32. JASON.

522 Palabras
32. JASON. Al jefe no le agrada nada el tal arcángel con pinta de rocker y ropa chica, que está parado en medio de su oficina ahora mismo. Supe que no iba a ser de su agrado cuando el tal Akras no aceptó tomar asiento las cinco veces que se lo ha sugerido. —¡Salgan todos, pedazos de inútiles! —nos ha mandado a fuera a todos, pero no me quejo. Ninguno de nosotros desea quedarse a escucharle. Katrina está de mala vibra, se le nota en la cara. Sabe que el jefe la llamará una vez haya terminado con el arcángel. Por otra parte, Mikael se ha retirado antes y no me ha dicho nada. No sé lo que le está pasando ahora, en todo el viaje estuvo callado. Igual, yo prefiero salir a dar una vuelta, aprovechando que tengo permiso para moverme libremente en la calle, voy por una botella de whisky y un cigarro. A esta hora las calles se ven como de costumbre. Los carros y los buses pasan haciendo un ruido infernal, para los que tenemos el oído extrasensorial. No imagino lo que deben padecer los perros y gatos que eligen vivir aquí. Un tipo que viene por la acera del frente tiene una sombra pegada a su brazo derecho, es el brazo con el que acaba de golpear a su pareja, la madre de sus gemelos. El tipo no sabe porqué lo ha hecho y se siente arrepentido, y teme volver a su casa y hacerlo de nuevo. No es un tipo malo, es que en su trabajo, se ha pillado uno de esos bichos que andan sueltos y se le pegan a uno cuando está más propenso o débil, es como un resfrío, pero con consecuencias mucho peores. Por lo que veo, es un hombre trabajador y que ama a su familia. Bien, intentaré ayudarle. Acelero el paso, las personas que están cerca, me ven de reojo, y como ven mi aspecto desalineado enseguida me abren paso, es lo bueno de todo esto, no tengo que andar esperando a que me lo cedan. El hombre intuye algo, y al verme intentando acercarme, decide apurar el paso. Grandioso. “¿No podías ser un poco más sutil, no, Jason?” Es lo que me diría Mikael, si estuviera en esto conmigo. Pero estoy solo en esto. Gira hacia la derecha y cruza la calle sin fijarse. Cree que soy alguna clase de policía encubierto. ¡Oh, maldición! El tipo puede hacerse daño si continúo en esta ridícula persecución. Debo de ser cuidadoso. Disminuyo el paso por el bien de todos y dejo que se marche. No sé lo que me pasa. No soy un súper héroe que siente el deber de salvar a todo el mundo. Es lo que me dicen siempre, me lo dijo Mikael, me lo repite el jefe… pero al ver que puedo ayudar, me pregunto yo “¿y por qué no hacerlo?” ¡Vah! Solo divago. Aún tengo que ir por mi botella de whisky y regresar a la oficina. Ya puede que me toque la regañadina del jefe. 
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