40. El timbre sonó y por el sobresalto me golpeé la frente con la mesa, suena extraño, pero es que estaba buscando el control de la televisión que se había caído debajo de ella. Fui a recibir el pedido, el repartidor era un adolescente que seguramente trabajaba en sus horas libres. —Muchas gracias —le dije. Quería darle algo de propina pero solo tenía unas monedas, decidí no hacerlo, no fuera a pasarme lo mismo que le había pasado a mi mamá, cuando se atrevió a darle a uno de los repartidores de dicha empresa, a modo de propina varias monedas de un peso. Mi mamá, muy indignada me contó que el repartidor, que tenía pinta de vago le había tirado las monedas diciéndole que cómo se atrevía a darle monedas, que se las quedara que capaz era ella la que los necesitaba. Mi mamá lo calificó con

