Aria Valli —Aria, tenemos un ingreso rojo en camino —la voz de Sasha, la administrativa de guardia, me sacó de mis pensamientos por el intercomunicador—. Heridas de bala. Dicen que el paciente entró en shock hipovolémico hace diez minutos. Viene de un enfrentamiento en el sector industrial. Me ajusté los guantes con un chasquido seco, sintiendo esa descarga de adrenalina que solo el caos controlado de las urgencias puede provocar. —Preparen el box de reanimación uno. Avisen al cirujano de guardia y que laboratorio tenga sangre lista —ordené, moviéndome con rapidez hacia la bahía de ambulancias. Cuando las puertas automáticas se abrieron, el sonido de las sirenas fue reemplazado por el grito de los paramédicos y el estruendo de la camilla. El hombre sobre ella estaba ceniciento,

