Capítulo 4: Escritos escondidos.

1044 Palabras
Durante mis tiempos de colegio, empecé a escribir gracias a la motivación del profesor Henry, y empecé a redactar muchas cosas, de todos los temas que quería, de todo lo que veía, de todo lo que vivía y sentía, pero no tenía a quien contarle, porque a todos a mi alrededor sabía que les daba igual que yo escribiera, pero poco a poco empecé a dejar el miedo y la vergüenza de querer escribir acerca de mis emociones. Pensaba que si mis amigos que eran apasionados por el fútbol y el porno me veían escribir mis sentimientos plasmados en poemas y prosas iban a creer que yo no era varón y que seguía siendo igual de frágil que cuando me conocieron, y aunque me cueste aceptarlo, esa imagen de macho alfa que me venía construyendo en los últimos años era muy valiosa para mí en ese entonces, pero perdí el miedo y decidí empezar, sin importar nada más que liberar aquellas cosas que guardaba en mi pecho.  Mis primeros escritos fueron realmente simples, pero con el tiempo se empezaron a hacer más elaborados, sin la revisión de nadie, solo la ocasional opinión de Henry, pero de manera superficial. A continuación, si me lo permites, te quiero mostrar algunos de mis últimos escritos, están hechos para alguien que fue muy especial en mi vida, de quien más adelante hablaremos, aquí están mis mejores escritos para ella:   Cuentas resumidas. De esa agridulce rarefacción que tenemos tu y yo, me enamoré. De esa confidencialidad perenne que sembramos juntos, me enamoré. De todas esas veces que te contaba algo esperando unas cejas fruncidas y recibía una manita apretando y un abrazo eterno, me enamoré. De la reacción de los demás al verme hablar de ti y de la fuerza que me das para ser mejor, me enamoré. De ese dulce beso que aún no me has dado, pero que yo ya imagino mil veces por minuto, me enamoré. De ese increíble futuro que nos aguarda y que siempre nos haló a estar juntos, me enamoré. En resumidas cuentas, de Esther me enamoré.     La sonrisa más linda que todo lo que conozco. Si existiese un portal de cristal que dividirse lo mundano de lo celestial estoy seguro que sería tu boca. Son tus labios los que mi alma con un roce enciende, los que dibujan una sonrisa cuando lo nefasto se desprende, no serán tus labios los primeros que probé, pero fueron los únicos que sentí.     Prosa para ella.   Caen mis párpados y es cuando más veo Porque lo único que veo es a ti Con un vestido azul rodeada de cantoyas, Con tus cachetitos rojos y tus labios escarlatas Siendo feliz vos, y yo siendo la razón Llevándote a cada lugar mágico y escondido Pensando en cada beso que aún no hemos vivido Solo tú haces ver más probable la eternidad que el olvido.   Prosa para ti en diez años. Hoy me desperté y me asomé por la ventana, ella y tú ya estaban jugando,  y como siempre sus risas me despertaron en la mañana,  yo les preparé el desayuno, mientras las veía por la persiana. Mientras desayunábamos, tu luchabas con su cabello, tratabas de peinarle, pero no la culpo a ella, si lo heredó sólo un poco menos rizado que su madre, "no te preocupes mi cielo, solo tenle paciencia, es la clave para enamorar a tu madre, te lo digo por experiencia". Tú me miraste con esa sonrisa inconfundible, mientras recordabas aquellos días, desde los que te escribía este poema,  no se a quien le vaya a gustar más, si a ti, o a la pequeña Ema. Sólo quiero que sepas que, desde el pasado, me siento orgulloso de lo que hicimos, no necesito ver el futuro, tengo la certeza que, así como lo soñamos, lo cumplimos. Sonreí y miré a las nubes, ¿me estás viendo abuelo?  sé que fuiste tú, tú me ayudaste a bajar este pedacito de cielo a mi rincón feliz, tú me ayudaste desde las estrellas, y ahora mi mayor anhelo, es hacerlas felices a ellas.     Puntos suspensivos. Y así es como paso los días, escribiendo para alguien que ni siquiera existe, escribiendo para esa idea tuya de la que me enamoré perdidamente, pero que quizás solo habitó en mi mente. ¿Tal vez con vivir ahí ya existas? O, ¿ese mundo en el que te imagino y ese mundo en el que existo son dos cosas distintas? ¿Seré yo también el producto de lo que tú creíste que era? O aún peor, ¿vivo preso de los vestigios de una vida contigo allá, quizá una vida que ni siquiera puedo recordar? ¿Cómo puedo olvidarte, si es que acaso nunca te conocí?, para serte sincero, no sé cuál de todas las hipótesis es peor, o quizás simplemente todas son igual de pésimas, porque todas tienen como final este presente, en el que tú y yo estamos en lugares distintos: tú sin existir, y yo esperando dejar de existir para recuperarte algún día.   ¿A quién quiero engañar? A mí mismo. Finjo que sigues aquí, e imagino que el viento son tus caricias, que el canto de las golondrinas es tu voz, que el olor de las astromelias es tu perfume, y que el amor que ella me da, es el mismo que tú me dabas.       Nada ni nadie Es esa sensación de querer dejar de ser de querer olvidar todo, ansiando desaparecer, de sacarlo todo a secas y escapar de sentir la mente hueca y a la vez sin despejar. Eso es lo que me atormenta y no me deja crecer, lo que hace que anochezca y que ya no pueda ver. Querer volver a lo de antes cuando lo tenía todo y no podía valorarle, cuando era tan feliz que ni cuenta me daba, todo me parecía natural, todo me lo disfrutaba, cuando mi sonrisa nada ni nadie la borraba, y todo me hacía sonreír porque no entendía nada. Pero pregúntame, ¿hoy día de eso cuánto queda? te diría que solamente quedaron los problemas, te diría que ahora casi todo es una mierda y lo que no lo es sigue igual, porque ahora todo tiene sentido, y que tenga sentido es lo que me sabe mal.  
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