara afligida. — Lo siento cielo, no podemos desvelarnos con el cachorro — me levanté del suelo — Tengo que platicar con tu abuelo, así que vamos a cenar. — El abuelo está ocupado. — ¿Ocupado?. — Si...dijo que era importante. Fruncí el ceño entrando a la casa con Dalton y Navidad detrás de mí, esta vez no se escuchaban reclamos saliendo del despacho pero eso no me traía buena espina. Navidad corrió a rascar la puerta del despacho de mi padre y segundos después esta se abría. — Dalton saca al perro de aquí. Mi padre se asomó con el ceño fruncido mientras el cachorro intentaba ingresar al despacho. — Lo siento abuelo, Mai y yo queremos que vengas a cenar. — Hola papá — dije sonriendo por la sorpresa que le cause — Es un lindo gesto el que tuviste con Dalton. — No fue nada muñeca, pero estoy ocupado deberías ir ustedes primero yo los alcanzaré. Estaba por decir algo cuando una figura más que conocida se asomó detrás de mi padre. — No hace falta señor Crowell, yo he terminado lo que tenía que decirle, le aseguro que su hija estará más que contenta con la decisión. — ¿De qué decisión habla Alexander papá? — dije con el ceño fruncido, el castaño prácticamente aparecía en todo momento. — Bueno Maika — comenzó a hablar mi padre con tono nervioso — Alex me ha dicho que se han llevado bastante bien el día de hoy, y me ha propuesto que seas su asistente asi podras aprender para el dia que quieras llevar las riendas de las empresas, me ha parecido una excelente idea. — ¿Qué dices? — dije de manera incrédula, ¿cómo era posible que Alexander Thompson tuviera ese poder de convencimiento con mi padre?, ¿En qué momento se había ganado toda su confianza?. — Maika se que es una gran noticia — comenzó a hablar el castaño con una pequeña sonrisa en sus labios — Pero creí que era lo que querias, despues de que me dijeras que tu tambien deseas tomar decisiones pero no te sientes capacitada, creeme esto es lo mejor. Mi cara debía ser un poema en esos momentos, los dos hombres me miraban de una forma en la que no me agradaba por un lado mi padre debía estar seguro que Alexander y yo debíamos haber retomado nuestra “amistad” y confiaba en él con los ojos cerrados; pero por otro lado el castaño se había convertido en un dolor de cabeza, no confiaba en ese hombre, no sabía de donde se había ganado tanta confianza, ahora sería más difícil que renunciara, ahora se había convertido en mi jefe directo y eso sería un gran problema para mi.
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