Levanté la vista y la dirigí al pizarrón.
>.
Típico de mi tratar de pensar en otra cosa cuando algo me inquietaba.
Hice un recorrido panorámico por todo el curdo hasta comprobar que no habían testigos de mi reacción. Una vez que, para mi suerte, noté que todos estaban lo suficientemente ocupados como prestarme atención, volví a mirar el móvil.
Tenía que echarle otro vistazo para estar seguro de que no fue solo imaginación mía.
Como me hubiera gustado que fuera solo imaginación mía... Pero no. Esa chica (media translúcida, y borrosa, como un archivo de baja calidad) seguía ahí. En otras circunstancias, lo habría tomado con naturalidad. Lo que pasa es que entre esa foto, y la tranquilidad, se interponían una serie de detalles.
Primero, esa chica no era del curso. Ya casi estábamos llegando a fin del año escolar, y nunca, en todos esos meses, la había visto, lo cual era entendible, porque parecía unos cinco o seis años menor que nosotros.
Segundo, estoy seguro de que cuando Mati sacó la foto, no había nadie mas ahí: solo él y la profe.
Y tercero, su expresión (algo nublada, sí, pero distinguible), no me inspiraba confianza. Sonreía mostrando la mitad de sus dientes, con la cabeza algo gacha, y los ojos mirando hacia arriba, en dirección a la cámara. Si bien el resto de su cuerpo estaba oculto detrás del cuerpo y la silla de Rawson, lo poco que se podía ver era mas que intimidante. Hasta el mas escépticos de toda el a tener pesadillas esa noche.
En un tiempo récord (menos de treinta segundos, calculo), probé todas las técnicas que me fueron posibles para tratar de convencerme de que estaba viendo mal. Froté mis ojos repetidas veces, entre y salí de la imagen, busqué algo que explicara la presencia de esa niña, pero me fue imposible. En parte porque era imposible, y en parte porque el shock fue tan grande que quedé bloqueado en cero coma, imposibilitandome el simple acto de pensar.
Hice un ultimo intento, fijándome en el fondo del curso para ver si hallaba a esa chica. Capaz que fuera de primer año, y se hubiera colado para la foto (es una locura, lo sé, pero cuando pasas por algo tan único y extraño como esto, tu empieza a dar lugar a pensamientos no muy razonables que digamos). Aunque con esto, solo logré que mi agitación aumentara, al ver sólo a los dos protagonistas de la foto: Mati, revisando su celular en una posición encorvada, y Rawson, babeando como bebé sin dientes con tres horas de siesta encima.
Sentí un hormigueo por todo el cuerpo. Era esa sensación de que algo andaba mal.
Me levanté de mi pupitre, apoyando mis palmas sobre el banco. Enseguida, me percaté de que cuando mi piel hizo contacto, dejé la pintura sintética húmeda con mi traspiración. Di media vuelta en dirección al fondo. Honestamente, me sorprendí al verme con la misma movilidad que un niño disfrazado de árbol. Notaba los articulaciones duras, tiesas, como si estuviera en la Antartida. Caminé hacia donde estaba mi amigo, y en un tono inseguro, tembloroso, le hice saber mi duda:
-Eu... ¿De casualidad usaste algún filtro?
Mati, inexpresivo, replicó:
-¿Mmm? Filtro de qué.
Parecía perdido. La sensación dentro de mi creció.
-De la foto -continué, y puse la pantalla justo enfrente su rostro, para que lo viera claramente.
Él sacó la vista de su móvil y la puso en el mio. En cuestión de milésimas de segundos, frunció el ceño. Sus ojos iban de los mios, a la imagen, una y otra vez. Se quedó así, quieto, sin saber que responder. La ansiedad por saber si esto era broma suya me estaba desgastando mentalmente. Juro que ya empezaba a sentir algún que otro martilleo en mi cabeza, acompañado de un leve zumbido en uno de mis oídos. Hasta que de repente, las cejas de mi amigo se arquearon, y en su rostro se formó una sonrisa irónica que, si bien era leve, alcanzaba para marcar el hoyuelo de sus mejillas.