capitulo 3

1044 Palabras
DOS ANTES..., Por fin regresaba a la ciudad, acababa de terminar mi maestría en negocios internacionales, por fin me haría cargo de la empresa de mi familia, ya había trabajado durante un año como asistente del profesor Graham, lo cual había sido bastante bueno. Mi madre se encontraba enferma, le habían detectado cáncer de colon y llevaba su tratamiento de quimioterapia, al parecer mi padre llevaba días sin ir a casa; eso angustiaba mucho a mi madre, y a algunos empleados de servicio, así que después de saludar a mi madre, tome mi automóvil, toe dirección a la empresa familiar. En mi mente sentía que algo no marchaba bien, lo sentía dentro de mi ser y corazón, mi madre se encontraba angustiada, y que mi padre no fuera a casa, ni se preocupara por ella, no la ayudaba en su enfermedad, tendría que hablarlo, al llegar a la empresa, algunos empleados de mayor antigüedad me saludaron, unos eran nuevos, pero el lugar no tenía la misma aura de paz que meses atrás, la secretaria de mi padre no se encontraba en su lugar. Mire la gran puerta de madera fina que me separaba de mi padre, tenía meses sin verlo, la última vez fue cuando le diagnosticaron el cáncer a mi madre, él como un verdadero cobarde se marchó y abandono a mi madre; días después regreso y como mi madre lo adoraba, era lógico que lo perdonara, pero yo no, era el momento que me iba a escuchar. Al entrar lo vi, estaba sentado frente al escritorio, vestido de varios días, al parecer sobrio, pero la preocupación y culpa se notaban en el rostro, parecía que el mundo se le venía encima, nunca así, siempre había sido un hombre cabal y el miedo nunca no lo demostraba, ahora era lo contrario parecía miedo. --- Robert, hijo, ¿cuándo llegaste? ---pregunto el hombre con voz trémula levantando la vista al escuchar los pasos de su hijo---- ¿por qué no me dijiste que vendrías a la empresa? --- su voz se escuchaba desesperada. ---- sabías que regresaría en estos días--- hablo Robert con voz fría--- fui a casa, y mi madre se encuentra muy preocupada por ti, ayer le dieron la quimioterapia y al parecer eso no te importa, o te interesa--- miro a su padre con enojo. ¡Claro que me interesa!, pero tengo que sacar dinero para su tratamiento, no lo tengo, no tengo dinero, la empresa se encuentra mal, estamos a punto de irnos a la bancarrota y todo por mi culpa--- se escuchaba desesperado. Robert miro a su padre y, por primera vez, se dio cuenta de la realidad, había cobrado su fideicomiso y por eso no tenía problemas de dinero, pero su familia parecía mala, ¿que había sucedido?, su padre siempre fue razonable en los negocios y tenía sentido de negociante. --- ¿qué sucede, padre? --- hablo Robert con voz tranquila. ---- He perdido, la empresa, el dinero todo, si no hago algo, nos va a embargar, nos quitaran todo, y no podre pagar el tratamiento de tu madre--- el señor Patterson se escuchaba desesperado, su hijo era la primera vez que lo escuchaba así, si bien en ocasiones la empresa tenía problemas, pero su padre siempre los había podido resolver. --- ¿por qué?--- pregunto Robert--- --- te confesaré algo, Rob, tengo una adicción, una fuerte adicción, me gusta el juego, las mujeres, alcohol, tengo muchas deudas, siento que tarde o temprano, perderemos la empresa--- el hombre se sentía devastado. Robert miro a su padre, sus oídos habían escuchado cada una de las frases que este le había dicho, pero su cerebro aun no podía comprender, en su interior comenzaba a sentir furia, enojo contra él, pero tenía que actuar, su madre necesitaba los tratamientos, tranquilidad y sentirse querida y amada por su familia, así que él se lo daría, aunque tuviera que vender su alma al mismísimo Lucifer. Mi padre parecía un niño pequeño, quejoso y lloroso, al parecer su vicio estaba a punto de terminar con él y bien merecido se lo tenía, le dije que tenía que ir a casa, que viera a mi madre, que ella lo necesitaba, así que lo envié a su casa, y así que llame a todos los departamentos, quería ver el estado real de la empresa. Los libros, informes, y demás cosas, todos y cada uno se veían números rojos, sentía una desesperación, pero todo saldría bien, mi mente comenzaba a hacer planes para sacar adelante el patrimonio de mi familia, pero todos eran a largo plazo, y se necesitaba el dinero ya, con una cierta cantidad, la empresa saldría a flote, podría pagar los seguros médicos para que mi madre siguiera con su tratamiento, meter a mi padre a su tratamiento de adicciones y yo poder ejecutar los planes que tenía en mente. La secretaria de mi padre, entro en la oficina de este, y fue cuando sali de mis pensamientos, al parecer en el teléfono se encontraba el empresario Luca Wallace, el hombre más rico de la ciudad y un amigo de la infancia de mi padre. ¿que querría?, al parecer tendría que tomar la llamada--- buenas tardes, ¿señor Wallace?, claro me encuentro en la oficina de mi padre, si lo puedo recibir, en una hora, --- respondí de manera educada al hombre, al parecer vendría a la oficina. Me quede pensativo, y recordé a su hija Emma, bella, la recordaba más cuando íbamos en el mismo instituto, yo iba en la preparatoria, era hermosa, pero el reitre de mis pensamientos; necesitaba ver que querría ese hombre, y salía de él, ya que tendría que citar con mis amigos gerentes de bancos y demás. --Dile que lo recibiré, solo que tengo poco tiempo, quiero que mañana me hagas cita con estas personas—diciendo esto le paso una lista--- diles que espero su respuesta, y busca que las citas sean a diferentes horas—su voz se comenzaba a escuchar cansada y un poco desanimada. Al paso de una hora, en su oficina, entraba el imponente señor Luca Wallace, y venía con un trato que lo dejó estupefacto, casarse con su hija Emma, a cambio de pagar todas las deudas de su familia.
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