Mientras Hanny Ferrer se sentía afortunada en el amor cegandose ante una realidad, Paolo era casado y aunque no lo dijera él aún amaba a su esposa Eva. Hanny solo pensaba en como no decírselo a su pastor y en qué excusa poner en su Iglesia para ausentarse, y no solo por un tiempo. Probablemente ella debía desaparecer del pueblo y mudarse a la casa de la playa. Pensaba que junto a Paolo podrían construir un pequeño restaurante para que las extraordinarias cualidades culinarias de Paolo Carusso siguieran alegrando paladares. Estaba tan contenta con la idea que se volvería a casar que no notó en Paolo su seriedad y la tristeza que reinaba en sus ojos. Paolo querido, estaba pensando que con mis ahorros podríamos construir un pequeño restaurante, hay por aquí cerca una tierra que podríam

