Capítulo 9

1615 Palabras
Selva poco a poco fue levantado el rostro, el cual tenía inclinado así abajo por respeto a las personas como le habían enseñado. Al hacerlo El hombre le miro y le dice. — Eres lo más bello que he visto nunca. — Porque lo dice de esa manera. — Eres diferente a los esclavos, tu color, en todo, tu piel, el cabello, y esos ojos. — Soy mestiza entre blanco y indio no lo vez. — Solo veo una criatura asustada de mi. — Bueno si, por la manera como me trato. — También, hablas muy bien para ser una esclava. — Tuve la dicha de ser enseñada por monjes de un monasterio, pero ya ve como todo esclavo mi destino es este, servir a los demás. Carlos la miraba con los ojos bien abiertos, con una emoción. Sacudió la cabeza y se mesó el pelo, gesto habitual en él cuando se ponía a pesar en algo. — ¡Profesor, profesor! Lucy se acercó a él para sacarlo de aquel trance, pero Lucy dio se acercó a el, llamándolo por su nombre, lo sujetó y lo zarandeó. Carlos seguía sin reaccionar. De pronto volvió en si y se les queda viendo. — Profesor se encuentra usted bien. Carlos Eduardo estaba confuso otra vez estaba soñando despierto, no comprendía esas imágenes que el veía, no entendía nada. Ya le preocupaba la situación. — Si... Si me siento bien. Lucy entre cerro los ojos y le dice. — No le creo profesor estaba como en trance, como si no estuviera aquí, ya no es la primer vez que lo veo así. — Si profesor Carlos no es la primera vez, no ha tratado de averiguar qué son esos sueños despiertos. — Gracias muchachos por preocuparse por mi, cuando tenga tiempo iré a un sicólogo y gracias por su preocupación. — De nada profesor, pero debería ir a un médico urgente para que lo ayuden. — Ok, cuando tenga tiempo iré ya les dije, ahora necesito hablar con chamán. Carlos Eduardo se dirigió a la choza del jefe de la tribu, necesitaba hablar con alguien y ese era el jefe. Carlos Eduardo pasó de esa situación a los pensamientos vagos y dijo que ya estaba bueno con soñar despierto y ver a una joven mujer morir y sus manos. Sabía por experiencia propia que la noticia que lo tenía preocupado hacía abasto en el, con esos pensamientos y también lo del documento ese manuscrito, esa información no tardaría en filtrarse, sería un tormento para el y su madre. Las publicaciones sería asombrosa. Su nombre, Carlos Eduardo la Torre, quedaría irremediablemente unido al descubrimiento, y él se encontraría de pronto bajo un foco de atención con el que a menudo había soñado. El fuego crepitó y las llamas explotaron con cálido fulgor. En algún lugar cercano alguien respiraba suavemente. Carlos sintió su rostro ponerse progresivamente caliente ya fuera por el fuego exterior, ya por el fuego interior. Cuando su mente se volvió volvió perezosa y volvió de nuevo en trance. Surgieron imagines fortuitas y, por casualidad, apareció en su mente una noche, de un momento a otro, su corazón vibraba de emoción. Lo siguiente que escucho fue al jefe de la tribu, que hablaba en una lengua extraña y lo sentí frente al fuego que tenía encendido en la choza, después de unos largos minutos Carlos reaccionó, el chamán lo observaba del otro lado, no dejaba de mirarlo y me dice. — Los recuerdos de una vida pasada, te están atormentando. — Que está diciendo, no comprendo sus palabras. — Ha estado en trance por unos cuantos minutos, sus mirada fija así un punto infinito, que es lo que ve. — A una mujer joven morir, luego mucha bulla y después un silencio, un vacío. — Usted está marcado por un pasado. — Bueno, aún no sé que significa lo que me dice. — Los espíritu lo buscan, y también está muy cerca de esa mujer. — La única mujer que conozco, es mi prometida Angi. — No hablo de esa mujer, los espíritus dicen que está ligado a una mujer, que aunque en el más allá, ella no esté, siempre su amor estará vivo. — No he conocido ninguna otra mujer, además no vine aquí por eso, he venido hablar de otra cosa. — Si no es de sus sueños, de que se trata. — Quería enseñarle algo. — Que me quiere enseñar muchacho, eres como tu padre, curioso. — No puedo negarlo es mi padre, pero al grano. Carlos se sentado con el chamán frente al fuego y tomando un poco de una brebaje que hizo el chamán, Carlos comenzó a dejarse llevar por un mundo de preguntas e imaginaciones, preguntas que, hasta ahora, no se le habían ocurrido. — Hay unos documentos, que llegaron a las manos de mi padre, un manuscrito. Era algo extraño ¿Que un científico confiara su vida en un papel? ¿Qué motivo hizo hacer eso, algo tan infrecuente entre los hombres de esa época: escribir sus pensamientos con tinta en un papel? ¿Qué motivo le persuadió guardar esos manuscritos, esas palabras dirigidas a quien?. Ese hombre había guardado cuidadosamente esos textos que , para la posteridad, Porque chamán. — Pero fíjate muchacho, hay también una maldición que se habla de generación en generación. — ¡Y luego esa extraña maldición! mato a mi padre. Esos manuscritos deben de revelar algo importante, si mi padre llegó a tales cosas para protegerlos. Porque esa muerte tan extraña. — Carlos cómo te he dicho, tu padre debe haber averiguado algo. — Como que para que muriera. — Eso lo tienes que averiguar tú. — Yo jefe, pero como si ando perdido. — No estás perdido estás en buen camino solo revisa bien las cosas. — Esto me tiene mal. Carlos comenzó a pensar en esos documentos de su padre. Sabía que el estaba irremediablemente unido a ese descubrimiento, y él se encontraría de pronto bajo un foco de atención de todo aquello. — Se que mi padre descubrió algo, en este lugar, pero no sé que fue. — Como sabes que descubrió algo. — Papá me llamo un día antes de que muriera, me dijo que había encontrado algo grande. — El cuando estuvo aquí nunca, dijo nada. — No se porque no le dijo nada, aunque papá a veces era receloso con sus cosas. — Te puedo hacer un pregunta muchacho. — Claro chamán dígame. — No preguntaré por tu padre, si no de ti. — Que quieres saber, jefe dígame sea directo. — Ay algo en ti, que me dice que vas a conocer a alguien importante. — Va ha seguir con eso de la mujer misteriosa. — Se que esa mujer misteriosa, tiene que ver con tu vida, pero también con tu padre y ese templo. — Por favor Tacubay, me va a decir que en ese templo, está esa tal diosa. — No menosprecies lo que tú padre investigo. — Me va a decir que mi padre murió, por una mujer muerta, por favor Tacubay no me vaya a decir eso. — Eso puede ser verdad, tu padre ha veces hablaba de una diosa enterrada en un templo. — Seguro tenia momentos de locuras. — Bueno muchacho, mejor que se vaya a dormir y solo espere las sorpresas de la vida y sus secretos guardados. — Espero que esa maldición que tanto nombra no exista. — Vaya a dormir y descanse. Sin embargo, Carlos no había empezado a leer los manuscrito, durante cuatro días y hasta esa noche, que se volví a reunir con el jefe de la tribu. — ¿Crees que habrá más, documentos Tacubay? — Espero que sí. Ruego a los espíritus que los haya. Carlos le miró de reojo. — Pero hace unas noches me ha dicho cosas. — Si se lo dije, pero no quiere creerme que le digo al de verdad. — Explíqueme. — Hace mucho tiempo cuánta una leyenda sobre esa mujer, y una maldición. — Y que se decía. — Que en un templo no muy lejos se aquí, está enterrada una mujer hermosa, ella fue el amor de un príncipe, pero murió. — Que le pasó. — Solo se cuenta que ella está allí afuera en las paredes de un templo, esperando que su amor vaya a buscarla. — Y que hay de la maldición. — Que el que profane su descanso será maldito y más alas de la muerte le llegará. — Será verdad por eso papá murió. — No lo sé, lo único fue que dejó la aldea y se interno en la selva. — Pobre papá. — Muy bien vasta de hablar de esto, y vamos a descansar. — comprendo jefe, entonces pronto volveremos ha hablar. Entonces se levantaron a la vez y se despidieron, ha veces Carlos podía ser apasionado espiritualmente, con cosas que le aficionaban. Y esos documentos lo tenían loco. — No olvides el pasado muchacho. Le murmuró el chamán. Carlos pensó en ese pasado, pero cuál porque no entendía nada, solo que nació en una familia, que lo amo mucho. Que estudio y fue una chico inteligente, que sacaba buenas noche, pero el chamán decía sobre una mujer, y el solo conocía a Angi su prometida, que estuvo con el por mucho tiempo, casi cinco años juntos eso era bueno para el. Angi su eterna enamorada pero muy orgullosa y posesiva. Pero aún así la amaba. O no estaba ahora confuso con esas palabras de el jefe de la tribu, como iba a dejar de pensar en su novia, su compañera. Eso no podía ser verdad y se quedó con esos pensamientos.
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