Necesitada de ti

1761 Palabras
NISHA La noche siguiente, después de llegar a casa del trabajo y cenar, les di las buenas noches a todos y me fui a acostar a Flavia. Después, me di una ducha, me sequé el pelo con el secador y volví a mi habitación. Todo esto formaba parte de mi rutina nocturna, así que cuando encontré un conjunto de lencería rojo de tres piezas y una bata negra de seda cuidadosamente colocados sobre mi cama, me quedé paralizada. ¿Es esto? ¿Por fin voy a tener a Blake y Sandro? Me quedé mirando la ropa, emocionada pero asustada. No sabía qué esperar. A pesar de haber acordado oficialmente convertirme en su chica hace un mes, no me habían tocado. Y cada vez que les preguntaba por qué tardaban tanto, me decían que “no estaba preparada” o que “no era el momento” No sé qué tipo de perversiones tienen planeadas para mí, pero les dejé claro en qué quería participar y en qué no. Había algunas cosas de las que no estaba segura, pero soy una persona de mente abierta. Al ver la pequeña tarjeta blanca con mi nombre escrito en cursiva junto a la ropa, la cogí y la abrí para leer lo que había dentro. La nota decía: Ponte esto y ve al sótano. Dejé la tarjeta y volví a mirar la lencería. Ni siquiera sabía que tenían sótano. Creía que había estado en todas las habitaciones cuando Tyla me enseñó la casa, pero supongo que no. Quizás se le olvidó. Me encogí de hombros antes de quitarme la bata y ponerme el conjunto de lencería tal y como indicaba la tarjeta. Cuando terminé de vestirme, me giré para mirarme en el espejo geométrico que había sobre mi cómoda. Todo era muy rojo. Desde el sujetador y las braguitas de encaje hasta las medias hasta los muslos y el liguero. El color favorito de Blake debía de ser el rojo. Dejando mi cabello recién lavado y secado al aire, me puse la bata corta de seda negra y me até el cinturón a la cintura. Me puse unos zapatos de tacón de aguja negros que tenía debajo de la cama y salí de la habitación. Deambulé por la mansión hasta que finalmente encontré una puerta que conducía al sótano. Al bajar el último escalón, mis ojos se abrieron como platos. El interior de la habitación parecía sacado directamente de una revista erótica. Las paredes estaban pintadas de n***o y había juguetes s3xuales de todo tipo colgados o colocados en estantes. Había látigos, cadenas, vibradores y algunos juguetes desconocidos que no tenía ni idea de cómo funcionaban. Todo lo que se te pudiera ocurrir para usar durante el s3xo estaba allí. Me estremecí. La idea de usar algunos de esos instrumentos s3xuales me daba ganas de salir corriendo de la habitación y no volver jamás. Había una cama con plataforma tamaño King con sábanas y almohadas de satén n***o. La cama con dosel tenía cortinas negras transparentes, que podían utilizarse para la privacidad, la decoración o ambas cosas. No había edredón en la cama, así que supuse que no era para dormir. Tampoco es que pareciera lo suficientemente cómoda como para dormir en ella. Avanzando por la amplia habitación, con la mirada aún recorriendo el perímetro, me detuve y me quedé frente a los látigos. Definitivamente tendré que pasar de eso. Parece que duele. Con las yemas de los dedos, acaricié ligeramente los juguetes de cuero. No entiendo cómo alguien puede encontrar esto excitante. —¡No toques eso! —¡Mi3rda!—. Di un salto hacia atrás, con el corazón latiéndome con fuerza en el pecho al oír de repente la voz grave y ronca de Blake en mi oído. Me agarré el pecho, luchando por recuperar el aliento. Tiene la costumbre de hacer eso. A estas alturas ya debería estar acostumbrada, teniendo en cuenta las veces que me ha asustado sin querer, pero estoy lejos de estarlo. Su sigilo nunca deja de sorprenderme. Quizás era algo que tuvo que dominar en algún tipo de entrenamiento como guardaespaldas. —Lo siento, cariño. No quería asustarte. —No pasa nada—, murmuré, fijándome en la vestimenta de Blake. Se había quitado su traje y corbata habituales. Ahora solo llevaba unos pantalones de chándal grises que dejaban ver su considerable volumen. Me muerdo el labio y lo miro rápidamente cuando me doy cuenta de que lo he estado mirando más tiempo del debido. —¿Usas todos estos juguetes?—, le pregunto, con la curiosidad despertada. —Son los juguetes de Sandro. No son míos—, respondió, aún de pie cerca de la entrada. —Prefiero usar las partes de mi cuerpo para dar placer. —Ah. ¿Y dónde está él? —No se unirá a nosotros esta noche. —¿Por qué no?—, pregunté, incapaz de ocultar mi decepción. Blake se rió entre dientes, al notar la clara decepción en mi voz. Inmediatamente me disculpé. —Lo siento. No quería decir... Él negó con la cabeza. —No, no pasa nada. No eres la única mujer que preferiría que la f0llara ese idiota. —Blake—, empecé a decir. —No te preocupes, cariño. Soy un chico grande—. Me dedicó una hermosa sonrisa y cerré la boca. —Además—, su voz bajó una octava entera, y el sonido endureció mis pez0nes y humedeció mis bragas. —Estarás demasiado ocupada gritando mi nombre como para desear la atención de Sandro. Tragué saliva, con la v4gina palpitando ante sus palabras. —Quítate los zapatos—, ordenó, caminando descalzo por el suelo de madera oscura para sentarse en el borde de la cama. —No llevamos zapatos en esta habitación—. Se encogió de hombros. —Por los gérmenes, ya sabes. —Claro. Lo siento—. Me quité los tacones, los dejé cerca de la escalera y esperé las siguientes instrucciones de Blake. Me hizo señas con el dedo índice. —Ven aquí—. Una vez que estuve delante de él, sus ojos oscuros recorrieron mi cuerpo. —Quítate la bata. Desabroché el lazo de seda que rodeaba mi cintura, me quité lentamente la bata y la dejé caer hasta mis tobillos. Blake respiró hondo y se recompuso. —Túmbate en la cama con las piernas abiertas—, ordenó, poniéndose de pie y apartándose. Hice lo que me pidió, tumbándome boca arriba y manteniendo las piernas abiertas y flexionadas por las rodillas. —Jod3r—, gimió. —Ya estás mojada por mí—. Se pasó la mano por el pelo. —¿Podrías ser más perfecta?—, preguntó, más para sí mismo que para mí. Esperaba que hundiera la cabeza en mi v4gina y me comiera como un animal hambriento, pero en lugar de eso se subió a la cama y me besó apasionadamente. Deslizando su lengua entre mis labios entreabiertos, gime suavemente en mi boca. Se retira con bastante rapidez, sin darme tiempo a saborearlo realmente. Tengo que cerrar los puños para evitar tirar de su cabeza hacia abajo y estrellar mis labios contra los suyos. —Sandro no permite los besos—, susurra, con el pecho subiendo y bajando rápidamente. —Cree que besar es demasiado íntimo. Pero él no está aquí y yo me muero por saber a qué saben tus labios. —¿Y?—, pregunto sin aliento, respirando tan jadeante como él. —¿El sabor de mis labios ha cumplido tus expectativas? —Eso y más —respondió con una sonrisa—. No me importa romper las reglas, pero va a ser muy difícil no besarte cuando Sandro se una a nuestro pequeño dúo. Abrí los puños, todavía tratando de recuperar el aliento mientras lo miraba fijamente. No ayudaba que oliera a sándalo y a un ligero toque cítrico. Tampoco ayudaba que tuviera el cuerpo de un antiguo romano y que su p0lla casi me tocara a través de sus pantalones de chándal. —¿Hay alguna regla sobre chuparte la p0lla?—, solté, perdiendo la paciencia cuanto más bajaban mis ojos hacia el monstruo que se escondía en sus pantalones. Mi mano rozó su erecci0n y él se estremeció. Levantó las cejas y una sonrisa burlona se extendió por su rostro. —No, no la hay. —Me agarró la muñeca y apartó mi mano—. Pero le prometí a Sandro que iría despacio por tu bien. —¿Y si no quiero ir despacio? La lujuria brilló en sus ojos. —Por muy tentador que suene, no estás preparada. Puse los ojos en blanco, me senté erguida y resoplé. —¿Por qué sigues diciendo eso? ¿No he demostrado ya lo suficiente? ¡Me arrodillé ante ti, jod3r! No era mi intención gritarle, pero estoy muy necesitada de contacto físico. La última vez que sentí el contacto de un hombre fue en mi último año de universidad, en una fiesta de la fraternidad. Ahora tengo veintiséis años. Sin inmutarse por mi arrebato, se levantó de la cama. —Lo entiendo, pero... —¡Quiero que me f0lles, Blake! Eso sí que le hizo reaccionar. Sorprendido, con sus ojos marrones mirándome con asombro, parecía que quería sonreír, pero decidió mantener su expresión facial limitada. —Lo haré, con el tiempo. Te lo prometo. Pero hasta que no aprendas a seguir nuestras reglas, ninguno de los dos te f0llará. Empezó a alejarse y yo salí apresuradamente de la cama, me puse la bata y corrí tras él. —Espera, ¿adónde vas? ¿No podía ser eso lo que había estado esperando durante todo un mes? Lo único que hizo fue besarme. ¿Había echado a perder de alguna manera mis posibilidades de recibir más de él? —Esta noche era una prueba, Nisha. Me miró por encima del hombro, con los labios apretados en una fina línea para mostrar su decepción. Luego se dio la vuelta y desapareció por las escaleras antes de que pudiera detenerlo. Me quedé sola en su dormitorio con un dolor irresoluble entre los muslos y una insuperable sensación de frustración s3xual. Además de la excitación que sentía, también empezaba a sentir ira. Así que, cuando la última pizca de paciencia que me quedaba comenzó a desvanecerse, decidí que no iba a depender de ellos para que me dieran el placer que buscaba tan desesperadamente. Que le den al contrato. Si no quieren darme lo que quiero, lo buscaré en otra parte.
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