- Oye… ¿Está todo bien, Virg? ¿Puedo llamarte Virg? Ya que hemos entrado en confianza y tu…
- Tranquila Sam – dijo él – puedes llamarme como desees y, si, todo está bien.
- Pues no lo parece – dijo ella – te ves algo distraído… no pareces del tipo que se distrae mientras se dirige a una guerra.
- Ya te dije Sam. No es nada – dijo él y se levantó de la roca en la que estaba sentado para meter sus pies al agua del riachuelo en el que comenzó a pescar con sus propias manos para poder cenar, mientras que los miembros del ejercito de la resistencia humana que iban con ellos, se encargaban de encender el fuego y proteger el perímetro para no ser sorprendidos.
- ¿Por qué parece como si me estuvieras evadiendo?
- ¿Por qué de pronto parece que tienes interés en mi y en lo que me sucede? – Replicó Virgeel – hasta hace poco, desconfiabas de mi y me veías como una amenaza. Me mirabas con desprecio… ¿Crees que no noté que, aun después de aceptar humillarte, me seguías mirando con desprecio? Soy mitad lobo ¿Recuerdas? Puedo olfatear hasta el más mínimo cambio o estimulo.
- No lo entiendo… ¿Qué rayos sucede contigo?