CRISTIAN Abrí la puerta del camerino con más fuerza de la necesaria y encontré exactamente lo que esperaba: las caras curiosas de George, Calvin y Jamiro mirándome como si acabara de anunciar que me mudaba a Marte. —¿Alguien me va a explicar qué mierda acaba de pasar? —preguntó Jamiro, con esa sonrisa que significaba que estaba disfrutando esto demasiado. —Sí —respondí, cerrando la puerta detrás de mí—. Pero primero necesito que todos sigan la corriente. —¿La corriente de qué? —Calvin levantó la vista de su teléfono, ajustando sus lentes. —De que Siria y yo somos pareja. Silencio. Luego, Jamiro estalló en carcajadas. —Oh, esto es oro. Puro oro. Si apenas pueden tolerarse —No es gracioso. —Es hilarante. Hace dos horas se estaban peleando en el auto y ahora resulta que son pareja.

