48. Cuando acababa de suturar la última herida el ruido de una moto vieja se escuchaba cada vez más cercana. —Abuela, ya llegó —le dijo Many a la mujer, que en sí, no se parecía en nada a él. Su abuela se metió al cuarto y encendió la cocina. —¡Hija, andá por agua! —le dijo a la pequeña, quien a los segundos se hizo presente, dejó la barbie a un lado y tomó una jarra metálica vieja y se dirigió con agilidad hacia otro pequeño cuarto del mismo material que tenían más al fondo. —¡Te volviste a olvidar de los Crocs! —le dijo la abuela de Many—. Uno de estos días se va a clavar algo en el pie y va a prender a escucharme… —Me hace recuerdo a tu favorito —comenta Many. —Será que de tal palo tal astilla —soltó la mujer. La moto era una carcacha despintada y se notaba que era una especie de

