11.

1640 Palabras
Las luces de la habitación se prenden y Anya ni se inmuta. Un despertador ruge en la habitación, despertándola. Dos hombres se ubican a los pies de la cama. No la atienden directamente. —El jefe la espera en el patio trasero para el entrenamiento matutino —ordenan—. Cinco minutos. «Las órdenes se cumplen, Agente Volkov» Ellos se marchan y Anya distribuye el tiempo entre el baño y vestirse. No se apresura, pero cumple con la orden. Uno de los hombres le señala el pasillo y ella se recoge el cabello en una coleta mientras camina. El clima está bastante fresco y ella guarda las manos en los bolsillos de su abrigo. El líder de los Volki Sibiri, el hombre que le provoca estados paralelos de fascinación y el repudio, la espera al final del camino. Hay mucho espacio aquí, mucho césped, pero es en lo que menos Anya se fija porque el ruso se encuentra con solo unos pantalones cayendo de su cintura. Está de espaldas y ella quiere atender el suelo, pero el hombre que yace adelante capta mucho su visión. Intenta detallar el gran lobo tatuado en su espalda, pero se queda a medio intento cuando Kai se gira de pronto con un cuchillo en la mano, lanzando el primer ataque a Anya. La pelinegra lo esquiva, pero no fue suficientemente buena para evadirla. Kai logra pasar el filo del cuchillo por su abrigo y si no le ha cortado ha sido porque no ha querido. ―El agresor te ataca con el cuchillo en un movimiento rápido y ascendente. Tu reacción debe ser rápida y precisa. Bloquea el brazo con el antebrazo, desviando el cuchillo hacia un lado ―explica Kai a Anya mientras explica el movimiento lentamente. Gira el cuchillo dejando la punta para él y el mango para Anya. ―Hazlo ―ordena. La pelinegra toma con rapidez el arma y procura encajarlo en la piel de Kai. Este realiza un movimiento de cuerpo que le hace perder el cuchillo. ―Más rápido. Debes ser más agresiva, de lo contrario lo quitarán de tu mano. Anya vuelve a intentar el movimiento más rápido, pero cuida no encajarlo de verdad en la piel de su contrincante. No sabe por qué pero no actúa como si delante tuviese a otra persona. ―No tengas miedo lastimarlo. Es una situación real, él no tendrá ninguna consideración contigo. Kai la corrige, ajustando su postura y su agarre. ―Ataca ahora con toda tu fuerza. Anya ejecuta el movimiento con más determinación, desviando el cuchillo con éxito. Los labios de Kai se mueven ligeramente en una casi invisible sonrisa. A Anya le golpea tal acto porque es lo único que ha mostrado Kai distinto a su postura fría. ―Hazlo de nuevo. Una y otra vez hasta que se convierta en instinto ―ordena Kai. Anya le pone más empeño a su tarea. No descansa hasta tener el control. Cada vez se mueve con más agilidad. Kai coloca las manos en el cuello de ella, sin rastros de tosquedad, frenando sus movimientos. ―Te has ganado un premio ―informa Kai pasando su mano por el cabello n***o de ella, acariciándola. Su postura no era la de un maestro que ha acabado de dar una lección, sino como un amo. Anya le mantiene la mirada y él desplaza su mano, magreando con su pulgar el labio inferior de ella. La apertura que desencadena en su boca tras el tacto permite que introduzca el pulgar en su boca. ―Chúpalo ―demanda él y Anya lo hace, y no por obligación, sino por gusto propio. Kai baja con su mano disponible la cremallera del abrigo de Anya. La pelinegra no está dominando su cuerpo, otra vez; el control lo tiene él. Levanta la blusa liberando sus tetas y saca de la boca el dedo húmedo para restregarlo en sus pezones. Anya mira tal acto y le es imposible no demostrar, mediante las expresiones de su rostro, que lo disfruta. Levanta la mirada encontrándose con los ojos de Kai que le atraen como un imán. Se quedan viéndose mientras la mano baja por su abdomen y se cuela bajo el elástico de la braga, rozando su pelvis y bajando un poco más… El móvil de Kai suena y él se separa para atenderlo. Viktor espera respuesta. —Todo está listo, Volk —informa su mano derecha. —Entendido. Guarda su móvil en el bolsillo y camina hacia la mansión como si no hubiese estado en tal posición con Anya, como si no tuviese importancia. La pelinegra le sigue con destreza y en vez de ir a su habitación, busca el frente. Se sube sin permiso al Mercedes y nadie es capaz de negarle. Varios hombres suben al vehículo y Kai es el último en abordarlo. Al sentarse se quita las gafas de sol, observando a la intrusa. —A partir de ahora gestionarás como segunda al mando todas las actividades de los Volki Sibiri —Anya recuerda al propio Kai sus palabras—. ¿Cuál es la misión de hoy? Kai no contesta, vuelve a colocarse las gafas y apoya su espalda en el espaldar, tomando ese aspecto despreocupado que le caracteriza. —Se ha verificado nuevamente la ruta —comenta Viktor extendiéndole el iPad a su jefe. Anya lo toma antes y revisa lo que se proyecta en pantalla. —La ruta que marcan tiene cinco puntos ciegos... —De cinco segundos —la interrumpe Viktor. —En cinco segundos pueden atacar por ese punto —alega Anya. La pelinegra teclea con una velocidad de vértigo. Analiza el mapa y marca una nueva ruta. Destaca las coordenadas exactas y revisa el período. Le entrega el iPad nuevamente a Viktor, dejando todo listo para su supervisión. Ella busca con la mirada a Kai y sin controlando lo observa por más tiempo del que debería. El ruso gira su rostro mirándola y ella no lo evita. Él puede tener el dominio, pero ella no podrá bajar la mirada. En el fondo, él tampoco quería ver a esa mujer vulnerable. Ambos sabían qué querían, pero no querían aceptarlo. El auto se detiene y Kai baja. Anya no recibe respuesta, también lo hace. El ruso toma la caja y avanza. Sus hombres se quedan custodiando desde ese punto y Viktor lo respalda con el Ipad. Anya se mueve hasta alcanzar a Kai, no atiende al líder, solo procura atender los detalles alrededor. Llegan al primer punto que sería ciego, si no es que Anya cambia la ruta. La hacker presta atención. El volar con rapidez de varios pájaros en dirección contraria a la de ellos, le distrae. Sigue andando, uno al lado del otro. «Ocho kilómetros», le informan a Kai. El líder de los Volki Sibiri venderá el ícono porque ve la oportunidad de obtener una gran ganancia, que no le pertenece a los Volki Sibiri, ni a la Bratva; le pertenece a él. Así como la mina de diamantes que lo considerará como el zar del inframundo ruso. Porque nadie conocía la historia como su padre. El ícono poseía dentro un mapa que aumentaba su valor. Kai no coloca a nadie por delante. El verdadero mapa lo tiene él. Pasan por otro punto ciego y esta vez no hay pájaros desbocados en vuelo, pero sí se escucha el andar de animales. Kai sigue caminando, pero Anya se detiene a mitad. No son animales ―piensa ella―. Iré a revisar. Conoce todo el perímetro, lo ha visto en el Ipad. Se mueve con agilidad para la ruta que ella ha negado la entrega. Los enemigos han tomado tal camino, descubriendo que ha habido un cambio de planes. Se coloca el gorro de su abrigo y corre prácticamente frente a ello en dirección paralela a Kai, pero con tres kilómetros de distancia de él. Un grupo de seis la sigue con ímpetu mientras los hombres de Kai solo se preocupan por la protección de su jefe. Descansan aún en el mismo sitio, pues solo se mantienen velando los pasos de Kai, quién ya se ha reunido con el grupo criminal Norik. El trámite se realiza con rapidez. Él echa un vistazo a la cantidad de billetes que contiene la maleta y el líder del grupo Norik verifica el ícono. No hay nada más que hablar, solo recordar próximas colaboraciones. El ruso se gira y no encuentra a Anya. Toma el camino de vuelta escuchando pasos pesados a lo lejos. Él ha estado aquí antes y el ajetreo de los animales puede ser común. Sin embargo, quiere asegurarse que la curiosidad de la pelinegra no le haya traído problemas. El ruido se percibe más cerca y los hombres de Kai al ver que cambia de ruta buscan seguirle los pasos. El ruso iba justo detrás de los hombres que persiguen a Anya. Kai se apresura en alcanzarlos y sus hombres llegan al instante. El líder entrega la maleta a Viktor y toma el arma. Sus hombres se preparan para disparar cuando Kai ya está repartiendo tiros. No se detiene, no merodea. Los hombres que seguían a Anya se giran para enfrentar a los hombres de Kai. Uno de ellos mantiene su propósito de cazar a Anya y Kai deja a sus hombres enfrentando a sus enemigos para continuar. Sigue disparando, rodeando a sus hombres, pasando del enfrentamiento mientras sus pies no se detienen. Un disparo lo hace detenerse, pero vuelve a tomar fuerza al ver la silueta del hombre. La pelinegra cae al suelo, el enemigo da tres pasos para acabar con lo que ha comenzado, pero se olvida que el cazador venía detrás. Kai llena el cuerpo del hombre a balazos y guarda el arma para acercarse a Anya, quién yacía en el suelo con un disparo en el hombro.
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