Lo miré y algo despertó dentro de mí, ahora que lo pienso, fue eso mismo que sentí cuando años atrás tuve mi primera pelea, estaba sintiendo ese mismo instinto, esa sensación indolente de sólo querer golpear sin importar las consecuencias, sin importar lo que me pudiera pasar a mí, mucho menos a la otra persona en cuestión, sencillamente quería estrellar mis nudillos contra su cara de una manera irracional, y no entendía porque, pero así me sentía, y no tenía la claridad mental ni mucho menos la inteligencia emocional para controlar esos instintos.
Siempre he creído que, por más que confiemos en alguien, por más años o décadas que lleve de conocernos, nunca somos capaces de mostrarnos tal y como somos totalmente, siempre va a existir una parte que se mantenga escondida, escondida en ese rincón donde guardamos aquello que hace parte de nosotros pero que nos avergüenza mostrar, o que no somos capaces de exhibir, ni siquiera en medio de la intimidad y la confianza más elaborada o más trabajada con alguien. Cada quien sabe qué es lo que guarda en ese lugar, a mí ello solo me recuerda a cuando mi madre me ponía a barrer la casa y yo muy descaradamente y con el fin de ahorrarme la recogida de la mugre, guardaba toda esa suciedad debajo de la alfombra, donde nadie se podía percatar de su existencia, ni las visitas que llegaban a la casa, ni mi madre que se quedaba tranquila creyendo que yo estaba haciendo bien mis labores.
Así mismo funciona la mugre que cada quien guarda en su interior, todos tenemos una alfombra donde guardamos algunas cosas, por mínimas que sean, o, por el contrario, por muy oscuras y perturbadoras que puedan llegar a ser. Pues bueno, esa era una de las cosas que yo elegí guardar bajo mi alfombra y no hablar con nadie, es decir, mis amigos sabían que cuando entraba en ese trance durante una pelea yo me transformaba en una persona completamente diferente, pero nunca quise contarle a nadie eso que sentía, nunca permití que nadie supiera lo que en mi mente pasaba cuando entraba en ese estado, nadie si quiera sospechaba de mis deseos irracionales de querer pelear, del coraje inconmensurable que se desataba en mi cuando estaba ante una situación así.
En ese momento en el que estaba bailando con ella y lo vi, fue cuando él nos reconoció a ella y a mí, y soltó a su pareja y la dejó bailando sola, para escabullirse entre la gente que se encontraba en la pista de baile, y fue entonces cuando yo solté las manos de Valentina y empecé a buscarlo por toda la pista de baile, pero no lo encontraba. Lo busqué entre la multitud, luego empecé a buscarlo por todas las mesas del lugar, y me encontré con Fernando, que al verme y yo explicarle a quien estaba buscando, me dijo:
- ¿Usted está loco o que carajos le pasa? ¡Este no es lugar para empezar una pelea! No vaya a hacer eso parcero, por favor y por lo que más quiera en ésta vida, no vaya a formar una pelea aquí, vea como está todo de bonito ésta noche, vea la gente como se está divirtiendo tranquilamente, una pelea va a arruinar el ambiente del lugar, y no nos va a dejar nada bueno, ¿qué van a pensar sus papás cuando sepan que usted empezó una pelea en plena fiesta de nuestra graduación? Piense bien lo que va a hacer, si quiere siga buscando a ese tipo, pero yo voy con usted, lo que sea, pero no voy a dejar que usted se equivoque de esa forma ésta noche, yo lo acompaño, déjeme ir con usted.
Yo accedí a que él me acompañara, y mientras seguía buscando a ese tipo en los baños de hombres, en los baños de mujeres, cerca de la piscina, entre los quioscos, pero nunca fui capaz de encontrarlo, fue como si se hubiera desvanecido. Mientras lo buscaba, Fernando seguía hablándome, tratando de calmarme, porque probablemente esa noche vio en mis ojos lo que había debajo de mi alfombra, ese deseo de golpear a aquel tipo hasta más no poder, y efectivamente lo logró, me convenció de desistir en la búsqueda, y simplemente regresamos y hablé con Valentina, ella inmediatamente entendió lo que había pasado y mi reacción al verlo, me pidió disculpas por lo que pasó, y me hizo entender que si debía estar enojado con alguien era con ella, pero yo no me encontraba enojado con ella por lo que pasó, de un momento para otro mi mente pasó de querer ser violento con ese tipo, a querer simplemente disfrutar el resto de esa bonita noche con ella.
Luego de haber bailado y tomado con ella y mis amigos toda esa noche, volví a casa y mientras iba en el taxi, ya mi mente se encontraba entusiasmada por el viaje de graduación, que era a algunas ciudades costeras, y me imaginaba desde aquella noche ese ambiente relajado, y la tranquilidad de escuchar las olas.
Durante esos días antes del viaje, Valentina y yo volvimos a discutir, era inevitable discutir constantemente debido a que ya estábamos en ese punto en donde cada uno ya había cometido tantos errores, que sólo nos unía la costumbre de vernos constantemente, y de tener una compañía que nos salvara a cada uno de soportar el peso de la soledad. Luego de esa discusión, yo no quise buscarla para arreglar las cosas, simplemente opté por irme a ese viaje estando mal con ella, total la quería, pero no sentía ya mayor cosa por ella, solamente sentía un aprecio por los recuerdos que compartíamos, pero no el suficiente como para querer siempre estar bien con ella.
El día de partir llegó, y yo estaba feliz de irme compartiendo silla con Fernando, con quien en los viajes de la música constantemente ya compartía asiento, y de ir con los demás integrantes de mi curso con los que tenía una medianamente buena relación. Mientras tanto, Valentina iba en la parte de atrás acompañada de sus amigas, pero no cruzábamos mirada, ni cuando yo pasaba por allí para ir al baño impresentable de aquel bus, ni cuando ella pasaba adelante a pedirle una pastilla para el mareo a la profesora que nos acompañaba en el viaje.
Todo estaba bien y estaba funcionando correctamente en mi mente, porque, aunque no estaba compartiendo con ella durante el trayecto, igual me lo estaba pasando muy bien, y con eso me conformaba, sin embargo, yo pensaba que ella se encontraba en la misma situación, y que para ella también todo marchaba bien tal y como estaba.
Cuando llegamos a la primera ciudad, nos hospedamos todos en el mismo hotel, un modesto sitio con acomodación múltiple, yo no sabía muy bien a qué se referían con eso, hasta que abrí mi habitación y vi cuatro camarotes adentro, y entendí que iba a tener que dormir con otras siete personas, cosa que me parecía complicada, porque sabía que a ese viaje muchos habían ido con la intención de tener relaciones, pero en ese tipo de habitaciones me parecía que eso le iba a resultar imposible a todo el mundo. Que equivocado estaba, cuando me di cuenta de lo que estaban haciendo mis compañeros, un método simple pero efectivo.
Durante el día, todo el mundo se iba para la playa o a pasear por la ciudad, así que el hotel se quedaba prácticamente solo, momento en el cual, los que querían un rato de intimidad se regresaban al hotel, tenían su momento y se regresaban a la playa en total discreción. Era un plan si fallos, los profesores y los padres de familia que innecesariamente se habían unido a nuestro viaje nunca iban a sospechar, nadie había visto nada, era un cubrimiento de espaldas que todos estaban dispuestos a cumplir sin siquiera haberlo acordado, pero que todos cumplíamos porque sabíamos que a todos beneficiaba.
Yo me encontraba muy tranquilo compartiendo con mis amigos, hasta que la tarde del segundo día iba saliendo de mi habitación rumbo a la playa, y la mejor amiga de Valentina me interceptó en uno de los pasillos:
- ¿Puedes venir a ver a Valentina? Por favor ven conmigo, ella se siente mal y quiere hablar contigo, pero no es capaz de dirigirte la palabra. – me decía mientras miraba hacia el suelo.
Accedí a ir, solamente para saber qué era lo que pasaba, aunque en el fondo ya lo sabía. Cuando llegué a su habitación, ella se encontraba llorando desconsoladamente, y cuando me vio empezó a llorar aún más. Yo la abracé sin decirle una palabra, y le hice saber que me podía hablar con total tranquilidad, que yo estaba allí para escucharla, y fue entonces cuando empezó a hablarme y no se detuvo hasta que dijo todo lo que estaba sintiendo en ese instante:
- Juan, sé que cometí demasiados errores, sé que no he podido perdonar los tuyos, pero te quiero, realmente te quiero, y durante mucho tiempo soñé con vivir este viaje a tu lado, y ahora que no estás conmigo, me siento una tonta, una tonta por haber buscado a ese tipo, y haberlo hecho justo cuando faltaba poco para vivir todo esto contigo. Siempre quise pasar estos días junto a ti, y así ya no quieras volver conmigo, o así tu estés bien y sientas que no me necesitas en este viaje para pasarla bien, quiero que me concedas un último favor antes de despedirnos, por favor ¿me dejarías pasar lo que queda de éste viaje contigo? Es todo lo que quiero, que vivamos nuestro sueño, sé que tu antes también soñabas con esto.
Ella tenía toda la razón, yo siempre había soñado con vivir ese viaje juntos, pero una de mis virtudes era olvidar rápido cuando tomaba la decisión de hacerlo, y eso fue lo que hice cuando sentí que nuestra relación ya no tenía sentido, cuando pasó lo del tazón con las palomitas y me fui a mi casa con el corazón dolido. Sin embargo, me parecía una buena idea pasar el viaje junto a ella, así que le dije que sí, que todo iba a estar bien, que quería que se viaje fuera nuestra despedida, y que lo viviéramos al máximo para despedirnos a lo grande, y eso hicimos.
Una vez que sequé sus lágrimas, nos abrazamos un rato, y luego me dijo:
- ¿Qué te parece si aprovechando que estamos aquí en esta habitación solos, nos encerramos y hacemos el amor?, como antes lo solíamos hacer, como en los viejos tiempos.
Yo accedí, mientras pensaba en el sentido de esas palabras, hacer el amor era un término mal empleado en ese caso, porque para hacer el amor había que sentir amor, y yo amor no sentía ni nunca pude sentir, más allá del gran cariño que le tenía, no nos amábamos, y eso hasta ella misma lo sabía, porque muchas veces habíamos hablado de ello en el pasado, pero preferí no corregirla por complacerla, y subirme a esa fantasía, de que íbamos a hacerlo sintiendo amor.
Fue en ese momento cuando recordé que no tenía condones, porque yo realmente no había ido a ese viaje con el propósito de acostarme con nadie, así que le pedí a ella un momento y salí de la habitación, y me topé de frente con uno de mis medianamente amigos, a quien luego de una confusa conversación, le pedí que fuera rápido a una farmacia a comprarme un par de condones.
Cuando regresó, rápidamente regresé a la habitación y me dispuse a estar con ella, como antes lo hacíamos, y recordando todas las cosas que le gustaban para complacerla en el momento. Mientras lo hacíamos, recordaba todo lo que habíamos vivido y solo una cosa era capaz de preguntarme: ¿Cómo era capaz de no sentir amor por ella, a pesar de todo lo que habíamos vivido? Definitivamente cada vez llegaba más a la conclusión de que algo estaba mal conmigo, de que algo debía cambiar en mi vida si algún día me quería enamorar de verdad. Y fue así como volvimos a estar juntos, disfrutando del sexo que nos dábamos, pero con esa sensación agridulce que ambos sentíamos pero que estábamos tan ocupados disfrutando el viaje al máximo, que no le dimos importancia al hecho de que sólo unos cuantos días más de viaje nos separaban del final.