33.

563 Palabras
33. Mikael está esperando en la puerta. Me mira y me señala adentro. —¿Ya te llamó? —No. —¿Le tocó a Katrina? —Sí. —¿Dónde se fue el arcángel? —No lo sé, cuando llegué no lo vi. Le ofrezco un taburete, pero al ver que no le entusiasma se lo llevo hacia donde está y le hago sentarse de una. —No te alimentaste hoy, y ya puedo oler a millas el tufo de perro hambriento —le digo, esperando que al menos se enfade conmigo, pero está como ido. No parece importarle nada. —¿Qué te anda pasando a vos? —le pregunto, con todo y el viaje largo, no ando con demasiada paciencia. Mikael me mira tras los anteojos, con esos ojos filosos. —Lo acabas de decir —me dice—, estoy hambriento… Jason, quiero carne, no más sangre. Carne humana y sabes que lo tengo prohibido. —Con que era eso… oye, si te sirve de algo quiero que sepas que si pudiera darte un pedazo de mi carne, lo haría, pero creo que no se resistiría y terminarías devorándome por completo… Ahora me doy cuenta el motivo por el que permanecía apartado de mí. Rayos, me siento mal por pensar mal de él. Le enseño el whisky que guardo en el bolsillo dentro del saco. —Ni se te ocurra beber, el jefe tiene un olfato agudo… —Gracias por mencionarlo, pero ahora mismo me vale una mierda... —abro la botella y bebo delante de él —¿Quieres? —se la ofrezco aún sabiendo que no lo aceptará. Ahora que tengo la garganta humedecida, me da ganas de contarle sobre el tipo que intenté ayudar en la calle y que casi hago que se mate. Pero él se me adelanta. —Tengo que contarte algo, Jason, pero sé que no es el momento…podrían escucharnos. Me ha metido curiosidad que de la nada me haya dicho algo como eso. Muevo la cabeza a modo de afirmación. Me pregunto qué será lo que quiere contarme. Ahí sale Katrina lanzando la puerta y furiosa, muy furiosa. Me hago a un lado para que no obstaculizar su paso. Mikael y yo la vemos salir soltando una sarta de insultos al cielo. Nos mira a los dos. —Les llama —nos dice pero ni Mikel ni yo contestamos—¿Creían que se salvarían ustedes dos? Que les llama el jefe, dije. ¡Vamos, pa dentro! que me harán gritar. Mikael y yo hacemos eso, entramos en la oficina del jefe, en completo silencio. Ahí huele a funeraria, y la cara del jefe no es la mejor que le haya visto desde que lo conozco. —Ustedes dos. Siéntense —nos dice sin mirarnos. Revisa unos archivos gruesos, al parecer a los archivistas no les va la tecnología, y prefieren usar grandes tomos para la información. En cualquier momento nos soltará los insultos de su repertorio, ya me lo veo venir... —Tenemos un gran problema —dice el jefe, su tono es cansado, y no parece tener el mínimo deseo de saciar sus ganas de propinarnos unos buenos insultos. —Problemas es mi segundo nombre, jefe —le digo yo. —Y cuando digo problemas quiero decir que se nos viene un apocalipsis encima y dependerá de la agencia evitarlo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR