James Kim entró en la sala de conferencias de la firma de Elias Grant con la carpeta de pruebas bajo el brazo, el peso de los documentos sintiéndose más ligero que nunca. Eran las nueve de la mañana, y el sol entraba por las ventanas altas, iluminando la mesa larga rodeada de sillas de cuero. Elias ya estaba allí, con dos asistentes revisando copias de las grabaciones y facturas. Laura se unió minutos después, con su maletín y una expresión determinada, seguida de Niko, quien había insistido en venir como apoyo moral. Kleo llegó última, con el bolso cruzado y una carpeta propia: los detalles de acoso que había proporcionado para su demanda personal. James se levantó para saludarla, pero ella solo asintió, sentándose al otro lado de la mesa. El beso en el café y el sabotaje del auto habían

