Luego me reproché haberle apremiado. Pensé en sus dificultades para ocultarse, en sus tratos con los judíos, en sus sobornos a los criados del convento. Pensé en lo que había emprendido, y en lo que había arrostrado. Luego temí que todo fuera inútil. No quisiera volver a vivir esos cuatro días, ni aun a cambio de ser el soberano de la tierra. Os daré una ligera idea de lo que sentí cuando oí decir a los obreros que iban a terminar muy pronto: me levantaba una hora antes de maitines, quitaba las piedras, pisoteaba el mortero y lo mezclaba con arcilla para dejarlo totalmente inservible; y de este modo, deshacía el tejido de Penélope, con tal éxito que los obreros creyeron que era el diablo quien entorpecía la tarea, hasta que optaron por no acudir al trabajo si no era provistos de u
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


