capítulo 4

1616 Palabras
Ruego ahora, hijo mío, al Dios Todopoderoso para que Él te conduzca al escondite de este gran tesoro. Ruego con todo mi corazón y con todas mis fuerzas, amén de con mayor desesperación que si implorase que tuviera piedad de mi alma, que un día no muy lejano, amadísimo hijo, leas estas palabras. No me juzgues, ya que éste el privilegio sólo de Dios. Acuérdate de mí en tus momentos difíciles y recuerda que te amé por encima de todo. Y cuando nuestro mundos sean separados, con la benevolencia de Dios, verás entre ellos el padre rostro de ti hijo. — Profesor esos son los escritos de su padre. — Si, Andrés son los escritos de mi padre, pero este nunca lo he leído. — Bueno tenemos tiempo para hacerlo profesor. — Papá dejo muchas cosas a mitad, después que se fue a la selva. — No creo que se moleste si revisa todas sus cosas. — Puede ser comenzaremos por aquí. — Profesor usted cree que su padre allá averiguado algo. — Papá era muy inteligente y también obsesionado cuando le gustaba algo. — Y a su padre le gustaba ese tal templo, en los periódicos hablan de él. — Lo se leí la noticia de esta mañana, es muy interesante lo que dicen de el. — Y usted seguirá sus pasos, profesor va averiguar qué pasó en la selva y porque murió. — Es lo que me dejó, tengo que hacerlo. — Bueno profesor lo Acompaño en ellos. — Lo único es mi madre que tal vez la dejé sola. — Supongo que después la llevará a dónde está usted trabajando. — Será más adelante. — Bueno profesor sigamos con lo que está haciendo. Mientras que Silvia llego a casa de su tío a preguntarle si sabía algo sobre lo que había apareció en el diario antes de irse a su trabajo paso primero por allá. — Buenos días tío como estás ya leyó lo del periódico de hoy. El le dice. — Sobrina que paso de dónde sacaron esa información de mi hermano y cuñada. Me preocupa tu seguridad eres muy importante para nuestra familia y descubrir que eres la hija de estos científicos es un riesgo para la tribu que esta oculta en la selva. Esmeralda pensando quien podría a ver sido dice. — Yo pienso tío que el señor Carlos la torre ya sabía de la existencia mía y de mis padres. El quería saber sobre el misterio de ese templo algo que nunca podré olvidar no se que hay en ese lugar. Por eso mis padres murieron dentro de esas paredes de ese templo en ruinas todos quieren buscar un tesoro que tal vez no exista no lo sé. — Eso aún no lo sabes pero estoy seguro que todo esto tiene que ver con el templo que mi hermano estaba buscando. — Y usted cree que eso sea cierto, que todo tenga que ver con el templo — Estoy seguro sobrina. — Pero no se si es real o para mí fue un sueño. — Tal vez no sea sueño que piensa tu. — Que estuve allí adentro y mis padres murieron allí dentro, con trampas que aún estaban activas. — Y como lo sabes si dices que puede ser un sueño. — Por Dios tío estuve allí dentro. — Está bien no te molestes. — Disculpa tí. — Se que estás preocupada. — Si tío estoy muy preocupada, por todo esto y por las cosas que se pueden avecinar, la verdad que los periódicos son amarillistas y morbosos. — Son personas que cobran por ello Silvia. — Pero para poner a otras personas en tela de juicio eso no. — Bueno cada reportero tiene su forma de actuar, de escribir de hacer las cosas diferentes. — Pero ha veces meten en problemas a otras, como a mí. — Oh Silvia no estás aún en problema solo que mencionaron a tus padres allí. — Si pero eso estás muy lejos de ti, al menos que tu le pongas importancia. — Tío... — Nada y vamos que es tarde. Aquella conversación llego hasta ahí y cada quien se fue a sus trabajo. Un poco tensa por lo ocurrido en el diario de esa mañana se fue a la agencia para saber cuándo comenzaban la campaña pero lo que ella no sabía era que viajaría a donde ella no quería ir durante todos esos años que habían pasado y era la selva al llegar al trabajo Perla le dice. — Adivina a donde vamos a realizar la campaña. Silvia adivinando dice. — La playa, nieve, no me digas que en el extranjero. Perla le responde con una sorpresa. — Pues a donde tu no quieres ir al Amazonas selva adentro y adivina donde es la locación. Esmeralda le preocupaba y muy pensativa le dice. — Donde nací en la aldea Nomaknatut verdad. — Pues amiga así es la cosa me acabo de enterar hace un rato y te quería decírtelo primero antes que los jefes ellos te dieran la noticia cuando te vean. — Bueno nunca me imaginé eso, tendré que enfrentar mis demonios verdad. — Amiga no lo sé. — Pues si no sabes menos yo. La verdad no se que haré cuando esté allí en la selva. — Vamos amiga no es tan malo como piensas. — Tal vez para ti, que nunca has estado en la selva. — Bueno será una experiencia nueva no crees, no estés triste Silvia — Que se le va hacer amiga seguir adelante con todo esto. Mientras transcurría el día en la casa de la torre la esposa de Carlos la Torre estaba desesperada por la noticia de su esposo, esperaban su cadáver ese día que aun no había llegado. Carmela lloraba con profundo dolor. Un dolor desgarrador por su marido su hijo Luis Carlos le decía. — Calmante madre estas muy alterada. Su madre se acerca a el y le dice con muchas lágrimas en sus ojos por el dolor eran años junto a Carlos de la torre ahora estar sin el le dolía mucho. — No es fácil Luis hijo mío es demasiado. Entonces Carlos Eduardo la abraza fuerte en su pecho y le da un beso en la frente. Ella sollozando fuerte se acurruca en su pecho para soportar aquel dolor tan grande de esa perdida en eso su madre se separo de su pecho y le grita con histeria. — Tu padre perdió la vida por buscar un bendito templo que no existe. e Entonces Luis Carlos la lleva a su cuarto y decide inyectarle un calmante al salir de la habitación llama a sus tres alumnos que lo acompañaban y les dice. — Mi madre esta muy mal con esta sorpresa de la muerte de mi padre acabo de inyectarle un calmante para tranquilizarla — uno de los alumno dice con preocupación. — Profesor si su madre se entera que viajara a la selva después del entierro de su padre se va a poner mas histerica. Entonces Luis Carlos habla con ellos y les dice. — Marina tu te quedaras ayudar a mi madre se que se llevan bien las dos. Tu Andre y lucí irán conmigo en especial tu Andre que sabes mas de la selva que yo y todos juntos. — Ok profesor yo cuidare de ella. — Gracias marina, este una buena persona. — Siempre he ayudado a las personas, y gracias a usted por dejarme cuidar a su madre. — Si mientras resuelvo cosas que papá dejo a medias. — Bueno profesor no se preocupe por ella estará en buenas manos. — Confío en ti Marina, y bueno gracias de nuevo. — De nada profesor siempre a sus órdenes. Carlos Eduardo regresó al escritorio y miró hacia abajo. Sobre la mesa, una gata lustrosa y negra llamada Popea Sabina inspeccionaba su último trabajo. La brillante fotografía, nítida y con fuerte contraste, era una de las tres que su Carlos había recibido por entrega especial aquella noche. Eran las fotografías de un manuscrito actualmente sometido a reconstrucción y preservación bajo los auspicios de indígenas del amazona. Cada una de las fotos era una sección de un manuscrito entero, entre las tres formaban un manuscrito completo. Llegarían más, le habían anunciado a Carlos más secciones de otros manuscritos. Y cada fotografía era la no hablara con nadie de este proyecto. El mismo se hallaba aún en las fases de alto secreto y muy lejos del momento de hacerlo público. Su padre no quería que ciertos colegas supieran de él por el momento. — Te lo contaré en la cena. Dame diez minutos Andre. — Ok profesor nos vemos en la cena, no se olvide que tiene cosas pendiente que hacer antes de viajar. — Lo se muchacho. Después de salir de estudio, Carlos encogió de hombros; Andre no formaba ciertamente parte del resto del mundo. No importaba que lo supiera. Cuando volvía a introducir las fotografías en su sobre, se detuvo por enésima vez a admirar el viejo manuscrito en catalano. Allí estaba, en simple blanco y n***o. La voz de un hombre que llevaba siglos muerto. Un hombre cuyo cuchillo había afilado la punta de la caña para escribir, cuyas manos alisaron el papiro, con cuya saliva había humedecido los amasijos para hacer tinta. Aquí estaban sus palabras, los pensamientos que se había sentido impulsado a plasmar antes de morir. Carlos se quedó largo tiempo mirándolo, hipnotizado por el viejo manuscrito; permaneció clavado junto a su mesa, sosteniendo las brillantes fotografías en el aire. Su padre tenía razón. Si se encontraban más manuscritos de príncipe, éste podía ser un descubrimiento que conmocionara al mundo civilizado.
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