Capítulo 10

1912 Palabras
- Apenas está iniciando y quiere adquirir más renombre. Sabe que el camino para conseguir eso en esta ciudad es haciendo negocios con el clan Markov. - sigue diciendo Ross. - Me mostró su depósito dónde tiene todo el inventario. Tiene armas de diferentes tamaños y potencia, de una calidad muy buena. Estamos en la sala de reuniones de la morada, en una de las tantas charlas matutinas que tenemos, dónde nos asignamos y ponemos al día con los trabajos que tenemos pendientes, y los próximos a hacer. En estos últimos años hemos adquirido una buena dinámica, que facilita nuestro trabajo en equipo. Cada uno se encarga de un área en específico, de la cual se especializan, por lo que no chocan entre ellos, y nos ahorramos las discusiones de egos. Aun así siempre planteamos el tema en debate, y acotamos lo que nos parece. Por ese momento se vuelven adultos y charlan con seriedad. Sería más sencillo todo si fueran así todo el tiempo. Aunque sería más aburrido. - ¿Y qué opinas tú? - le pregunto. - Pude regatear un poco el precio. - responde. - Es un buen negocio. - Cuando alguien ofrece algo tan barato es para dudar. - menciona Emiko. - Es un viejo conocido mío. - continúa Ross. - Confío en él, hicimos varios trabajos juntos. - me mira. - Además, lo que más le interesa de todo esto es ser un proveedor del clan Markov. Sabe que lo que viene con el aval de ese apellido vale más que el dinero. - Bastante inteligente. - digo. Quedó pensativo. - Bien. Dejaré que tú te encargues de eso, ¿te parece? Asiente. - Si, yo me encargo. - Bueno, con respecto a lo... - comienzo a decir, pero me interrumpo cuando la puerta se abre y entra Stellan. - Buenos días. - saluda con cansancio y se adentra arrastrando los pies. Nos miramos entre nosotros, extrañados de su humor, ya que él suele ser el más tranquilo y sereno de nosotros. - ¿Qué tal las clases con Juanito? - pregunta Dexter. - No tan sencillas como con la bicicleta. - responde con desgano, sentándose en su respectiva silla. Lanza un suspiro como si hubiera estado conteniendo el aire. Milo ríe. - Parece ser que alguien sacó de sus casillas al pacífico y temple de acero, Stellan Ávila. Miro a Stellan con severidad. - Tienes que tener mano firme. - sentencio. - Una cosa es enseñarle a andar en una maldita bicicleta, que es hasta algo un tanto infantil. Y otra distinta muy distinta es conducir un auto. Pueden matarse. O peor, abollar mi auto. - No puedo ser duro con él. - dice Stellan. - Veo ese rostro adorable, con sus ojitos brillantes y solo quiero abrazarlo. Enseguida me viene a la memoria la imagen de él aquella noche. Esa mirada llorosa de temor y desolación, como si fuera un niño perdido. O ese grito desgarrador que me puso los pelos de punta. Aparto con brusquedad esos pensamientos de mi cabeza, y me vuelvo a centrar en Stellan. - Te lo asigne a ti porque pensé que eras el más apto. - hablo con fastidio. - No digo que no lo sea. Es solo que es un poco más complicado que con la bicicleta. - se excusa.- Nunca le enseñé a nadie a conducir. Y a mí me enseñó Ross que no es el maestro más didáctico y pacifico del mundo. - le dedica una mirada de reproche a su hermano, quien se encoge de hombros con indiferencia. - No quiero dejarle un trauma. Yo cada vez que conduzco puedo oír la voz de Ross perforándome el cerebro. Pongo los ojos en blanco. Evidentemente con este niño todo me va a costar el doble. Suspiro irritado. - Yo le enseñaré a conducir. - anuncio. Sus cabezas se giran hacia mí con rapidez. - ¿¡Qué!? - exclaman a coro, con sorpresa y confusión. - ¿Tú? ¿Enseñándole a alguien? - inquiere Emiko y noto el sarcasmo en su voz. - Si, puedo ser un buen maestro. - hablo irritado. - Oh sí, se nota. Si ya estás cabreado de solo mencionarlo. - ríe Lari. - Miren, no quiero otro hueco en mi muro. - sigo. - Y es lo que va a haber si Stellan no le pone un límite. Aún más ahora, sabiendo que le gustan los autos de carrera, por ende la velocidad. Así que todos cierren la maldita boca o cada uno se va a ganar una patada en el trasero. Y eso que hoy me levante amable. - Pobre Juanito, lo entregaremos a Tronchatoro. - menciona Milo con pesar. Dexter ríe como un loco desquiciado. Lo miramos extrañado. - Es que por un segundo me imaginé a Juanito diciendo "¿Qué, mis trencitas?" - imita con tono infantil. Los dos amigos lanzan una carcajada al unísono. Lari me mira con severidad. - No lo hagas llorar, Astor. - Si, está chiquito, hay que cuidarlo. - agrega Milo. Frunzo en ceño. - No es como si tuviera esa capacidad. Para mi pesar, el niño no es tan blandito. - digo. - Y eso que me moría de ganas por hacerlo llorar y que se vuelva a Corea. La pelirroja sonríe triunfante y con algo de malicia, que me recuerda a su padre. - Con qué lo notas, ¿eh? Estoy por responder para mandarla a la mierda, pero el rubio bocazas me interrumpe. - Pues considerando que mató al desquiciado del suegro de Izan, como para no notarlo. - menciona Dexter. - No quiero que se vuelva a mencionar ese tema. - sentencio. Posan su atención en mí. - Y mucho menos quiero volver a oír una maldita palabra sobre ese hombre. ¿Está claro? - ¿Qué sucede? - pregunta Ross extrañado. - Que ya tengo demasiado con un Hyun viviendo bajo mi techo, y con otro de cuñado, como para que encima no dejen de mencionar a un tercero. - respondo tajante. - Estoy rebasado de ese apellido. El único que me interesa escuchar con frecuencia es el mío. - Bueno. - hablan a coro. - Ahora regresemos a lo que nos compete. *** Terminamos temprano con el trabajo del clan, por lo que decidí empezar hoy con las clases de manejo del niño. Va a estar aquí un año, pero con lo tonto que es vaya saber cuánto nos va tomar que aprenda a encender el auto. Es ya de tarde cuando salgo por la puerta de la entrada, y lo primero que veo es a él sentado de espalda, en las escalinatas. Mis ojos, como siempre, terminan posándose en la mariposa de su nuca. Tiene sus piernas extendidas por lo que veo esas brillantes zapatillas naranjas, las cuales mueve de un lado a otro. - Vamos. - ordeno, caminando de largo por su lado. - ¿Qué? ¿A dónde? - pregunta extrañado. - Tengo clases con Stellan. Me detengo y me doy la vuelta. Me mira con atención, todavía allí sentado en las escalinatas. - Stellan tiene tareas está semana, al igual que los demás. Así que tendrás que conformarte con que yo te de clases. - ¿¡Tú!? - exclama con sorpresa, abriendo bien grandes esos ojos rasgados. Frunzo en ceño. - ¿Algún problema? - inquiero irritado. - No precisamente de mi parte, pero estoy seguro de que como jefe de tú clan debes tener cosas más importantes que hacer que enseñarme a conducir. - Por supuesto que tengo cosas más importantes que hacer, por eso no me hagas perder el tiempo. - hablo con firmeza. - Así que levanta tú trasero de allí y súbelo al auto. Ahora. Me giro y sigo avanzando hacia dónde está la camioneta estacionada. Llego a oír cómo resopla, y escucho sus pasos acercarse. Me subo en el lado del copiloto, y me pongo el cinturón de seguridad. A los segundos se abre la puerta del conductor y él se sienta, todo con movimientos pausados e inseguros. - Vamos, para hoy. Que no quiero pasar lo mejor de mis 30 aquí esperándote. - digo con brusquedad. Posa sus ojos en mí, expectante. - Primero que nada, ponte el cinturón de seguridad. - Ya lo sé. - Pues llevas sentado aquí dos minutos y todavía no veo que atraviese tú cuerpo. - Es que ya me has puesto nervioso con tus gritos. - ¿Ya te has puesto nervioso? Que va, y eso que esto recién empieza. Yo que tú busco una forma de calmarme porque no van a cesar los gritos. Y además, no estoy gritando. Este soy yo en mi modo amable y pacifico porque acabo de terminar de comerme un buen sándwich caprese con queso fundido. - Si este eres tú en modo amable, mejor aguardo a que Stellan vuelva a tener las tardes libres. - hace ademán de bajar del auto. - Te atreves a bajarte del auto y te enseñaré como uso el cinturón de seguridad para atarte al capo. - sentencio. - Y soy un experto en nudos. Abre sus ojos ampliamente y vuelve a posicionarse frente al volante, tomándolo con ambas manos, rígido. - "Ya lo sé" sigues sin ponerte el cinturón. - hablo con severidad. - Y ese es el primer paso cuando te subes a un vehículo. No lo olvides nunca. Resopla y se lo pone. Me mira. - ¿Ya le has enseñado a alguien a conducir? - No. - respondo. - Tú inauguras mis clases particulares. - Que afortunado. - murmura para sí mismo, llevando su vista al frente. - Pues sí la verdad, que bueno que lo notas. - digo. - Bien. Lo primero es aprender bien los cambios. Gira su cabeza hacia mí. - Ya los vimos con Stellan. - Y a mí me importa una mierda, porque vamos a empezar de nuevo. - ¿Pero para qué perder el tiempo en algo que ya vi y aprendí? - inquiere con fastidio. - Escucha bien una cosa... Mientras yo sea tú profesor tienes prohibido replicar. - sentencio. - No no no, mejor dicho, tienes prohibido siquiera abrir la boca. Solo vas a asentir y hacer lo que te indique. No quiero oír una sola palabra proveniente de ti. ¿Entendido? - Si. - suspira. - Pues parece que no, porque he escuchado una palabra salir de tú bocaza. - ¡Pero tú me has preguntado algo! - exclama indignado. - Sigo escuchando más palabras. Resopla y vuelve la vista al frente, con sus manos aun rodeando el volante. Queda callado. - ¿Has entendido, niño? - vuelvo a preguntar. Él asiente. Sonrío con satisfacción. - Bien, así me gusta. Nos vamos entendiendo. Resopla y pone los ojos en blanco. Río para mis adentros. Es divertido ver esa expresión de molestia proveniente de él. Fastidiarlo es entretenido. Como el hermanito menor que no tuve. Ahora comprendo a los míos porque siempre se reían tanto provocándome. Comienzo a ver lo divertido en esto. Porque los chicos no reaccionan a mis insultos, tan solo se burlan o los ignoran. En cambio el niño se cabrea. Empiezo también a entender porque Izan estaba empedernido con que Vitto se quedará en la casa con nosotros, y se ponia euforico cada vez que el idiota hacia algo para provocarlo. Los Marshall siempre disfrutamos de irritar a las personas, y que estas lo demuestren. - Sigamos. Como te decía...
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR