POV: Mía Romano
Abro mis ojos y observo que no salió mi plan, sigo viva, volteo a mi alrededor y nuevamente estoy en el hospital, al fondo se encuentra mi padre con los ojos cerrados y un rostro cansado, trato de moverme me siento débil No quiero despertar a mi padre trato de alcanzar la jarra de agua pero mis fuerzas en mis brazos son escasas lo cual provoca que se caiga y se despierte, mi padre corre a mi lado asegurándose que me encuentro bien. Veo que la puerta de la habitación se abre y va entrando mi tía
—¿Te hiciste daño? —mi padre comienza a verificar que no tenga algún rasguño
—Papá solo se me cayó la jarra no me paso nada, tengo sed —mi padre pide que venga a limpiar la habitación y que traigan una jarra de agua nueva. Mi tía observa el desastre que provoque y mueve la cabeza negando
—¿Por qué lo hiciste Mía? —pregunta —¿Cuántas veces lo seguirás intentando? Estamos cansados de que sigas con estos mismos papeles suicidas. Deberíamos de internarte en una clínica de una vez.
—¡Cállate Marina! —menciona mi padre
—Seguiré intentándolo hasta que salga. Estoy harta, estoy harta de vivir esta vida, estoy harta de estar atada a una silla —mi tía pone los ojos en blanco y mi padre baja el rostro porque el se siente culpable
—¡Hija! —Mi padre se sorprende de mi comentario —No digas eso, no podría vivir sin ti —mi padre acaricia mi rostro —Te amo pequeña, eres lo único que me queda
—Yo también te amo papi, pero sería una carga menos con la que tendrías que soportar.
—Si no fueras una escuincla caprichosa podríamos quedarnos con los terapeutas y las niñeras que te contratamos pero la niñita es berrinchuda. Saliendo del hospital iremos nuevamente con el psicólogo —menciona mi tía —mi hermana es lo que hubiera hecho si tu padre no la hubiera matado
—¡No! No iré a ningún lado, no hablaré con un extraño para que me diga que todo es hermoso, que la vida es hermosa y que puedo vivir atada a esta silla de ruedas —comienzo a gritar, lo que menos deseo es que ellos me lleven de nuevo con el psicólogo a internarme en esa estúpida clínica.
Estoy destrozando a mi padre, mi tía no soporta tener a un familia parapléjico, veo en su rostro asco y repulsión hacia mi. La familia de mi madre desde que se enteraron de la muerte de mi madre, culparon a mi padre en cambio a mi, mi abuelo me quito su apellido, no soportaba saber que su nieta era una parapléjica, solo mi tía Marina y mi prima Emma apoyaron a mi padre y se vinieron a vivir a la casa pero se muy bien que lo hacen por el dinero de mi padre, no porque me quieran.
Necesito que mi padre entienda mi situación, que entiendan que estoy harta de vivir esta vida que no es vida. Ambos salen de la habitación y me dejan sola, hace tiempo mi tía le recomendó a mi padre un médico que le sugirió que me llevaran a una clínica psiquiátrica por mis intentos suicidas.
Me siento enojada, me siento desesperada de forma inmediata comienzo a arrancarme las intravenosas que tengo en mis brazos Estoy harta mis lágrimas comienzan a salir, ya no quiero ser débil. De repente siento una presión en mis manos y de forma inmediata abro mis ojos. Veo esos ojos negros como la noche cubiertos por unos anteojos.
—¿Qué está haciendo, señorita? —Me tomó de mis muñecas, impidiendo que me arranque las intravenosas
—¿Qué haces imbécil? ¡Suéltame! —nuestras miradas chocan nuevamente y por un momento siento que todo se detiene, ver esa mirada me da paz, pero no es lo que yo quiero —¡suéltame imbécil! —comienzo a llorar y gritar con desesperación —Déjame morir por favor —observó que frunce su ceño, ya no quiero más esta vida, pero su agarre hace que solo llore de la desesperación, siento una electricidad que jamás había sentido en la vida. Sigue sin escucharme al contrario sigue tomándome de mis manos para que no me siga haciendo daño —¡suéltame, imbécil!
—¡Tranquila señorita! Es mejor que se calme, se estas haciendo daño —su agarre comienza a ser suave, revisa mi medicamento pero el me sigue tomando de las muñecas
—¡Suéltame, me estás haciendo daño, maldito! —aunque no era cierto, comienzo a gritar para que entren ayudarme, de inmediato entra mi padre, se sorprende de la escena, comienzo a llorar y gritar de forma desesperada —Papi, dile a este imbécil que me suelte, me esta haciendo daño, aléjalo —mi padre lo empuja y se acerca para observa que mis muñecas están rojas por el forcejeo.
—¿Qué diablos estabas haciendo maldito? —mi padre lo empuja nuevamente hace que el caiga al piso, al levantarse él me observa y yo abrazo a mi padre haciéndome la víctima.
—Papi me lastimo, mira mis manos —le enseñó las muñecas —me lastimo mucho, me duele. —hago un puchero —Quiero que lo saques de aquí —abrazo a mi padre y comienzo a llorar, mi padre me consuela acariciando mi cabeza.
—Señor, esto es un mal entendido, lo que pasó fue… —mi padre no deja que termine su explicación y lo golpea nuevamente tumbándolo en el piso
—Sal de la habitación de mi hija y date por despedido —mi padre regresa abrazarme, calmando mi llanto, de pronto nuevamente la puerta se abre pero es mi tía que entra a la habitación
—¿Qué pasó? —observa al enfermero y observo a mi padre —¿Mia, estás bien? —se queda viendo mis muñecas y mis lágrimas —¿Qué hiciste niña tonta? Eso dejará muchas marcas
—Marina, quédate con la niña. Alonso sabrá de este infeliz para que lo corran, nadie toca a mi hija, sobre mi cadáver… —observo como mi padre sale furioso y yo sonrío, nadie puede meterse con una Romano.
—¿Qué hiciste niñita? —mi tía me pregunta y me observa —pronto nos iremos a casa, espero que dejes estas escenas para llamar la atención, acepta que vivirás atada a esa silla de ruedas. Agradécelo a tu papito que te dejo atada a esa silla de ruedas y mató a tu madre
POV: Fernando Farré
—¡Maldita sea! —me quito la bata y la aviento al escritorio de mi amigo Mateo. El cual se sorprende de mis acciones al entrar a la oficina
—¡Cálmate Fernando! —me da un vaso de agua para tranquilizarme —¿Qué pasó? ¿Por qué estás en ese estado?
—Por una escuincla berrinchuda, estaba dando mis rondines y entré a la habitación 321A pero al entrar me percato que la niñita se estaba arrancando las intravenosas, corrí para impedirlo pero la muy… —cierro mis puños de coraje al recordar la escena —comenzó a gritar, entró su padre y ella le hace mención que le estaba haciendo daño lo cual terminó con este golpe en mi rostro.
—Tranquilo Fer, trata de tranquilizarte. En un rato vamos con Alonso y le explicas la situación. Trata de calmarte, al rato verificó que la chica que dices esté estable ¿de acuerdo? —Asiento, ambos salimos del consultorio cuando escuchamos por el altavoz que me solicitan en la dirección del hospital voy de manera inmediata, toco la puerta hasta escuchar que me den acceso.
—Buenas noches Dr. Hermes —me sorprendo de la persona que está acompañándolo, es el padre de esa chica, se lo que está ocurriendo, suspiro —¿me mando hablar?
—Fernando recoges tus cosas y estás fuera del hospital, date por enterado que maltratar a un paciente no es apropiado en nuestro hospital, tus horas de servicio están canceladas y vete olvidando de tu beca, estás expulsado de la Universidad de Medicina
—¡¿Qué?! Dr. Hermes, puedo explicar lo que pasó…
—Te doy 5 min para que salgas del hospital por tu propios pies o le hablo a seguridad —observó al padre de esa escuincla de los ojos bonitos, que me reta con la mirada. Salgo del consultorio, me dirijo a recoger mis pertenencias a los lockers del hospital. Se muy bien que ser una persona trabajadora y no estar a su nivel, tiene sus consecuencias.
—¿A dónde diablos vas Fer? —pregunta mi amiga Sofía, sorprendida de que estoy guardando todas mis pertenencias.
Ella al igual que yo somos becados, estudiamos en la misma institución solo que ella estudia enfermería nivel preparatoria y yo voy a nivel universidad, ambos nos encontramos haciendo nuestra pasantía, en ocasiones cuida a mi madre cuando a mi me toca guardia.
—Me voy Sofí, el Dr. Hermes me acaba de dar de baja del hospital por un malentendido —comienzo a guardar mis cosas en mi maleta
—¿¡Qué?! ¿Qué pasó? ¿Y tus horas? —suspiro —Fer, estás a unos meses de graduarte no puedes irte así, porque nunca podrás regresar, sabes que la institución y este hospital tienen su convenio, si no estás en esa universidad no podrás ingresar a este hospital.
—Tranquila Sofí —me acerco dándole un beso en la frente —ya veré que hacer con mis horas ya realizadas y la Universidad, te quiero pórtate bonito —salgo de los vestidores y me dirijo a la salida del hospital.
Llegó a mi casa, me dirijo a la habitación de mi madre verificando su medicación, su oxígeno y que esté estable, ella sufre osteoporosis es una enfermedad avanzada hace tiempo fue detectada pero la enfermedad siguió avanzando hasta dejarla en una silla de ruedas, ahora le cuesta mucho respirar por el dolor intenso de sus huesos. Gracias al hospital le puedo dar sus terapias para que pueda volver a recuperarse, mi madre siempre ha sido una mujer muy activa.
Cuando era muy pequeño mi madre fue diagnosticada con esta enfermedad, ella no se dejó vencer siguió al pie de la letra los tratamientos y las recomendaciones que los doctores le daban pero esa enfermedad no tiene cura al contrario sigue avanzando, solo tenemos que tomar tratamientos y terapias para fortalecer sus huesos y no seguir perdiendo tejido óseo, por eso decidí estudiar medicina y especializarme en ser cirujano ortopédico, ahora ayudo a mi madre con sus terapias.
—¿Fernando? —escucho hablar a mi madre antes de salir de su habitación —¿Por qué llegaste temprano? —Observa el reloj —¿No te tocaba guardia en el hospital? —pregunta mi madre, la ayudó a sentarse y le doy un beso en la frente.
—Mamita, perdón te desperté ¿Cómo estás mamá? —me siento a su lado —Cambiaron mis horarios ¿Cómo te sientes? —acarició sus hermosas manos y ella sonríe, verla sonreír es como un motor para mi alma.
—No te preocupes por esta vieja, me da gusto que te cambien tus horarios mi niño, así podrás descansar más. Eres un excelente muchacho y estudias mucho, necesitas descansar
—Claro que si mami, pediré unos días para descansar y poder cuidarte, ¿te parece? —mi madre sonríe y asiente con su cabeza, la abrazo —Descansaré en los brazos de la mujer más bella del mundo —me acuesto a un lado de mi madre, ella me conoce perfectamente y sabe exactamente cómo acariciarme para que caiga rendido entre sus brazos.