Yo era capaz de escribir esas cosas en el futuro, pero en aquel entonces mis escritos no se comparaban con éstos, ni hablaban de la vida y el amor con tanta facilidad ni soltura, porque en aquel entonces, la mayor emoción presente durante mi relación con Valentina era ese descubrimiento s****l, con el que yo estaba dispuesto a continuar incluso si eso significaba perdonarla, pero no iba a permitir que le fuera tan fácil, yo quería que de alguna forma se reivindicara conmigo. Fue así como en una de esas varias veces que me escribió para pedirme perdón, y luego de un par de semanas, accedí a escucharla, porque, aunque sabía que no me amaba ni yo a ella, tenía muy presente que se venía dos momentos muy especiales en mi vida, los cuales no quería pasar en soledad: el baile de graduación y el viaje al mar con todos los de mi curso.
Yo le insistí en que nuestra reconciliación se iba a dar únicamente con el propósito de ir a la fiesta, pero volver a vernos nos quedó gustando tanto, que, además de volver a tener relaciones, directamente volvimos al trato cariñoso de novios, como si nada hubiese pasado, de alguna manera logramos ignorar aquel episodio del celular y pasar buenos momentos juntos mientras se llegaba el día del baile. Volvimos a hacer el amor unas cuantas veces, de manera casual, pero disfrutándolo al máximo, porque no sabía ninguno de los dos cuando iba a ser la última vez que pudiésemos disfrutarnos de esa manera.
Poco a poco se acercaba el día del baile, dos días antes ya nos habíamos graduado, ella y yo; recuerdo aún su sonrisa, orgullosa de todas las veces que mencionaban a su novio a pasar una y otra vez a recibir distintos reconocimientos, y yo, feliz de ver a mi novia maquillada y peinada como nunca antes la había visto, con una elegancia y una pulcritud envidiables por cualquier otra chica que ese día se graduaba.
Finalmente llegó nuestro anhelado día, ella iba con un vestido que yo le había ayudado a escoger por internet, y yo, con un blazer que mi papá me había conseguido en Bogotá, un pantalón n***o y unos tenis nike, realmente no era fanático de todas esas parafernalias, y veía a todo el mundo impresionantemente arreglado para la ocasión, y no entendía muy bien porqué era tan importante ir elegante ese día, yo me había asegurado de graduarme con honores, becado para ir a una de las mejores universidades del país, con la matrícula y los gastos de sostenimiento pagos, pero veía a todos graduarse con una cantidad de lujos y protocolos que para mí a veces rozaban en lo absurdo, no entendía cómo podían celebrar de esa manera estarse graduando, pensaba que no eran conscientes de que la mayoría íbamos a ser operarios en fábricas, taxistas o asistentes de ventas en un callcenter.
Incluso yo llegué a pensar que iba a ser taxista, mi padre, que, aunque bastante poco me había ayudado durante mis años del colegio a nivel económico, siempre que hablaba conmigo antes de presentar los exámenes nacionales me lo decía, que se acercaba el momento de saber si yo iba a servir para algo en la vida o por el contrario me iba a quedar de taxista en mi ciudad. Yo tenía claro que no iba a tener necesidad de esforzarme mucho para lograr obtener la beca y lo demás que mis padres soñaban que yo consiguiera, sabía que eso que mi padre nunca me iba a querer ofrecer, y mi madre nunca me iba a poder ofrecer, estaba a la vuelta de la esquina, sólo tenía que presentar esas pruebas y demostrar que era un alumno destacado.
A pesar de los comentarios negativos de mi papá y las oraciones de mi madre, nunca me sentí con la preocupación de no lograrlo, algo dentro de mí me decía que todo iba a salir bien, porque era consciente que dejarme dominar por los nervios y la ansiedad era contraproducente a la hora de querer alcanzar mis objetivos.
Pero bueno, retomando con el día del baile, recuerdo que fue de las primeras veces que vi a mis padres sentados en la misma mesa, como si por dentro no se guardaran infinidad de resentimientos, como si se hubieran perdonado todo durante una hora para estar conmigo en la cena de esa noche, y así fue como esa hacienda donde se celebró el baile, fue testigo de la primera vez que mis padres se sentaron en una misma mesa luego de haberse separado, luego de años de una discordia inagotable entre los dos.
Cuando mis padres se fueron, todos los graduados empezamos a dirigirnos a la pista de baile, donde ya estaban las mesas llenas de botellas de aguardiente, buena música sonando y las luces de neón adornando la escena. Yo, entrando a la pista de baile con Valentina, orgullosamente agarrado de su mano, pensando en cuánto íbamos a disfrutar esa inolvidable noche. Empezamos a bailar buenas canciones, todos los éxitos de Ozuna, el artista del momento que a todos les encantaba escuchar, pero que a mí me sabía a mierda, básicamente porque no sabía bailar esa música, y sólo esperaba a que pusieran algo de merengue o bachata, para poder bailar a gusto con Valentina algún género en el que me pudiera defender con más de un paso.
Fue entonces cuando estábamos bailando tranquilamente, para mí esa noche sólo existíamos ella y yo, cuando mientras dábamos vueltas sobre la pista, vi a una compañera de mi curso bailando con alguien, alguien cuyo rostro no podía distinguir muy bien debido a que la oscuridad y las luces de neón me dificultaban ver con claridad, esa cara n me parecía familiar, no recordaba haberla visto antes en mi colegio, pero recordé que al baile se podían llevar invitados de nuestra edad, y ahí estaba yo, buscando ese rostro en mi mente, hasta que una de esas luces lo enfocó, y fue entonces cuando me di cuenta de quién era: el tipo que había difundido las fotos de Valentina.