Elisabeth Ivanov, hija de Dmitry y Clarisa. No eres yo y no soy tu, somos una misma mujer. Nacimos para él eternamente. Atadas por el hilo rojo del destino, somos su alma gemela. Podrás estirar o contraer, pero nunca podrás romper lo que está escrito. Lisa cerró los ojos dejándose llevar por el cúmulo de sentimientos y emociones que atravesaron su cuerpo, mente y corazón. Sintiendo como una fuerza superior se fundía con su alma. Vladimir sostuvo el cuerpo de Lisa entre sus brazos, aferrándose a ella, mientras vaciaba su semilla dentro de la dulce y cálida cavidad femenina. Completamente ajeno al momento único que su mujer estaba viviendo. Lisa abrió los ojos, sus colmillos se extendieron y con pasión los enterró en el hombro de Vladimir, para alimentarse de él, en todas las man

