12. Ya para entonces podía intuir que Suárez mantenía una obsesión por Doriam Mcnail, aún antes de su fallecimiento. Suárez, respiró hondo y prosiguió la narración: El encargado dejó su puesto y trasladó el cuerpo de Doriam a una cabina portátil, y la metió en una ambulancia. Me siguió hasta mi casa y entre los dos bajamos la cabina. —Tendrá que pagarme por la cabina también, doc —me dijo al ver que podía sacarme más dinero. —Estoy de acuerdo, también te pagaré por la gasolina, no te preocupes —le dije yo. Cuando lo bajamos hasta el sótano, y vio que ya había terminado su parte, esperó a que le pagara. —Espérame, voy por tu dinero —subí a sacar todo lo que tenía en mi caja fuerte y se lo llevé. El encargado se puso a contar la plata y cuando se dio cuenta que me faltaba su cara ca

