Claudia descendió del avión en el aeropuerto internacional con una maleta pequeña y un sombrero ancho que ocultaba parte de su rostro. Había volado en un vuelo comercial bajo un nombre falso, pagando en efectivo para evitar rastros. Madrid se sentía lejos, pero el miedo a Richard no. Cuando James la había contactado de nuevo —esta vez por un canal encriptado que el investigador le había proporcionado—, ella había dudado. Pero las pruebas que él describía, combinadas con el rumor de que Richard aceleraba alianzas con Hale, la habían convencido. Necesitaba cerrar el ciclo, aunque significara exponerse. Tomó un taxi hacia un hotel discreto en las afueras de la ciudad, un lugar con habitaciones sin vistas y recepción anónima. James la esperaba en el lobby, con gafas de sol y una chaqueta senc

