capítulo 7

1653 Palabras
Carlos Eduardo no respondió de inmediato. Sus ojos guiaban su mente por una odisea a través de las llamas del tiempo, un pasado y un presente, ya le había ocurrido varias veces. En las lenguas del fuego se dibujaba, el rostro de una joven mujer, tal vez una adolescente, y recordaba cómo, aquella misma noche, le asombró descubrir que se había entregado a el no podía dejar de pensar en las sensaciones que sentía, era acomo así fuera real, pero no estaba en medio de una fogata, en ella se refleja en fuego ardiente chispear. Lucy que estaba a su lado, se quedó muy seria frunciendo el ceño de lo normal, lo llamo por su apodo. — Cal, cal despierta está en trance de nuevo que le pasa. Cómo no respondían lo zarandío fuertemente, hasta que Carlos Eduardo tomo razón de si vida en un presente. — Que le ocurre profesor, ya sería la segunda vez que se pone así, le ocurre algo, llamo a Andrés. — No... estoy bien solo que no he dormido bien en estos días. — Me hace pensar, que ese manuscrito tiene que ver algo, desde que llego a sus manos. A cambiado cosas en usted. — !Oh por Dios Luci, no es nada! — Eso espero profesor. — No te preocupes, Luci estaré bien ya lo verás. — Es muy extraño en usted por su forma de ser. — Bueno ya vamos a ver qué hacemos. El pensar en ese manuscrito que había sido escrito por un arquilogo particularmente de Inglaterra hace muchos años y en una lengua no muy común. Carlos Eduardo se había preparado para traducir un texto, que tal vez, su padre había leído también lo emocionaba, y en su lugar de ello había recibido la mayor sorpresa de su vida. —¿Profesor Carlos? Dijo Luci en voz baja. Ella lo había visto así con anterioridad, en trance, como si no estuviera allí, si no en otro lugar. Y de nuevo lo estaba haciendo. — Profesor Carlos se encuentra usted bien. — Ya le he dicho que si me encuentro bien. — Pero... es que... — Nada Luci deja de decir cosas. El Profesor miraba lejano, diviso en sus pensamientos un templo de gran envergadura, cuando se detuvo frente a la impresionante estatua de la entrada, algo lo hizo regresar. — El único verdadero amor de su vida, soy yo amor, te amo tanto. Aquella voz pareció hacer que Carlos se encerrará en sí mismo, que perdiera el contacto con la realidad. — ¿Profesor? — ¿Hum?. Volvió rápidamente en sí. — Oh, lo siento. Estaba distraído, supongo. — Profesor que es, lo que le ocurre. — Me hablabas de las copias de un manuscrito que hemos visto. — ¡Profesor! en verdad que está perdido, cada vez qué está así, no sabe lo que dice. — La verdad desde que a mi padre le enviaron ese manuscrito, supongo que es un descubrimiento de gran importancia. — Entonces ¿Por qué? ¿De donde proceden esos documentos?. — No lo sé para eso estoy aquí. — Pero ya varias veces lo he visto que está como en trance, en serio está bien profesor. — Si... Carlos sonrió y tomó un sorbo de agua. Los conocimientos de sus alumnos sobre manuscritos antiguos eran los de un profano: en el mejor de los casos, los manuscritos de aquel hombre. Quizá también Tácito. Pero, al fin y al cabo, Luci y Andrés eran sus alumnos, y no sabían mucho de esos documentos. — Esos documentos, vienen de Inglaterra, de un arquilogo. — Pero no saben su nombre. — Solo se que los envío algún problema. — No creo profesor. — Pero da curiosidad de saber quién es ese arquilogo que mando ese manuscrito a su padre. Luci y Andrés estaban sentados con el, en el suelo, frente a la hoguera. Carlos se desplazó ligeramente hacia un lado para verlos mejor y vaciló, antes de proseguir. — Estos manuscrito fueron hallados bajo lo que apuntan ser las ruinas de una antigua morada, tal vez una casa, en un lugar de esta selva. ¿Les dice algo eso? Ellos sacudió la cabeza. La luz del fuego convertía sus cabellos en bronce bruñido. —Bueno, hace unos seis meses, mi padre me habló de gestionar, por fin, el permiso del gobierno para llevar a cabo una excavación en la región de Egipto, El principal interés de mi padre, como estoy seguro de que le he contado a ustedes, son los tres primeros siglos de nuestra era. De cualquier modo, juntando unas pistas con otras, Mi padre logro algo, se que tuvo un fuerte presentimiento acerca de un área de excavación, que no describió, y presentó sus argumentos así. Luego, se marchó hace cinco meses con un grupo arqueológico, estableció un campamento cerca de esta selva y comenzó a excavar. Carlos se interrumpió en este punto, suspiro y se acomodó mejor. — Yo entraré en los progresos que hizo, se que valieron la pena. Sin embargo, lo que en principio buscaba, nunca apareció. Estaba equivocado. Mas, accidentalmente, topó con algo más, algo de tal importancia que me llamó desde la selva hace dos meses. Había encontrado un templo, dijo, tan herméticamente sellado y enterrado, que los había mantenido en excelente estado de conservación. — Pero profesor dónde esta... — El templo está en un área extensa, de aqui que las ruinas sobrevivieran al deterioro habitual causado por la humedad. Lo mismo ocurre con los papiros que me enviaron. Pero aún no sé quién los envío. — Pero todo esto es real, profesor Carlos. — Yo creo que es muy real, y está muy escondido en algo lugar de la selva. — Pero la selva es extensa profesor. — Bueno tendré que ver la última señalización de mi padre. — Suena bien. Después de aquello, se fueron a dormir. Entre el sonido de la selva y los pensamientos de Carlos, volvió a ponerse en trance, y ráfagas de una vida pasada, estaban frente a sus ojos. "Selva poco a poco fue levantado el rostro, el cual tenía inclinado así abajo por respeto a las personas como le habían enseñado. Al hacerlo El hombre le miro y le dice. — Eres lo más bello que he visto nunca. — Porque lo dice de esa manera. — Eres diferente a los esclavos, tu color, en todo, tu piel, el cabello, y esos ojos. — Soy mestiza entre blanco y indio no lo vez. — Solo veo una criatura asustada de mi. — Bueno si, por la manera como me trato. — También, hablas muy bien para ser una esclava. — Tuve la dicha de ser enseñada por monjes de un monasterio, pero ya ve como todo esclavo mi destino es este, servir a los demás. Carlos la miraba con los ojos bien abiertos, con una emoción. Sacudió la cabeza y se mesó el pelo, gesto habitual en él cuando se ponía a pesar en algo". Cuando volvió en si, estaba en medio de la aldea caminaba dormido. Al tomar conciencia quedó muy sorprendido, se estaba volviendo loco, con esos retazos de algo real o no. Entonces decidió caminar un rato, cuando se tropezó con el chamán de la aldea o tribu. — Son pensamientos o recuerdos. — Chamán, que hace aquí. — Ví, cuando salias de la choza, estabas como en trance por eso te seguí. — Siento que estoy perdiendo la razón. — Aquí hay alguien para escucharte. — Y me creería, lo que le podría decir. — Todo en esta vida. — Desde que mi... padre... — Tu padre estuvo por aquí un tiempo. En aquel momento, Carlos, con la imaginación encendida, se puso también a mirar la selva. — ¿Qué antigüedad tienen esos manuscritos que tu padre te dejo? — Como lo sabe, además no sé con seguridad. La última palabra nos corresponde a mí y a otro doctor, que pronto llegará acá. Vendrá hacer un análisis químico, mi padre estimó la edad de esto. Saco un diamante incrustados en una anillo. — Esto lo contenía los manuscritos, pero no con demasiada exactitud. El papiro y la tinta fueron también analizados, y eso tampoco fue concluyente. El resultado depende de mí y, como he dicho, de otra persona. — ¿Porqué tu padre, te eligió a ti? — Soy su único hijo. — A ok. — Además no soy buen traductor, por eso va a venir un colega. Además sabemos guardar secretos. — ¿Qué secreto? — Bueno, chamán en su mayor parte se trata de política interna. En ocasiones precisamente una buena idea mantener oculto un descubrimiento fantástico durante un tiempo, hasta que lo tienes todo preparado y listo para hacerlo público. Podría ser atacado y entonces tendrías que defenderlo. En nuestra especialidad, siempre hay pequeños celos. Carlos no deseaba ir más lejos. el chamán no lo comprendería. En realidad, nadie ajeno a ese campo lo haría, puesto que no era fácil de explicar. Incluso los manuscritos provocaron controversias entre los académicos del mundo entero. Los científicos son así. — Todavía no me has contado qué tienen de especial esos manuscritos y que tiene que ver con la selva. — Bueno, por un lado, son los primeros de su especie hallados por nadie, en ningún sitio. Todos los demás manuscritos antiguos que hay actualmente en todos los museos y universidades del mundo son sobre todo del mismo tipo: religiosos. Pero este es algo majestuoso grande, y está aquí en la selva. — Que te hace pensé eso muchacho. — Se que mi padre estuvo cerca. — Si pero se perdió en la selva y lo encontraron muerto a las orillas del Orinoco con otra colega. — La verdad que es algo misterioso, pero esto es grande Tacubay. Carlos pensaba en ese hallazgo que su padre había encontrado, pero al morir no dejo rastro alguno dónde poder comenzar.
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