capitulo1
Encontré la fotografía de mi boda, toda esa felicidad siempre fue fingida, al menos para él, la mía siempre fue verdadera, la mía si fue real, cuando contraje matrimonio con esa persona, nunca en mi mente se llegó a imaginar que había sido engañada tanto por mi familia como por él.
Yo me encontraba con el rostro lleno de lágrimas, el dolor que tenía en mi corazón era inmenso, pero juré que me vengaría de él; cuando escuche esa conversación de él con su amante, mi corazón se rompió en mil pedazos.
Si bien, no era hermosa, tampoco era horrible, era guapa, con clase, alta y delgada, de cabello castaño claro con pequeños destellos dorados, ojos grises pardos, y pestañas tupidas, al igual que las cejas, quizás las pequeñas marcas del acné adolescente se quedaron marcadas en mi rostro, pero era algo que con el tratamiento y maquillaje podía cubrir.
Tome cada una de las fotografías y las iba rompiendo, el muy maldito se casó conmigo solo por mí dinero, para salvar al delincuente de su padre de la ruina y la prisión; mi mente recordaba cuando él llego a mi casa, a mi vida, como se presentó delante de mí, yo me enamore de manera inmediata, era guapo, galante, un caballero en toda la extensión de la palabra nunca llegue a imaginar en ese momento que mi padre, mi querido padre, había comprado un marido para mí.
¿Acaso me creía tan horrible para no conseguir novio?, solo tenía veinticinco años, era la única hija de mis padres, mayores que yo, nací cuando mi madre tenía cuarenta y tres años, y mi padre casi tenía cincuenta, pensaron que era menopausia de ella.
Me duele, mi padre compro un marido, me dolió hasta el alma, tenía todo sobre la cama las fotos, cosas de él, cartas a mano que me había escrito, sus dedicatorias de flores, yo tan romántica, ingenua, que guarde cada una en una caja.
Me dirigía hacia el gran closet y vestidor, comencé a tomar las cada una de sus pertenencias, compradas con mi dinero, el dinero de mi familia, avente todo sobre nuestro lecho matrimonial, tenía pensado ponerlo todo en las maletas que se encontraban en el armario de la habitación de invitados, pero no, él no se merecía objetos tan caros, así que decidí que se llevaría con lo que llego puesto, un traje y un par de zapatos; ya sé que no me encontraba pensando de manera ordenada, ni cabal.
Baje a la cocina y llame al chofer, tenía que decirle que tomara cada una de las cosas de ese mal nacido, que se las llevara, se lo regalaría todo.
Mi teléfono móvil sonó en ese momento, era él, era para decirme que llegaría hasta la madrugada, que tenía una reunión con los inversionistas japoneses, de la empresa de su padre, un pretexto tan más loco y que nadie se lo creería, pero yo tenía que fingir que sí, fue cuando, un plan paso por mi mente, si ya me habían comprado un marido, si él tenía esa deuda con mi padre.
--- no te preocupes, cariño--- dije con voz de falsa dulzura--- ya me estoy acostumbrando que siempre estes ocupado--- mi voz se quebró, ya que a pesar de todo yo lo amaba, solo que mi corazón se encontraba roto en ese momento.
La voz de mi esposo sonó del otro lado del teléfono, no se escuchaba molesto, solo cansado y un poco fastidiado, pero yo sentía mucho dolor.
--- te veo más tarde, necesitamos hablar--- dijo ella con tranquilidad, al parecer en su mente el plan que se encontraba efectuando, tenía ya más forma, pero me tenía que relajar; la voz de él del otro lado fue un tanto preocupada, y le dijo que lo harían en cuanto llegará, pero que sería muy tarde.
--- no te preocupes, yo te esperaré despierta--- mi voz se escuchó con firmeza---
Creo que no me he presentado, solo me he estado quejando hasta el momento de mi vida tan patética, y dolosa, soy una excelente escritora, hija de un dueño de una empresa multinacional, y me case con un hombre guapo, inteligente, mi nombre es: Emma Paterson Wallace.
Vi las cosas tiradas, sabía que iba actuar de manera dura, pero en mi plan era la venganza, y eso es lo que haría con mi esposo, así que llame a una de las empleadas para que pusiera todo en su lugar, mientras que yo me tomaría un trago.
Vivíamos en un hermoso pent-house, regalo de mi padre, cuando nos casamos, mi madre decía que podíamos vivir en la mansión, la cual era enorme, y así la llenaríamos de niños, su idea era que yo me llenara de hijos desde el primer día de matrimonio, lo cual no fue así, llevábamos tan solo dos años casados, y ni un solo susto.
Miraba el lugar, era bello, yo lo había decorado con esmero, elegido cada uno de los detalles, era un hogar bonito, pero desde el uno, él siempre había estado fuera, solo nos veíamos para el desayuno, y escasamente para la cena, la comida y demás nunca, no podía negar que no fuera buen esposo, pero ahora comprendía, sus motivos para no ser cariñoso, siempre frío y distante, él se había vendido, y mi padre lo había comprado.
Tomaba mi trago con tranquilidad y reflexionando todo, los recuerdos venían a mi mente, desde el momento en que lo conocí en la oficina de mi padre, hasta el momento que escuche esa conversación con su amante, que él siempre había dicho que era su mejor amiga, ahora entiendo su relación, yo siempre había confiado en ella, en él, en ambos, llegue a querer a la muy maldita como una hermana, la hermana que nunca había tenido, había crecido sola y sin compañía de otros niños, mis hermanos eran adolescentes cuando yo nací, no tenía primos, y muy pocas amigas durante la infancia.
---¡ME LAS VAN A PAGAR! --- grite llena de desesperación y dolor, ahí comenzaría la venganza contra mi esposo.