Capítulo 8

1610 Palabras
Los hombres se la llevaron a un claro en las adyacencias del pueblo y hay la lanzaron al suelo. Ella solo estaba angustiada de lo que le podrían hacer, entonces se levantó, cuando lo hizo uno de los hombre la golpeó fuertemente que cayó al suelo, con el labio roto, y la cara roja, se volvió a levantar. Entonces se dió cuenta que alguien estaba detrás de ella, cuando dió la vuelta lo vio era aquel hombre, que no le gustaba cuando Carlos los presento. — Tu... Que haces aquí y con estos hombres. — Mi bella indiecita, desde que te conocí te he deseado con todo mi ser. — Por Dios eres el mejor amigo de Carlos. — Si.. pero el no se merece nada de lo que tiene. — ¿Que quieres?. Selva se puso muy nerviosa, sabía que era lo que deseaba. — Ya veo que estás nerviosa, te debes de imaginar lo que deseo. — De mi no... obtendrás nada. — Que si no, agarrarla. Cuando los hombre la sostuvieron, Andrés Mancillo su dignidad, la tomo con gran brutalidad que la dejo en mal estado moral. Luego los otros hombre la tomaron igual que Andrés. — Eres la mejor mujer que he conocido. Cuando Andrés volvía a tomarla, ella ya no podía más y con violencia, agarro y lo rajuño con tal fuerza y el con tanta rabia la golpeó. Entonces al ver Andrés sangre que corría por su rostro, el la agarro con tal fuerza por los cabellos y saco de su alforja una daga. Cuando Selva miro la daga, se puso fría y sintió como el, la clavaba en su pecho, rasgando la carne y introduciéndose en su corazón que latía rápidamente. Ella cuando agarro la daga se había dado de cuenta que era su obsequio que le había dado si abuelo. — Silvia... Silvia despierta. Le decía su amiga Perla, estaba preocupada porque los gritos eran espeluznante, nunca la había oído gritar así. Silvia en su sueño vivido estaba deseperanda, no podía respirar cuando escucha la voz de su amiga, algo lejana, estaba en un niebla oscura, como flotando. Silvia abrió los ojos y sintió, que todavía llevaba en su corazón aquella herida de la infancia. Los reproches y críticas de sus conocidos, le habían dañado la imagen que tenía de ella misma y un profundo dolor atenazaba su corazón. Le preocupaba nuevas pesadillas que ella misma no entendía. — Estás bien Silvia, me asustaste. — Ahora tengo pesadillas constante y algo diferente. — ¡Ay por Dios que tan diferente! Bueno te acabo de escuchar y ese grito fue espeluznante, algo diferente tienes razón. — No... se son diferentes pero al despertar no recuerdo nada. — Vas a tener que ir de nuevo, con tu sicóloga. — Espero verla mañana. — Bueno vamos a dormir, si quieres me quedo velando tus sueños. — Gracias Perla. — Para eso estamos las amigas. Y le da un beso en la mejilla y Silvia la abraza y se queda dormida, igual que Perla al rato. Silvia se hundió en la tristeza a causa de la muerte de sus padres, provocada un terrible accidente dentro de un templo en la selva. Sentía como si su corazón se hubiera roto en mil pedazos, como si se lo hubieran arrancado. Estaba atravesando un período de profundo dolor. La doctora Magnolia no sabía que hacer en esos momentos, cuando llegaba a su consulta, algo preocupada y estresada. Silvia no conseguía aceptar la muertes de sus padres, y ahora con nuevas pesadillas, que no encontraba razón de ser. No tenía a nadie con quien compartir sus miedos y su aflicción. Solo con su amiga Perla, pero para ella no era igual. Además ella no quería ser una carga para nadie. Silvia se reservaba sus penas para ella y por consiguiente se sentía cada vez más apesadumbrada. Y en especial por nuevas experiencias, que vivía. El sufrimiento de Silvia desembocó en una depresión con unos síntomas cada vez más graves. Le costaba mucho dormir. Le resultaba difícil conciliar el sueño; se despertaba demasiado temprano por la mañana y era incapaz de volver a dormirse. Ahora iba a la consulta de magnolia muy seguido, hasta esa mañana que comenzó otra segunda regresión, una alternativa para sus nuevas pesadillas. — Que pasó Silvia, no es normal en ti, venir varias veces a mi consulta. — Ya no puedo más, tengo pesadillas nuevas, las cuales no recuerdo al despertar, y es algo real o no. — Bueno lo primero que tienes que hacer es calmarte y contarme los detalles. — La verdad es que he estado, muy estresada con muchas cosas, se las enumero, mi falta de sueño, unos documentos que me llegaron, y ahora que la nueva campaña de la agencia se realizará en la selva, y por cosas del destino en donde nací. Ahora me dirá si eso no es una estrés y con estás pesadillas nuevas, ya me siento agotada. — Recuerdo la primera sesión, que estuvimos cuando comenzamos este trabajo juntas, dedicada a recoger información sobre tu vida, a establecer un diagnóstico y un enfoque terapéutico y a plantar las semillas de la confianza en nuestra relación. El hielo se había roto. Por el momento, decidí no recetar ninguna clase de medicamentos o antidepresivos. Mi objetivo era curarte. Pero mira como te encuentras, muy atormentada. — No puedo pensar ya, no sé que hacer por eso cuando mi tío, me dió su número la llamé y fue se gran ayuda, pero miren ahora no sé que hacer con esto. Silvia levantaba las manos señalándose. En la siguiente sesión, que magnolia le decía, iniciaría el arduo viaje retrospectivo hacia el pasado. Silvia había llegado a un estado de hipnosis profunda que le había provocado la doctora, hablándole con voz suave y relajante. Muy concentrada, atendía a las instrucciones de Magnolia. En la primera sesión de terapia realizada con Silvia la doctora Magnolia, había practicado la hipnosis por primera vez con ella, debido a que sus pesadillas eran más consecutivas. Silvia había recordado algunos traumas de su infancia con bastante detalle y emoción. Normalmente, en la terapia de regresión, este proceso que reciba Silvia era algo nuevo y se le daba el nombre de «catarsis», en ello el paciente mejoraba su comportamiento. Pero los síntomas de Silvia seguían siendo graves. y la doctora Magnolia supuso que era mejor que ella continuara recordando episodios de su niñez aún más reprimidos. De esta manera podría mejorar. Conseguí que se trasladara a su infancia, pero no fue capaz de recordar nada significativo, que no allá sido, los de sus padres. — Silvia regresa al punto en donde tus síntomas empiezan a manifestarse, cuéntame qué pasó en esos pasillos del templo, que ocurrió con tus padres. Pero Silvia se encontró hablando diferente. — ¡Hace tanto tiempo! Y todavía sigo siendo la misma Joven. Lo único que envejecen son nuestras vidas. Donde estamos, los siglos sólo son como segundos, y después de vivir mil vidas, nuestros ojos empiezan a abrirse. — Que estás diciendo Silvia, que quieres decir con ello. La doctora se quedó atómica a escuchar aquello. — Veo unas escaleras de peldaños blancos que conducen a un pasillo largo, es como un templo con estatuas y con columnas, abierto. hay una puerta grande en la entrada. Llevo un vestido largo... Tengo el pelo n***o y largo, y lo llevo trenzado. Era una mujer joven llamada Selva que vivió hace más de tres siglos. Murió inesperadamente. Sólo siento un fuerte abrazo. Me ahogo. No puedo respirar, no puedo tragar... Me arrancan de las manos de mi amado. Magnolia ve que Silvia jadeaba y tenía dificultad para respirar. Era un emotivo recuerdo trágico. De repente, el cuerpo de Silvia se relajó por completo y empezó a respirar profunda y regularmente. — Solo veo una densa oscuridad. Veo nubes... Me siento triste pero se que mi amado vendrá por mi. Algún día estaremos juntos. Silvia estaba descansando. Aquella vida había terminado. Aunque ni ella ni yo creíamos en otras vidas, acabábamos de vivir intensamente una experiencia ancestral. La primera sección de Silvia y la doctora se sentía intrigada. — Vaya que ha pasado. — Solo un pasado que es vivido. — No comprendo. — Cuando haces esto de hipnosis regresas a una vida que tuviste. — Pero no recuerdo nada. — A veces pasa que no recordamos nada. — Pero eso tiene que ver con mis pesadillas. — Puede ser que influya en tus pesadillas. — Oh Magnolia, estoy tan desorientada, no se que hacer con todo esto. — No te preocupes yo te ayudaré. — Espero que tengas razón y estás cosas pasen. — Lo que me intriga es que ese pasado es muy marcado vivido. — Tal vez sea mi niñez, en la selva. — Quizás pero como lo dices, pareciera otra persona. — Otra mujer. — Bueno una mujer que tal vez este reencarnada en ti. — Doctora no creo mucho en esa cosas. — Bueno tienes razón pero siempre hay una primera vez. — Tengo que retirarme. — Si claro anda. Aquellas palabras de la doctora la dejaron pensativa, una reencarnación bueno cada loco con su dilema decía ella. Pero aquello podría tener razón, que allá vivido otra vida, pero quién era en esa vida. Eso era algo extraño para Silvia que vivía en una ciudad cosmopolita, y su entendimiento eran otros. Pero trataría de intentar comprender más sus pesadillas, si averiguara quien era ella antes, mucho antes de nacer porque no, tenía que pensarlo y hacerlo. Pero eso la llevaría a otra encrucijada su pasado también y la conexión con ese templo.
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