13. Luego de saludar a la madre de Suárez, una señora de noventa años, delgada y con un buen gusto por la moda, contaba con plena salud, exceptuando el hecho de que, incluso ella misma se jactaba, no había dejado un solo día de disfrutar de un habano traído desde Cuba, especialmente para ella. Cuando vio que éramos muchos, nos invitó una taza exquisita de café, de igual procedencia. Debo decir que nunca he vuelto a probar un café de la misma calidad, no del que Bellamy solía compartir esos días. Luego de que su madre se retirase para descansar, Suárez nos condujo a su sótano, debo mencionar que siempre teníamos a dos o tres de los guardaespaldas de Bellamy cerca, por si ocurriese algo imprevisto y nos viéramos en el caso de actuar. El sótano era sumamente frío, el tablero marcaba diecio

