—Estoy seguro de que lo haces genial, pero me parece raro que un profesor escriba el personaje de una prostituta pensando en ti.—Kai tenía toda la razón del mundo, pero si le apoyaba estaría metiéndome en una discusión de pareja. —No necesito tu aprobación.— Erin puso los ojos el blanco. —No pero...— Kai hizo una pausa, como dudando sobre si soltar la bomba o no.— ¿y tu madre qué opina? Hudson y yo nos miramos ojiplaticos, por un segundo se hizo el silencio en el coche, aquello era la calma antes de la tormenta. —No te atrevas.— Erin tenía la mirada calmada de un buen asesino, de esos que tardan décadas en atrapar y sus vecinos recuerdan como alguien muy normal. —¡Voy a contárselo todo!—contestó él alzando el tono. Hudson estaba tan incómodo que empezó a acelerar más de la cuenta y n

