Abel Nicolás (Capítulo tres)

829 Palabras
-No puedo creer que me haya levantado tan tarde -exclamé viendo que el reloj de la cocina decía que eran las once y veinticinco. Por lo general mi horario comenzaba cerca de las nueve, pero es que también por lo general solía dormir bien por las noches, sin estarme despertando cada diez minutos. Me preparé un café para mi solo -ya que mis abuelos ya habían desayunado y mi hermano y su novia seguían encerrados en la pieza- y cuando estaba a medio terminar la taza, la puerta de mi cuarto se abrió y desde mi asiento pude ver que de allí dentro salían Clara y Samuel, ambos sonriendo y acercándose a mi. Cuando me di cuenta de que venían hacia mi, me hice el tonto y disimulé haciéndome el que veía la tele. -Nico... ¿Todo bien? -preguntó mi hermano, apoyando una de sus manos sobre mi hombro. -Mmh -respondí parcamente, y bebí otro sorbo de café. -¿Qué haces? -quiso saber Clara, parándose a un lado mío. Tenía ganas de preguntarles a qué se debía tanta atención. Por lo general casi ni intercambiaban palabras conmigo, pero hoy estaba muy distintos, la verdad. -Nada. Sólo veo un poco de tele. -¿Enserio? -Me volteé a ver a mi hermano y noté que me miraba incrédulo con una ceja arqueada. -Sí, ¿por? -Por nada... sólo que me parece curioso que te guste todo el tema de la depilación definitiva y todo eso -dijo riendo mientras señalaba la pantalla, y recién entonces me percaté de que en el canal que estaba viendo le estaban haciendo una entrevista al personal encargado de la depilación con rayos láser de una clínica. No pude evitar sonrojarme de la vergüenza. Clara rió, y mi hermano se me quedó viendo a la espera de que dijera algo. -Ya... díganme qué tienen hoy conmigo. Pedí comenzando a fastidiarme. La cabeza me retumbaba, estaba apurado y no había dormido bie, así que no estaba de humor. -Yo... -balbuceó Samuel, y me pareció extraño que de la nada comenzará a dar vueltas en círculos por la cocina. Estaba nervioso. ¿Por qué?- Nosotros queríamos darte una noticia muy importante. -¿Qué? -Inquirí cortante, pensando que me saldrían con alguna broma pesada ó una pérdida de tiempo. Clara y Samuel intercambiaron miradas cómplices y con una sonrisa él le preguntó: -¿Lo tienes? Ella asintió. -¿Que si tiene qué? -No entendía. -¡Uno, dos, tres! Contó Samuel, y cuando llegó a tres Clara sacó del bolsillo de su pantalón algo blanco con forma parecida a la de un termómetro. -¿Qué? Miré mejor lo que Clara me mostraba, y sentí cierto desinterés que se desencadenaba en mí cuando leí EvaTest y ví dos rayitas. -Positivo. Dije inconsciente, algo adormilado, sin darme cuenta de lo que estaba diciendo. Ambos se me quedaron viendo callados con una sonrisa de oreja a oreja, y recién entonces caí. -Espera... -Una emoción que muy pocas veces había sentido se esparció por todo lo cuerpo, haciéndome sentir que me faltaba el aire-. ¡¿Positivo?! Clara rió y asintió. Unas lágrimas resbalaron por su mejilla, al igual que pasó con Samuel. -Vas a ser tío. Me dijeron al unísono, dándome un abrazo uno de cada lado. No puedo negar que sentí una inmensa felicidad, y que, por más que traté de ocultar las, eran cada vez más las gotas tibias que salían de mis ojos. -¿Mis abuelos ya lo saben? Pregunté preocupado, separándome de ellos. Odiaba arruinar el momento, pero últimamente lo que cobraban de la jubilación no les estaba rindiendo muy bien que digamos, así que no estaba seguro de si podrían ayudar a mi hermano y a Clara a criar a su hijo (¡Wow! Que loco suena decir el hijo de mi hermano y Clara). -No te preocupes -empezó a decir ella, y Samuel terminó: -Ellos fueron los primeros en enterarse -Sentí algo de decepción al descubrir que yo no había sido el primero en saberlo, y él pareció darse cuenta porque me tranquilizó diciendo-. Pero te tenemos una noticia... Samu miró de reojo a Clara, quien asintió como dándole permiso de no sé qué. -¿Qué? ¿Qué cosa? -pregunté con la voz carcomida por la emoción. -En tu honor -sonrió- le pondremos Nicolás como segundo nombre. -¿Mmm? ¿Enserio? -Sí -dijeron los dos, de nuevo al mismo tiempo-. ¿Qué dices? -Yo... no lo sé. Es que nunca nadie le había puesto mi nombre a un bebé por mí -bromeé, aunque era la verdad. -Bueno... lamento ser duro contigo, pero disfruta el momento porque es muy probable que no se repita -me dijo Samuel, con una sonrisa que le debía estar haciendo doler la cara. -Oh... ¿Y cuál es su primer nombre? -pregunté curioso, al recordar que habían dicho que Nicolás iba a ser su primer nombre. -Abel. Se va a llamar Abel Nicolás.
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