POV: Mia Romano
—¿Cómo te sientes mi niña? Mañana te darán de alta e iremos al psicólogo para que nuevamente tomes el tratamiento y quites esas ideas que tienes de acabar con tu vida —escuchó hablar a mi padre con su rostro de preocupación —no quiero perderte a ti también.
—Papá ya hablamos sobre lo del psicólogo, no quiero regresar a terapias, ¿De qué sirven las terapias? Nadie cambiara mi manera de ver las cosas, de sentirlas, nadie se pone en mi condición
—Tu padre no te está preguntando Mia, irás de nuevo al psicólogo, tus estúpidos intentos suicidas nos tienen hartos. Raymundo ¿Qué pasó con el enfermero? —pregunta mi tía para cambiar el tema del psicólogo
—Lo corrieron, me encargue que no vuelva a pisar un hospital, era un pasante. Alonso habló a su universidad para que le cancelaran su beca, nadie se mete con la princesa de papá —mi padre es muy amoroso se acerca a mi lado y me besa —¿Ya estás mejor de tus manos, mi amor? —mi padre me pregunta y observa mis muñecas para ver si no tengo alguna marca
—Si papi, ya estoy mejor. Muchas gracias papito —lo abrazó y le doy un beso pronto le quitaré la idea del psicólogo, tengo que aceptar que estar en esa silla de ruedas me ha funcionado para manipularlo y conseguir ciertas cosas.
—Trata de descansar —mi padre me da un beso en la frente —hablare a la casa para que tengan todo preparado cuando regresemos —mi padre dirige a mi tía a la salida y ambos salen de la habitación
Quiero mucho a mi padre pero desde que me dieron la noticia que estoy atada a esta silla de ruedas él se siente culpable del accidente. Siempre salgo con la mía para manipularlo, tomó el control remoto y comienzo a ver que hay en la pantalla buscando una película, veo que entra una enfermera con cara molesta, se para a un costado de mí.
—Eres una estúpida —me abofetea y me quedo impactada por un momento por lo que acaba de suceder.
—¿Qué te pasa, estúpida? —sobo mi mejilla —¿Quién eres tú para venir a golpearme? —trato de alcanzar el botón para pedir ayuda pero ella me lo arrebata
—¿También le pedirás a papito que me corra? Maldita, piensas que porque tienes dinero puedes humillar a las personas, por tu culpa corrieron a Fernando —intenta golpearme de nuevo pero detengo su mano
—¡Ay mi vida! Vienes a defender a tu noviecito —comienzo a reírme en su cara que hace que se moleste más y salga azotando la puerta. Entiendo que hice mal el inventar que ese chico me había maltratado, pero no podía permitir que les contará a mi padre que quería hacerme daño de nuevo. Después de un rato entra un enfermero a quitarme las intravenosas, eso indica que pronto me darán de alta.
—¿Cómo se siente señorita?, ¿siente alguna molestia? —me pregunta observando la tabla de información y se acerca a la silla de ruedas para acercármela.
—Bien, muchas gracias —lo que había pasado con esa enfermera me dejó con muchas dudas —Disculpa, ¿te puedo hacer una pregunta?
—Si, dígame señorita ¿Siente alguna molestia? —me observa con su ceño fruncido esperando que hable
—No es nada referente a mi estado de salud, quisiera saber… ¿Qué pasó con el enfermero llamado Fernando? —veo que su rostro cambia y se queda viendo fijamente
—Señorita, no se preocupe por él. Lo dieron de baja, lo que pasó fue un malentendido pero el director del hospital no permite que maltraten a sus pacientes y más a sus conocidos —sonó como reproche —espero estén conforme tanto usted como su familia que hayan despedido a una persona inocente, por ese supuestamente “maltrato”, con permiso —veo que sale molesto de la habitación dejándome con muchas culpas.
Me quedo observando la puerta como se cierra, sintiendo una opresión en mi pecho que no puedo explicar, los recuerdos de su mirada pasan por mi mente y sonrió —¿Por qué lo hiciste Mia? Era inocente —me doy una palmada en mi frente, sé que hice mal inventando algo que afectó al chico por mis estupideces, mi padre estara furioso cuando se entere de la verdad pero tengo que confesar, no puedo permitir que una persona inocente pierda su trabajo por culpa de mis caprichos. Sigo pensando sobre ese enfermero cuando entra mi padre a la habitación.
—¿Qué pasa mi amor? ¿Te sientes mal? —pregunta mi padre entrando a la habitación y viéndome tan pensativa, niego ante sus preguntas —¿Entonces qué pasa pequeña?
—Bueno, si me siento mal —mi padre se acerca de forma inmediata —¡calma!, no es físico sino interno
—¿interno? ¿A qué te refieres Mia? —pregunta mi padre
—Bueno, siento culpa papá. Perdón, es sobre el enfermero —mi padre se quedó viendo fijamente y con una duda en su rostro.
—Tranquila Mía —mi padre acaricia mi mejilla —él jamás se volverá a acercar a ti y mucho menos nadie te volverá a lastimar, eso siempre se encargara tu padre de poner un límite por algo eres una Romano ¿lo recuerdas?
—En eso tiene razón tu padre, siempre tendrás de él para cumplir tus caprichos desde que estás atada a esa silla, eres manipulable Mía —mi tía no duda remarcar que estoy atada a esa silla.
—Gracias tía, me había olvidado de mi condición —pongo los ojos en blanco, tomo a mi padre de las manos y confieso la verdad —realmente lo que pasó es que el enfermero trató de salvaguardar mi vida ya que me estaba arrancando las intravenosas, el entro y me tomo de mis manos para no hacerme más daño —mi padre se queda sin palabras ante mi confesión y mi tía veo que sonríe.
—Mía Romano, ¿Qué hiciste? ¿Me estás diciendo que hice que corrieran a un chico por tus caprichos? —menciona mi padre alejándose de mí y gritando
—Papá…
—Nada de papá Mia, jamás te enseñe a que te comportes de esta manera, entiendo que no puedas caminar pero no por eso vas a venir a inventar algo que afecte a terceras personas, ¿así te educamos tu madre y yo?, ¿eso te enseñamos? —observó como mi padre está molesto y es entendible ya que él siempre me ha enseñado a respetar a las personas sin importar su nivel social
—Papá… —mi padre me mira —lo siento.
—¿Lo sientes? —asiento con mi cabeza —Entiendo que quieras llamar la atención, puede que yo como padre haya fallado pero entiende que cargo con una culpa porque tú estás atada a esa silla de ruedas y tú madre está muerta ¿tan difícil es vivir con esta condición? ¿Prefieres estar muerta? No te entiendo, ¡estás viva hija! —mi padre habló entre lágrimas —eres una chica muy consentida y es culpa mía desde que tuvimos ese accidente, pero debes de darte cuenta que muchas personas quisieran tu posición, valóralo —Mi padre sale de la habitación y observo a mi tía que se levanta del sillón y comienza aplaudir
—Eres maravillosa hija, no recuerdes las palabras de tu estúpido padre que todo lo ve como si fuera maravilloso entiendo que estés harta de no poder hacer nada por tu condición que nadie se podrá fijar en ti, Mía. ¿No quisieras irte a vivir a otro país? En donde estés lejos de nosotros y sobre todo de tu padre, en donde tendrás libertad de todo.
—¿A otro país? ¿Cómo? Explícamelo, no puedo hacer lo que sea, no puedo caminar, bailar, ni brincar porque estoy atada a una estúpida silla de ruedas, no podré hacer una vida normal porque hasta para ir al baño necesito ayuda ¿eso es hacer lo que sea? Hubiera deseado mil veces morir en ese accidente que estar así.
—Si, hubiera sido una buena opción pero sobreviviste sobrinita. Eres un parásito, atada a esa cama y a esa silla, si te vas de viaje todo sería diferente, hasta para tu papito sería diferente y no estuviera atado también a esa silla de ruedas —mi tía me deja impactada con su confesión que al igual que yo mi padre se siente atado a mi silla pero con la diferencia que el si puede mover sus extremidades, sale de la habitación.
Aun sigo pensando las palabras de mi tía —Creo que siendo mi familia debe de apoyarme aunque nuestra relación no es la mejor y se que ella decidió cuidarme y atarse a mi pero no lo hace por el amor a la familia sino al amor al dinero de mi padre.
Observó que entra de nuevo la enfermera que vino a abofetearme y el enfermero que le pregunte por el chico, ambos me observan de manera desagradable pero para ser realista mucha gente me ha observado de esta manera.
—Oigan, lo siento por lo de su compañero, ya hable con mis papás para que le solucionen su situación —ambos voltean a verme pero su mirada me hace sentir incómoda, la que habla es ella.
—Cuando la gente tiene dinero e influencias para humillar a los pobres no les importa saber en qué condiciones se encuentran las otras personas, siempre sintiéndose superiores —sale de la habitación dejándome sin palabras por su comentario, el chico me carga y me lleva a la silla para acomodarme, llevo 17 años viviendo en esta condición y me siento frustrada porque me vean con lastima, escucho la puerta abrirse y mi padre entra a mi habitación, eso me hace entender que mi familia siempre estará para mi aunque no seamos la familia perfecta que siempre aparentamos.
—¿Estas lista? —pregunta mi padre, asiento con la cabeza observando como hace a un lado al enfermero y este sale de mi habitación, mi padre comienza a empujar mi silla en total silencio.
—Papá… ¿trataste de arreglar lo del enfermero? —pregunto con miedo
—Mía lo que hiciste fue muy grave hable con Alonso, me comento que no podría retractarse así que el chico se quedó sin trabajo. Gracias a tus caprichos, deberías sentirte orgullosa —siento una opresión en el pecho cuando me dice mi papá que no logró que el chico regresará a trabajar. Mi padre no vuelve a decir algo, nos dirigimos a nuestra casa. Al llegar mi padre me carga aún con su ceño fruncido y me lleva directo a mi habitación; me acomoda en mi cama y sale de la habitación dejándome de nuevo sola…
POV: Fernando Farré
Le tuve que inventar a mi mamá que me dieron mis vacaciones en el hospital para que no se preocupará y ahora me encontraba buscando un trabajo, antes de salir el Dr. Hermes me comentó que mandaron una alerta a todos los hospitales donde no podré laborar por maltrato a los pacientes, esa escuincla de los ojos bonitos arruinó mi carrera, pero no la odio sino al contrario tengo una necesidad de saber si ella está bien. Me concentro en la búsqueda de trabajo ya que los medicamentos de mi mamá son caros, estoy pensando qué hacer cuando escucho que mi celular sonar.
—¿Dónde carajos andas? Te estuve buscando por toda la escuela ¿Le pasó algo a tu mamá? —pregunta mi mejor amigo al otro lado del teléfono
—No amigo, ella está bien. Ayer ya no te pude avisar pero el Dr. Hermes me dio de baja en la universidad por el malentendido, habló con los profesores y me expulsaron de la institución.
—¡¡Que, no puede ser!! Voy para tu casa para que busquemos una solución —sonrió del comentario de mi amigo Mateo
Mateo vino después de colgar el teléfono para buscar una solución aunque me expulsaron es importante seguir esforzándome, me paso los apuntes del día. Estudiar esa carrera siempre ha tenido un objetivo aunque me tardé algunos años en decidir entrar a la universidad no me arrepiento primero estaba mi mamá y después estaba mi beneficio. Mi madre adora a Mateo, ella fue su maestra particular es por eso que llegue a conocer a mis mejores amigos, Andy y Mateo.
—¿Ya la dieron de alta? —pregunté, tenía la necesidad de saber de ella
—Si, es una niña muy caprichosa, típica millonaria —ambos reímos porque mi amigo tambien tenia una buena posición económica
—Así son los niños ricos —levanto mis hombros y seguimos conversando. Estuvimos un rato conviviendo y estudiando hasta que tuvo que entrar a ser su guardia, él pronto se graduará de medicina general, Andy de psicología y yo de cirujano ortopedista. Observo mi reloj ya es de noche, me sentía cansado así que decidí apagar mi laptop, mañana será otro nuevo día para buscar trabajo.
Voy a la habitación de mi madre asegurando que todo esté en orden y me dirijo a mi habitación para dormir. De repente me despierta mi teléfono que suena de forma constante, observo mi reloj y son las 11 de la noche aunque no es muy noche me sorprende ver en la pantalla a la persona que me está llamando.
—¿Qué pasa Mateo? ¿Todo bien? —contestó preocupado ya que él nunca habla cuando está en su guardia, ya que como futuros doctores debemos de dar una imagen.
—Fer, te está buscando el padre de tu pesadilla de los ojos bonitos, pregunto por ti en el hospital y le informaron que somos amigos, me comentó cómo fueron las cosas y están arrepentidos por la manera que actuó, quiere hablar contigo
—¿Arrepentidos? —comienzo a reírme —Mateo, esa gente no se arrepiente. No le digas donde encontrarme y mucho menos darle mi teléfono, yo no veré a nadie, ya me jodieron mi vida ¿Qué es lo que quieren?
—Fer, me comentó que quería ayudarte, así que levantas ese trasero y vienes para acá. Amigo, recuerda que tu mamá lo necesita…
—Mateo…
—Fer, deja de ser orgulloso y hazlo por ella —corta la llamada. El maldito sabe que mi punto débil es mi madre, ella es mi mayor motivación así que verifico que esté bien y salgo de mi casa rumbo al hospital…