311.
Isharys le ve llegar.
—Amor mío… —le dice—. Estoy aquí. Debes acercarte mas.
Isharys tiene en las manos un corazón humano, que permanece tibio, gracias al calor de la fogata. Al presenciar aquella imagen, Iakobus siente una punzada en el lado derecho del corazón, pero decide no mencionarlo.
Isharys le dice:
—Colócate estos, cariño —le ofrece un conjunto de guantes. Ella tiene un anillo de marfil en el dedo anular, que ha pertenecido a una mujer abnegada.
Iakobus lo acepta con el mismo entusiasmo que si estuviera aceptado un jarro hiriente de veneno.
Al ver que aquello no le entusiasma, Isharys lo atrae con su poder y lo coloca justo frente a ella, con el corazón aún en las manos, ella lo examina con detenimiento.
—Estás débil, es culpa mía… —le dice al oído, y lo lleva hacia ella y le ofrece su cuello—.Aliméntate, cariño, aliméntate que aún tenemos mucho por hacer…
El primer contacto siempre es el más placentero, la sangre de Isharys le devuelve la vitalidad, con cada gota de vida, recobra la vista y su corazón comienza a latir al ritmo de ella, de su pasión y deseos, de su deseos oscuros y diabólicos.
Y el desenfreno...
Y mientras él va succionando la sangre, ve todo lo que su amada ha hecho en esos días, y entre sus recuerdos ve la sombra de Akras. Aquello le confirma que las señales y las voces que ha escuchado en la cabeza no eran solo el delirio de un deseo olvidado en el pasado, que es tan real como la sangre que circula en su cuerpo.
Akras ha vuelto.
Lo sabe.
Ikarus, ahora sabe que su amada Isharys tiene los días contados, a menos que…
Que se haga cargo de Akras.
Los labios tibios de ella le invitan a besar, la ha echado tanto de menos que ahora mismo lo único que quiere es estar con ella, y recorrer todo su cuerpo.
Isharys muerde el corazón, y se lo ofrece en la boca.
Ikarus lo recibe y come de él. Y así comienzan el baile de la seducción, ángel caído, vuelto en demonio, por el amor y el deseo, consume la carne y la sangre de la dama maldita.
—Amado mío… —musita, Isharys—. Tu cabeza está en otra parte…
—Pero lo que queda de mi corazón está contigo. Siempre lo estará.
Y hacen el amor, recorren el uno la piel del otro, bajo la noche oscura, y el manto sagrado de lo que pronto va a suceder.
Ikarus sabe que no están solos. Un puñado de carroñeros de la sangre merodean cerca, haciendo guardia para su ama, uno de ellos presiente la cercanía de un peligro que tiene apariencia humana, y todos ellos se alarman, y rápidamente mandan la señal de alarma a sus amos.
—Es hora, querido —le dice Isharys, completamente desnuda y a su disposición.
Iakobus no esperaba que sucediera en ese momento, y eso lo pone en alarma. Isharys lo nota, y suelta una risa, cargada de poder y sensualidad.
—No debes ponerte en alerta, querido. Ese inservible solo es un bocadillo para nosotros...
Pero Iakobus teme, no por lo que signifique el intruso, sino lo que vaya a pasar de ahora en adelante.