Capítulo 5

912 Palabras
Alondra Y aquí me encontraba yo, cansada junto a Danna y Mirella, dos locas por las comprar caminando de acá para allá en el mall. Realmente no es que no me gustara vestirme y combinar prendas, todo lo contrario, es solo que yo iba directo al objetivo, entraba a una tienda, veía por encima, si algo llamaba mi atención lo compraba. En cambio, ellas miraban prenda por prenda, creo que hasta hilo por hilo. Era muy difíciles para comprar, revisaban detalle por detalle. Yo ya no podía más. Mientras íbamos comprando le contamos a Danna lo sucedido con Nicolás y lo minimizó, dijo que aquí todos toman esa pastilla, que no debí ponerme así y blablablá, si no fuera amiga de Mirella ya la habría mandado bien lejos. Cómo iba a defender algo así. Mirella no estuvo de acuerdo con ella, le dijo que no quería que sigamos saliendo con Nicolás y que en el regreso si el venía con nosotras preferiríamos ir en taxi. Danna dijo que hablaría con él y bueno, en eso quedo todo este rollo de la pastilla. Tomé asiento en una banquita de una tienda mientras ellas seguían probándose sandalias. Yo ya había hecho todas mis compras por hoy. No necesitaba más. Un bikini color pistacho, una salida de baño a crochet y un pareo color turquesa. Todo me había salido a menos de 100 usd, así que estaba muy a gusto con mi elección. En cambio, ellas… —¿Alon, que opinas de estas? —me preguntó Mirella extendiendo su pierna, modelando unas lindas sandalias blancas. —Me gustan… —Te gustan de gustar, o solo te gustan… Reí —Están lindas Mire… —¿Qué opinas Danna? —ahora se dirigió a ella. —Mmm he visto mejores… Hay que seguir buscando. —Bien, tienes razón. —Le dijo a ella. Genial, mas horas de shoping, ¡Viva! —Voy por una coca cola chicas, estoy quedándome dormida. Ya vengo —dije poniéndome de pie en busca de una de esas maquinitas dispensadoras de gaseosas. —Te esperamos aquí. Caminé hacia una maquina de gaseosas. Lo que daría por estar en mi cama o en la playa tomando una siesta. Como si hubiera invocado a alguién, mi celular comenzó a vibrar. ´´Hola. ¿Querrás ir a la playa?´´ Sonreí al ver el mensaje de Noah y vaya que quería, ya no aguantaba un segundo más aquí. ¿Pero que le diría a Mire? ¡Ya sé, soy una genia! ´´Estoy en el mall : ( , pero si quieres pasar por mí no me molesto…´´ Le respondí. ´´Mándame tu ubicación, llego en quince´´ Sonreí, así de sencillo me libraba de un tedioso día de compras. Volví hacia donde estaban mis amigas para ver como iban con sus compras. Sabía que aún tendrían para rato. —Mire… —le dije mientras la veía probándose ahora unas zapatillas. —invítame un sorbo —dijo tomando de mi bebida —¿Qué pasa? Conozco tus caras… —Ya me cansé —hice un puchero —Me llamó el de la gasolinera… Así que voy con él, no te molesta ¿no? —Para nada, ve a divertirte Alon, gracias por acompañarnos, sé que esto no es lo tuyo. —Me quedaría, pero sé que con Danna estas en buena compañía… —Nos vemos luego, tal vez te alcancemos, ¿A dónde irán? —A la playa, me escribes cualquier cosa. —Diviértete —se despidió de mí con un beso en la mejilla. Bajé las escaleras del mall dirigiéndome hacia la puerta principal. No veía la camioneta de Noah por ningún lado… ´´Voltea, estoy aquí. ZAS´´ ¿ZAS? ¿Qué quería decir eso? Voltee por todos lados y no veía nada. Hasta que entendí, había una placa que decía ZAS, era un carro rojo con lunas polarizadas, bajo la ventana y evidentemente era él. —¿Cómo cuantos autos tienes? —dije tomando asiento. —Es para evitar a la prensa… Y no son míos, son alquilados. Pero dime, ¿Qué tal tu día de compras? —Devastador, detesto estar en los malls tanto tiempo. —Yo extraño los malls. No puedo entrar a ninguno sin que se forme una multitud… —Bueno, no te pierdes de mucho en realidad...  —A ver déjame ver que compraste —dijo tomando mi bolsa de compras y sacando mi bikini. Ahora en sus manos se me hacía mas chiquito de lo normal… Lógicamente me ruboricé de inmediato, malditas mejillas que no saben controlarse. Noah se colocó la parte de arriba por encima y meneo su pecho de una forma extraña —¿Qué tal me queda? —Tonto —dije arranchándole mis cosas. —¿Te pondrás ese hoy? —siguió molestándome, porque sabía que me estaba poniendo nerviosa y más con esa mirada suya. —Ya basta Noah. —¿Basta de qué? —continuó. —Ya sabes, esa miradita tuya… Noah soltó una carcajada —¿De qué hablas? —Ya sabes, la típica mirada masculina… —No estoy haciendo nada tonta, es mi mirada normal… Tú no sé porque andas nerviosilla… —Vayamos a la playa de una vez. —A sus ordenes señorita. —Dijo antes de poner el auto en marcha, ponerse sus gafas de sol y encender la música a todo volumen. Esto vibraba tanto a California.
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