Silvia llegó a casa de su tío a preguntarle si sabía algo sobre lo que había apareció en el diario antes de irse a su trabajo paso primero por allá.
— Buenos días, tío como estás ya leyó lo del periódico de hoy. Él le dice.
— Sobrina que paso de dónde sacaron esa información de mi hermano y cuñada. Me preocupa tu seguridad eres muy importante para nuestra familia y descubrir que eres la hija de estos científicos es un riesgo para la tribu que está oculta en la selva.
— Lo se tío, pero no entiendo cómo se coló esa información al el periódico.
— Alguien tuvo que ha verla enviado, eso es muy bajo.
— Si pero quién, y la verdad esto me tiene alterada.
Silvia pensando quien podría haber ha sido le dice.
– Yo opino tío que el señor Carlos la torre ya sabía de la existencia mía y de mis padres. Él quería saber sobre el misterio de ese templo algo que nunca podré olvidar no sé que hay en ese lugar. Por eso mis padres murieron dentro de esas paredes de ese templo en ruinas todos quieren buscar un tesoro que tal vez no exista.
— No tengo explicación alguna de ello, lo único que sé que mi hermano murió allí dentro.
— Por Dios tío cuando se olvidara de todo esto.
— No lo sé sobrina, pero me imagino
que todo esto se olvidara algún día.
— Creo que no tío ese doctor Carlos supo mucho y por eso murió.
— No lo creo sobrina, Carlos solo era un científico.
— Científico que quería buscar ese templo.
— Sabes que eso está oculto, ahora todo en mundo sabe de eso.
— Solo tío no se que hacer.
— Bueno solo esperar a saber más.
Aquella conversación llegó hasta allí y cada quien se fue a su trabajo. Un poco tensa por lo ocurrido en el diario de esa mañana, aun así se fue a la agencia para saber cuándo comenzaban las campañas nuevas.
Pero lo que ella no sabía era que viajaría a donde ella no quería ir, durante todos esos años que había pasado. Al llegar a la agencia Perla le dice.
— Adivina amiga, a donde vamos a realizar la campaña. Silvia se puso a adivinar.
— La playa, nieve, no me digas que en el extranjero vamos a hacer esa campaña. Perla le dice con una cara de sorpresa.
— Pues a donde tú no quieres ir, el jefe va a hacer la campaña en el Amazonas y adivina donde es la locación. Silvia preocupaba le dice.
— Donde nací verdad, en la aldea Nomaknatut cierto.
— Pues amiga de esta forma es la cosa, parece que una persona le aconsejo ese lugar, y me acordé de ti, que habías nacido allí. Y me acabo de enterar de ello no hace poco y quería decírtelo primero antes que los jefes. Te dieran la noticia cuando te vean.
— Por Dios esto nunca va a terminar, para mí.
— Porque dices eso.
— Bueno no te has dado cuenta lo del periódico y ahora esto
— Bueno amiga tiene que enfrentar tu pasado, quieras o no.
— Un pasado que aún no recuerdo bien.
— Vamos amiga deja de lamentarte, veamos la cosa de otra manera.
— Será... Bueno será...
Mientras que transcurría el día en la casa de la torre la esposa de Carlos la Torre estaba desesperada por la noticia de su esposo, esperaban su cadáver ese día que aún no había llegado. Carmela lloraba con profundo dolor. Un dolor desgarrador por su marido su hijo Carlos Eduardo le decía.
— Calmante madre estás muy alterada.
— Calmarme, tu padre murió me dejó sola.
— No podemos hacer nada más.
— Oh Dios mío como paso esto, siempre se lo decía.
— Que mamá que no fuera a la evacuaciones en la selva.
— Tu también me vas a reprochar esto.
Su madre se acerca a él y le dice con muchas lágrimas en sus ojos por el dolor eran años junto a Carlos de la torre ahora estar sin él le dolía mucho.
— No es fácil Carlos Eduardo, hijo mío es demasiado dolor, no ver a tu padre más.
— Pero pasará mamá.
— Pasará si pero tengo miedo.
— Miedo a qué mamá.
— A que hagas lo mismo de tu papá.
Carlos Eduardo la abraza fuerte en su pecho, y le da un beso en la frente. Ella sollozando fuerte, se acurruca en su pecho para soportar aquel dolor tan grande. De esa perdida, en eso su madre se separa de su pecho y le grita con histeria.
— Tu padre perdió la vida por buscar un bendito templo que no existe, y una mujer que tampoco existe.
— Ya mamá deja de pensar en esa cosas.
— No puedo, no puedo imaginarme que estaré sola, que tú padre este muerto.
Carlos la lleva a su cuarto y decide inyectar le un calmante. Al salir de la habitación llama a sus tres alumnos que lo acompañaban ese día y les dice.
— Mi madre esta muy mal con esta sorpresa de la muerte de mi padre, acabo de inyectar le un calmante para tranquilizarla. Uno de sus alumnos dice con preocupación.
— Profesor si su madre se entera de que ha estado en la selva, y que acaba de llegar para después irse, cuando entierren a su padre se pondrá más histérica y preocupada.
Carlos Eduardo habla con ellos y les dice.
— Marina tú te quedarás ayudar a mi madre, sé que se llevan bien las dos. Román y lucy están en la selva y espera mi regreso, sé que serán de mucha ayuda.
Marina estaba sorprendido porque al fin la tomaban en cuenta. Mientras el profesor Carlos viajará a la selva ella cuidaría de la madre del profesor. Después del entierro de su padre Carlos la Torre. El funeral fue muy concurrido con muchas personas, las cuales fueron al velatorio y al entierro.
Al llegar todos a la casa de la Torre Carlos tenía todo preparado para salir esa misma tarde a la selva. Dejando a su madre con Marina.
Ese mismo día Silvia volvía a entrar en el consultorio de psiquiatra, y amiga de toda la vida a una consulta nueva. Silvia esperaba que saliera un paciente y observaba el lugar, y recordando tantas citas a esperas. Y el opaco y sobrio del sitio. Entre blanco y un verde agua, siempre le hacía recordar la selva, pero pronto volvería allá de nuevo. En eso interrumpe la secretaria
— Ya puede pasar Silvia.
— Gracias Estela.
Al entrar en el consultorio respira profundamente mira a su doctora y amiga.
— Ya no puedo más Magnolia no sé qué hacer con todo esto.
— Que pasa Silvia, siéntate y cuéntame.
— Como siempre en el diván.
— Si mi querida amiga ya no eres pequeña, eres una mujer hermosa, vamos cuéntame qué te trae por aquí.
— lo que me trae por acá a tu consultorio, es que en mi trabajo los jefes decidieron hacer una nueva campaña de ropa Spot en la selva.
— Y entonces estás preocupada, por lo que puedas encontrar allí, el diván es todo tuyo.
Esmeralda se sienta en el diván y se pone cómoda y dice.
— En unos días salgo a la selva, y quería saber si vas a tomar esas vacaciones que tanto me decía.
— Siempre he soñado esas vacaciones, que tienes en mente Silvia.
— Le propongo algo, que vaya conmigo a la selva, todos los gastos pagos y así conocerá donde nací y esa oportunidad de sus vacaciones.
— Sería algo interesante, nuevo y mmm puede ser mis vacaciones.
— Piensa lo amiga y me dice antes que me vaya a la selva.
— Ok te aviso hoy por la noche, pero aparte de todo esto, que te trajo hasta mi consultorio.
— Bueno aparte de eso vengo a que me ayudes, sabes tengo pesadillas nuevas, lugares extraños.
— Eso si es algo interesante, pesadillas nuevas.
— Bueno, Magnolia tengo pesadillas más consecutivas de mi niñez, pero tengo sueños más raros, dónde doy asesinada, y muero siento un sentimiento tan profundo de tristeza.
— Bueno hay que ver porque él cambió de pesadilla, podemos tratar con lo que ya estamos haciendo regresiones.
— Bueno probemos de nuevos, que puede hacer por mí.
La doctora enciende un equipo con música de relajación y vuelve al lado de Silvia
— Puedes cerrar los ojos y comencemos.
Silvia se relaja y comienza a hablar de todo su pasado donde nació, donde creció todos sus más bellos recuerdos.
— La verdad amiga soy la primera en la línea directa de un trono real, bueno soy una princesa indígena. Aunque eso es en mi tribu, fuera de ella no soy nadie, simplemente una plebeya. Silvia se reía.
— Nunca me hablaste de ello, porque.
— Hay cosas que nunca he dicho, como que mis padres son los que nombran en las noticias, cosas que salieron en la prensa de ante ayer.
— Caramba Silvia me dejas con la boca abierta, de verdad hay cosas de ti que aún no sé, me has ocultado otras cosas Silvia.
— No solo eso amiga, pensé que olvidando me de todo mi pasado iba, hacer feliz.
— Y no fue si verdad, ahora te topaz con esto.
— Con este mounstro que no me deja en paz, estoy mal por ello.
— Pero yo me siento feliz mi amiga es una princesa bella.
— Pero no acá es allá que soy una princesa.
— Igual te quiero.