¿Dignidad? Eve bajó la cabeza, ignorando la amargura en su boca. Su cuerpo temblaba. Alzó lentamente los ojos y se encontró con la mirada oscura de Demian. Lo sostuvo unos segundos y, sin fuerzas para más, se arrodilló con lentitud. Demian, la antigua señorita Eve de la familia Aston tenía dignidad y orgullo… ¿cómo podría tenerlos yo, una prisionera reformada? El hombre apretó los labios sin decir palabra y avanzó con paso firme. A su alrededor, la gente murmuraba y señalaba, pero él los ignoró. Nadie sabía lo que planeaba. Un par de piernas largas apareció frente a Eve: zapatos de cuero n***o reluciente, impecables. Su corazón dio un vuelco. Cuando esas piernas se doblaron, levantó la vista de manera instintiva. Un rostro apuesto y extraordinario se encontró de frente con ella. —¿De ve

