Abrí mis ojos lentamente, me sentía flotando en una nube, me sentía libre. —¡Ahhh!, ¡Gabriel!, ¿Qué crees que hace? —grité al ver que estaba en los enormes y musculosos brazos de Gabriel. Bueno no es que no me sienta cómoda, al contrario, me siento muy bien. —Señorita Eva, solo la llevo a su habitación, creo que tuvo un bajón de azúcar —dijo el. “DIOS” lleve mis manos a la cabeza, que estúpida debí parecer delante de Gabriel, ¿Que habrá pensado de mí?, mire hacia el frente y como si fuera poco ahí estaban todos, Emma, mi abuelo, Sophia, y como si fuera poco el hombre que creí que era novio de Gabriel, Camilo”. —¡Mi niña!, creo que debes descansar un poco, y tú Gabriel , no creo que sea buena idea llamarla señorita Eva, cuando los dos novios —exclamó mi abuelo. —¡Que!, mi hijo y la señ

