h

424 Palabras
Mi nombre es Joshua, actualmente estoy escondido, lejos de todo, civilización, trafico, personas, el ruido. De no ser porque estoy escondido, diría que esto es pacífico, incluso relajante. Todo comenzó aquel fatídico día de invierno; desperté esa mañana con la sensación y esperanza de que fuera un gran día, pero, no tenía ni idea de lo que estaba por acontecer. Hasta aquel día, solo era un muchacho común y corriente de secundaria a quien siempre molestaban por ser el cerebrito de la clase; toda mi vida destaque en las actividades que requerían de intelecto, pero cuando se trataba de actividades que requiriesen de esfuerzo físico, pues, era pésimo. Vivía completamente solo, pues mis padres estaban muy ocupados viajando por todo el mundo, haciendo negocios con cuantos empresarios de alta estima se les atravesaran, y frecuentemente mi padre enviaba dinero a una cuenta de ahorros a mi nombre, para mis gastos y los de la casa, aunque nunca los usaba, me las arreglaba para conseguir mi propio dinero, haciendo los trabajos de los demás chicos de la clase y la secundaria en general. Bastante estúpido pero a la vez era una manera muy astuta de ganar dinero, y ya que mi vida social no era la mejor, tenía mucho tiempo libre, así que no tenia problema alguno con esto. Me levante de la cama aquel día, me vestí y salí de mi habitación, fui a la cocina y abrí uno de los gabinetes, tome un paquete de cereal y la leche del refrigerador, me serví el desayuno y rápidamente comí para ir a clases. Al llegar entre a mi salón y me senté entre los primeros asientos junto a dos de los tres únicos amigos que tenia, Adam y Erik; por lo general detrás de nosotros estaban los estudiantes que no destacaban por absolutamente nada, y detrás de ellos estaban los estudiantes populares, chicos y chicas; entre ellos estaba Greg, el ultimo de mis amigos y también el sub-capitán del equipo de futbol. Al terminar la clase, salimos del salón y detrás de nosotros se escuchó una voz diciendo - Josh, Adam, Erik, esperen – era Greg, lo cual era extraño pues a pesar de ser nuestro amigo (o bueno, lo era), casi nunca teníamos tiempo para hablar, porque sencillamente el equipo de futbol y los populares en general lo absorbían. - Oh, hola Greg, ¿Qué hay de nuevo? - Pregunté. - Ah, no mucho, en realidad quería que me acompañaran a comprar un regalo de cumpleaños para mi hermana – respondió él entusiasta.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR