La sumisa cumple su cometido sin mirar a Kai. Él le pasa la mano por el pelo como si fuese buena chica. Camina hasta su mesa y ella no lo sigue con la mirada. Es obediente y receptiva. Por años ha sido entrenada. Su satisfacción solo está en darle satisfacción a él. Kai, con su aura imponente, se acerca a su escritorio y toma algo de este. Rodea el cuello de ella con el collar n***o que acentúa su papel como amo. Ella no levanta la mirada, es más, lo acepta gustosa. Es tanto el dominio que tiene sobre ella, que al quitárselo se ha sentido mal. —Tú eres mi sumisa favorita, Elena. No te pondré en riesgo —le dice Kai y ella acepta esas palabras con gran emoción—. Ve a tu habitación y espera mis órdenes. —Enseguida, amo —contesta Elena antes de dirigirse al dormitorio que tiene sin mirarl

